16 de julio de 2018

Cristina Rivera Garza, Las feministas


Buenos Aires, junio 2018 / Fotografía de Alfonso Sierra



LAS FEMINISTAS

Pronunciaban la palabra. La escupían. La celebraban.
Corrían.

(Atrás de este vocablo debe 
oírse el pasar del viento.)

Hablaban a contrapelo. 
Interrumpiéndose. Ah, tan descaradamente. 
Vivían a la intemperie, que es el 
mismo lugar donde sentían. 
Supongo que así nacieron.
No sabían de refugios, de techos, 
de amparos, de patrocinios.
Estaban heridas de todo (y todo 
aquí quiere decir la historia, el aire, 
el presente, el subjuntivo, el contexto, la fuga).
Agnósticas más que ateas. 
Impactantes más que hermosas. 
Vulnerables más que endebles. Vivas 
más que tú. Más que yo. Estoicas 
más que fuertes. Dichosas más que 
dichas.
Intolerantes. Sí. A veces. 

¿Mencioné ya que eran brutales?
Caminaban en días de iracunda claridad como musas
de sí mismas
(eso ocurría sobre todo en el invierno cuando
los vientos del Santa Ana iban y venían
por los bulevares de Tijuana, arrastrando envolturas
de plástico y el polvo que obliga a cerrar los ojos
y negar la realidad)
a la orilla de todo, bamboleándose
eran la última gota que cuelga de la botella
(la mítica de la felicidad o la aún más mítica
que derrama el vaso o el sexo
impenetrable en la mismidad de su orificio)
y caían.

El colmo.
La epítome.
El acabose.

(Por debajo de estas frases debe olerse el tufo que deja
tras de sí el viento horizontal).

Supongo que sólo con el tiempo se volvieron así.

Con hombres o, a veces, sin ellos, besaban
labiodentalmente.
Y se mudaban de casa y se cambiaban los calcetines
y preparaban arroz.
Y bajaban las escaleras y tomaban taxis y no sentían
compasión.
Decían: Este es el viento que todo lo limpia.
Y pronunciaban la palabra. Enfáticas. Tenaces.
Prehumanas.

Tajantes. Sí. Con frecuencia.
Conmovedoras más que alucinadas. Sibilinas más
que conscientes. Subrepticias más que críticas.
Hipertextuales. Claridosas.

Estoy segura que ya mencioné que eran brutales.

Fumaban de manera inequívoca.
Cambiaban de página con la devoción y el cuidado
minimalista de las enamoradas.
Siempre andaban enamoradas.
En los días sequísimos del Santa Ana elevaban
los rostros y se dedicaban a ver (podían pasar horas
así) esas aves que, sobre sus cabezas, remontaban
lúcidamente el antagonismo del aire.

Y el Santa Ana (y aquí debe oírse una y otra vez
la palabra) (una y otra vez) despeinaba entonces
sus vastas cabelleras ariscas. Sus cruentas pestañas
(una y otra vez).




Cristina Rivera Garza
(Matamoros, Tamaulipas, México, 1964)
ESCRITORA/POETA/CATEDRÁTICA/HISTORIADORA
para leer más en: REVISTA EL HUMO
para leer una entrevista en: LA TEMPESTAD

15 de julio de 2018

Rupi Kaur, 6 poemas 6 (la ruptura)


s/d del autor de la fotografía



la mujer que viene después de mí será una versión
pirata de mí misma. lo intentará, y te escribirá poemas
para que borres aquellos que he dejado memorizados
en tus labios, pero sus versos nunca podrán golpearte
por dentro como lo hacían los míos. entonces,
intentará hacerle el amor a tu cuerpo. pero nunca va a 
lamerte, acariciarte o chuparte como yo. será una triste
sustitución de la mujer que dejaste ir. nada de lo que
haga te excitará y eso la romperá. cuando se canse de
romperse por un hombre que no le devuelve lo que ella
le da me reconocerá en tus párpados mirándola con pena
y lo entenderá. cómo puede amar a un hombre que está
ocupado queriendo a alguien a quien no puede volver a 
tocar. 






s/d del autor de la fotografía



no me fui porque
dejara de quererte
me fui porque cuanto más tiempo
me quedaba menos
me quería a mí misma





s/d del autor de la fotografía



aquel que venga después de ti
me recordará que el amor
ha de ser algo tierno

tendrá el sabor
de la poesía
que desearía poder escribir




s/d del autor de la fotografía




aquello
por lo que merece la pena esperar
no habría que dejarlo escapar







s/d del autor de la fotografía



cuando estés rota
porque te ha dejado
no te preguntes
si fuiste
suficiente
el problema fue
que fuiste tanto
que no fue capaz de soportarlo




s/d del autor de la fotografía


no sé qué es una vida equilibrada
cuando estoy triste
no lloro me vierto
cuando estoy feliz
no sonrío brillo
cuando estoy enfadada
no grito ardo

lo bueno de vivir en los extremos es
que cuando amo doy alas
pero quizá eso
no sea algo tan bueno porque
siempre tienden a irse
y deberías verme
cuando se me rompe el corazón
no me duele
me hago añicos





ph Laura Aziz
Rupi Kaur
(Panyab, India, 1992)
Reside en Toronto, Canadá
POETA/ILUSTRADORA/ACTRIZ
de otras maneras de usar la boca, Ediciones Espasa, 2017
Traducción y prólogo de Elvira Sastre
para leer MÁS
su WEB
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