La mujer escribe y eso es lo que importa










23 de enero de 2017

Anne Sexton, Zapatos rojos


Fotografía de Cig Harvey



ZAPATOS ROJOS

Me pongo en el círculo
en la ciudad muerta
y me ato los zapatos rojos

(...)

No son míos,
son de mi madre,
de su madre antes,
heredados como una reliquia
pero escondidos como cartas vergonzosas.

(...)

Todas esas chicas
que llevaban zapatos rojos
cogieron un tren que no pararía.

(...)

Se arrancaron las orejas como si fueran imperdibles.
Se les cayeron los brazos y se convirtieron en sombreros.
Sus cabezas rodaron y cantaron por la calle.
Y sus pies -Oh, Dios, sus pies en el mercado-
...los pies siguieron andando.
Los pies no pudieron parar.

(...)

No pudieron escuchar.
No pudieron parar.
Lo que hicieron fue la danza de la muerte.

Lo que hicieron acabaría con ellas.

(fragmentos extraídos de La loca del desván: la escritora y la imaginación literaria del siglo XIX
Ediciones Cátedra, Universitat de Valencia, Instituto de la mujer, 1984)
Traducción de Carmen Martínez Gimeno




THE RED SHOES

I stand in the ring
in the dead city
and tie on the red shoes.
Everything that was calm
is mine, the watch with an ant walking,
the toes, lined up like dogs,
the stove long before it boils toads,
the parlor, white in winter, long before flies,
the doe lying down on moss, long before the bullet.
I tie on the red shoes.

They are not mine.
They are my mother’s.
Her mother’s before.
Handed down like an heirloom
but hidden like shameful letters.
The house and the street where they belong
are hidden and all the women, too,
are hidden.

All those girls
who wore the red shoes,
each boarded a train that would not stop.
Stations flew by like suitors and would not stop.
They all danced like trout on the hook.
They were played with.
They tore off their ears like safety pins.

Their arms fell off them and became hats.
Their heads rolled off and sang down the street.
And their feet – oh God, their feet in the market place –
their feet, those two beetles, ran for the corner
and then danced forth as if they were proud.
Surely, people exclaimed,
surely they are mechanical. Otherwise…

But the feet went on.
The feet could not stop.
They were wound up like a cobra that sees you.
They were elastic pulling itself in two.
They were islands during an earthquake.
They were ships colliding and going down.
Never mind you and me.
They could not listen.
They could not stop.
What they did was the death dance.

What they did would do them in.

(de The Book of Folly, Boston, Houghton Mifflin, 1972 /
en The Complete Poems, Houghton Mifflin Co., New York, 1981)




Anne Sexton -Anne Gray Harvey-
(Massachussets, EE.UU., 1928-1974)
Premio Pulitzer de Poesía 1967
para leer más en: MATERIAL DE LECTURA DE LA UNAM
MÁS

21 de enero de 2017

María Zambrano, 2 fragmentos 2


Fotografía de Antonio Palmerini


Me voy a arriesgar para contar, para simplemente contar lo que quise ser. Primeramente quise ser una caja de música. Sin duda alguna me la habían regalado, y me pareció maravilloso que con sólo levantar la tapa se oyese la música; pero sin preguntarle a nadie ya me di cuenta que yo no podía ser una caja de música, porque esa música por mucho que a mí me gustara no era mi música, que yo tendría que ser una caja de música inédita, de mi música, de la música, de la música que mis pasos, mis acciones..., y yo era una niña que no tenía remordimientos y aun sin ellos temía, o sabía, que una caja de música no podía ser. Pregunté a mi padre quiénes eran los templarios. Recuerdo que me dijo que eran unos caballeros, y yo era una mujer. Y esto se me quedó en el alma gestando porque yo quería ser un caballero y quería no dejar de ser mujer, eso no; yo no quería rechazar, yo quería encontrar y ser fecunda.

¿Qué otra cosa quise ser? Pues quise ser centinela, porque cerca de mi casa se oía llamarse y responderse ‘Centinela alerta’, ‘Alerta está’. Y así yo quería ser un centinela de noche. Y entonces yo volvía a preguntar si las mujeres podían ser soldados solamente para ser centinela. Y mi padre que no, que no podía ser. Y así cuando me di cuenta que no podía ser de hecho nada, encontré el pensamiento, encontré lo que yo llamaba, lo sigo llamando la filosofía

[...]

Nietzsche dijo que el amor está más allá del bien y del mal. Y sabía también esto. Lo mismo sucede con aquello que se da por amor, como yo he dado todo, que está más allá del bien y del mal, de la responsabilidad y que yo lo acepto. He aceptado siempre la verdad, me lleve donde me lleve, me traiga lo que me traiga; entonces mi autobiografía, ¿cuál podría ser?; pues todo, todo aquello que he dado y también lo que he querido dar y no he podido. Una autobiografía al par positiva y negativa. Lo negativo es más fácil de decir que lo positivo.

(de A modo de autobiografía,  Anthropos Nº 70/71, Barcelona, 1987)



Fotografía de Antonio Palmerini




2. EL ESPEJO DE LA AURORA

En la noche más cerrada y oscura del firmamento que llamamos cielo, sin que se sepa el porqué, se transforma su lisa negrura en un espejo. Ni luna ni estrellas andan en ello, y no hay que preguntarse, en este caso, porqué esta noche, de alma también, y ante todo, es el espejo, el fondo de un espejo, de una vida, de vida y de ser; espejo ni tan siquiera velado, rasgado velo de la luz que no cesa. Y entonces palabra no hay; aunque fuera en el más hondo abismo de la tierra, en el más afligido corazón, se da el espejo de la luz que no cesa. Y como no permanece, mas ha de volver, es también la aurora allí en el polo, en el centro de la oscuridad y la mudez, del silencio, del olvido del no-ser.

Madrid, 1986
(en De la Aurora, Alción Editora, Córdoba, Argentina, 1999)




María Zambrano
(Vélez-Málaga, 1904 - Madrid, España, 1991)
ENSAYISTA/PENSADORA/FILÓSOFA
para leer MÁS

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...