19 de junio de 2018

Stella Díaz Varín, 4 poemas 4


The Company of Wolves, de Peter Strain


TRASLUZ

Que se me permita mirar por la ventana
Sólo el espinazo de la muerte
A tranco largo
Mirando fijamente
A mis ojos deslucidos

Veo la ausencia
Doblando por la esquina
La miserable luz
De los días empañados.
Muy de tarde en tarde

Algún aprendiz de hombre
Vestido de domingo.

En estas agonías neblinosas
Estoy mirando desde una ventana ajena
Tras la luz de este rincón desconocido
Desde esta ventana hacia ningún paisaje
Hueco sin distancias
Seca pupila donde no resplandece
ni el más leve trino.





The Snow Child, de Rebecca Sutherland



CUANDO LA RECIÉN DESPOSADA

Cuando la recién desposada 
desprovista de sinsabor 
es sometida a la sombra. 
Sí. A su sombra... 
Enciende la bujía y lee.

¡Ah! Entonces no es nada 
la venida del apocalipsis, 
los hijos anteriores enterrados 
y un hilo de sangre desprendido del techo. 
No es nada ya el océano y su barco 
ni la muerte que intuye la libélula 
ni la desesperanza del leproso.

Cuando la recién desposada: 
Ya no estaré tan sola desde hoy día. 
He abierto una ventana a la calle.

Miraré el cortejo de los vivos 
asomados a la muerte desde su infancia. 
Y escogeré el momento oportuno 
para enterrarla.





Company of Wolves, de Paula Calsen



BREVE HISTORIA DE MI VIDA

Comando soldados.
Y les he dicho acerca del peligro
de esconder las armas
bajo las ojeras.
Ellos no están de acuerdo.
Y como están todo el tiempo discutiendo
siempre traen perdida la batalla.

Uno ya no puede valerse de nadie.
Yo no puedo estar en todo;
para eso pago cada gota de sangre
que se derrama en el infierno.

En el invierno, debo dedicarme
a oxidar uno que otro sepulcro.
Y en primavera, construyo diques
destinados a los naufragios.

      Así es, en fin...
Las cuatro estaciones del año
no me contemplan, sino trabajando.

      Enhebro agujas
para que las viudas jóvenes
cierren los ojos de sus maridos,
y desperdicio minutos, atisbando
a la entrada de una flor de espliego
de una simple abeja,
para separarla en dos,
y verla desplazarse:
la cabeza hacia el sur
y el abdomen hacia la cordillera.

      Así es
como el día de Pascua de Resurrección
me encuentra fatigada,
y sin la sombra habitual
que nos hace tan humanos
al decir de la gente.





Ilustración de Cloudy Thurstag




ALBEDRÍO

Yo soy la vigilia, 
Ustedes 
Son los hombres castigados, 
Los labradores 
De gestos oblicuos 
Que al engendrar falsos surcos 
La semilla huyó despavorida.

Ahora respóndanme 
Con una mano enguantada 
A flor de corazón. 
Cuál es la fecha exacta 
Entre Aldebarán y Andrómeda. 
El día en que los cuervos 
Cosechen lo suyo 
Entre las más grandes estampidas 
De todos los tiempos. Amén.





Stella Díaz Varín
(La Serena, 1926 - Santiago, Chile, 2006) 
para leer una entrevista en: REVISTA PAULA
Ilustraciones extraídas de: LITERARY HUB
para leer más en: EL ESTABLO DE PEGASO
y MÁS

17 de junio de 2018

Louise Erdrich, Escuela de pupilos para indios: los fugitivos


ESCUELA DE PUPILOS PARA INDIOS: LOS FUGITIVOS


Casa es el lugar al que nos dirigimos cuando dormimos.
Los furgones que se bambolean hacia el norte en los sueños
no nos esperan. Nos subimos en marcha.
Las vías, viejas laceraciones que amamos,
atraviesan la cara, paralelas, y terminan
justo bajo Montaña Tortuga. Si uno va montado en cicatrices,
no se pierde. Casa es el lugar que cruzan.

El guardia rengo enciende un fósforo y hace menos tolerante
la oscuridad. Miramos a través de hendijas en las tablas
mientras la tierra empieza a rodar, a rodar hasta que duele
estar aquí, con frío, en ropa reglamentaria.

Sabemos que el comisario nos espera a mitad de camino
para llevarnos de vuelta. Su auto es cálido y mudo.
La autopista no se hamaca, zumba solamente
como un vuelo de insultos largos. Las marcas gastadas
de antiguos castigos llevan de ida y de vuelta.

Todos los fugitivos llevan vestidos, vestidos largos, verdes,
del color que uno creería que tiene la vergüenza. Fregamos
las veredas porque es un trabajo vergonzoso.

Nuestros cepillos cortan la piedra en arcos húmedos
y en lo empapado, tiemblan bosquejos claros débiles, por un 
momento, cosas que los chicos apretábamos contra la cara
oscura antes de que se endurecieran, pálidas, recordando
viejas heridas delicadas, las espinas de nombres y hojas.



INDIAN BOARDING SCHOOL: THE RUNAWAYS

Home’s the place we head for in our sleep.
Boxcars stumbling north in dreams
don’t wait for us. We catch them on the run.
The rails, old lacerations that we love,
shoot parallel across the face and break
just under Turtle Mountains. Riding scars
you can’t get lost. Home is the place they cross.

The lame guard strikes a match and makes the dark
less tolerant. We watch through cracks in boards
as the land starts rolling, rolling till it hurts
to be here, cold in regulation clothes.

We know the sheriff’s waiting at midrun
to take us back. His car is dumb and warm.
The highway doesn’t rock, it only hums
like a wing of long insults. The worn-down welts
of ancient punishments lead back and forth.

All runaways wear dresses, long green ones,
the color you would think shame was. We scrub
the sidewalks down because it's shameful work.

Our brushes cut the stone in watered arcs
and in the soak frail outlines shiver clear
a moment, things us kids pressed on the dark
face before it hardened, pale, remembering
delicate old injuries, the spines of names and leaves.

de Original Fire: Selected and New PoemsHarperCollins, New York, 2003





Louise Erdrich 
(Little Falls, Minnesota, 1954) 
Reside en en Minneapolis, Minnesota
Miembro registrada de la nación Anishinaabe 
(también conocida como Ojibwa y Chippewa) 
NOVELISTA/POETA/ESCRITORA PARA NIÑOS/LIBRERA
para leer más en: PETIT PALAIS DU VOCABULAIRE
web de su librería: BIRCHBARK BOOKS


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