La mujer escribe y eso es lo que importa










3 de abril de 2011

Carla Slek, 2 poemas 2


(*)



ÚLTIMO RECURSO

tres veces a la semana subo a una máquina
y pongo a correr el cuerpo siete kilómetros

en parte consigo mi propósito
lo canso
como a esos caballos
a los que sacan a galopar
a la carrera para que amansen

no llego a ninguna parte
me concentro
en responder a la velocidad de la cinta
que exige a los músculos el mayor esfuerzo
frente a mí
un enorme ojo de buey
deja ver
cuando encienden las luces
una pista de patinaje sobre hielo
dispuesta a un costado de la planta baja

podría ser una lago congelado
como el de la película en que jim carrey le da vida
a un pobre tipo que acepta
un feroz tratamiento
con tal de barrer de su mente los recuerdos

puedo imaginarlo

decidir cambiar la estrategia
abandonar la ejercitación aeróbica
recostarme en el centro del lago
y en la quietud de un invierno artificial
cerrar los ojos.



Tapa de DICCIONARIO Revista de Letras, Obra de León Ferrari, 
(poema - en braile- (*) Una despedida, poema de J. L. Borges sobre  foto de Man Ray)



(*) UNA DESPEDIDA

Tarde que socavó nuestro adiós.
Tarde acerada y deleitosa y monstruosa como un ángel oscuro.
Tarde cuando vivieron nuestros labios en la desnuda intimidad de los besos.
El tiempo inevitable se desbordaba sobre el abrazo inútil.
Prodigábamos pasión juntamente, no para nosotros sino para la soledad ya inmediata.
Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia.
Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra que ya el lucero alivia.
Como quien vuelve de un perdido prado yo volví de tu abrazo.
Como quien vuelve de un país de espadas yo volví de tus lágrimas.
Tarde que dura vívida como un sueño
entre las otras tardes.
Después yo fui alcanzando y rebasando
noches y singladuras. 

Una despedida, Jorge Luis Borges
de Luna de enfrente, 1925



Fotografía de B. Berenika


G de GANAS

Salgo a despedirte,
me demoro unos minutos mirando
la calle, los árboles, la quietud de un domingo a la mañana.
Los vecinos duermen.
Antes de entrar me detengo, como si hubiesen anunciado un terremoto,
en el marco de la puerta.
Puedo observar los objetos ocupando la planta baja.
No retienen nada, ni una vibración
de las vocales de tu nombre armándose en mi boca,
la ropa desparramada,
tu cuerpo desnudo, de espaldas,
bajo la luz de la habitación.
La perversidad de desear tan intensamente ese otro lado
y cuánto me provoca tu sexo, cuando te volteás.
Nada, no retienen nada,
ni siquiera mis ganas obscenas
de querer llegarte.
Cómo disponés de mi cuerpo, morosamente, lleno de ternura,
haciendo coincidir todas mis debilidades en tus movimientos.
Nada del centro que ocupamos. De lo que va quedando fuera de foco.
Del sonido de tu voz que, por un instante,
se desplaza más arriba
llevándose todo como una corriente:
una música imposible
que no puedo dejar de escuchar
como la forma de todas las cosas.





Carla Slek 
(La Falda, Córdoba, Argentina, 1971)
de Último RecursoEdiciones Recovecos, Córdoba, 2009




4 comentarios:

Malena dijo...

Me gusta, me gusta.
El primero me refleja.
Yo canto sobre la cinta: tanto correr pa' llegar a ningún lado. :)

Ro dijo...

Salgo al patio a tirar la cerveza.
La noche está estrellada;
entonces una herida, en su
/costado
me indica que amanece.
C Besoain

Anónimo dijo...

:(

emmagunst dijo...

Viajé toda la noche
para ir a verte.
Qué b... fuiste
al dejarme ir

=)

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