La mujer escribe y eso es lo que importa










26 de abril de 2011

Rosella Di Paolo, 2 poemas 2



Fotografía de Roxanne McCarter




LIMBO

Un día puse una piedra encima de tu nombre
y me dije: iré cantando hasta mi casa.
Y canté
como una loca sobre sus piernas fuertes
como río loco canté.
Hasta que el canto empezó a hacerse agüita rala
(ni para regar guisantes)
y entre paso y paso
se me fue perdiendo un pie.
No acierto a ver el tejado de mi casa ni el árbol
más alto
¿será que me dejé el corazón bajo la piedra?
¿mi tonto corazón junto a tu nombre?

Sé que ya no llegaré a mi casa.
Sé que tampoco puedo volver.


VIETATO

Cierro puertas
y ventanas
de mi casa
como un puño
en mitad
de la calle
mi casa cerrada
mi boca cerrada
nadie sabrá
que estuviste aquí
desordenando
los papeles de mi mesa
los dedos de mi mano
mi corazón
ya por fin cerrado.







Rosella Di Paolo 
(Lima, Perú, 1960)
de Tablillas de San Lázaro, Serie Ficciones Poesía,
Pontificia Universidad Católica del Perú, Fondo Editorial, 2001

5 comentarios:

Curiyú dijo...

Los poemas no tienen desperdicio, son exquisiteces. La casa y el corazón, el nombre y el corazón. El corazón bajo la piedra. Delicadezas de mujer (delicada, claro).

vera eikon dijo...

¡Qué lindos poemas Emma!!!Ay!...todos nos hemos dejado alguna vez el corazón-brújula(nuestra estrella del norte) junto al nombre de alguien...Y aunque se suele identificar al corazón con la parte animal y visceral del ser humano, cuando lo extraviamos en una de tantas emboscadas del amor, ya no hay raciocinio...simplemente nos convertimos en seres sin morada...
Un beso extraviado

Carmela dijo...

Son preciosos los dos poemas. "...ya no llegaré a mi casa......tampoco puedo volver". y una se queda en el limbo, extraviada y perdida.
Besos

Darío dijo...

Ninguna piedra puede clausurar el nombre de lo amado, como no se puede tapar el sol con las manos.

Paula Irupé Salmoiraghi dijo...

Bellísismos, gracias

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