La mujer escribe y eso es lo que importa










13 de octubre de 2011

Dorothy Parker, Una llamada telefónica


Fotografía de Erin Jane Nelson





POR FAVOR, Dios, hacé que me llame ahora. Querido Dios, hacé que llame ahora. No voy a pedirte nada más, de verdad que no. No es mucho lo que pido. Sería tan poquito para Vos, Dios, una cosita tan chiquita. Sólo hacé que me llame ahora. Por favor, Dios. Por favor, por favor, por favor.

Si no pensara en eso, tal vez el teléfono sonaría. A veces pasa. Si pudiera pensar en otra cosa. Si pudiera pensar en otra cosa. Seguro que si cuento quinientos de a cinco suena. Voy a contar despacio. No voy a hacer trampa. Y si suena cuando llego a trescientos, no voy a parar; no voy a atender hasta que llegue a quinientos. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta… Ay, por favor soná. Por favor.

Ésta es la última vez que miro el reloj. No voy a volver a mirarlo. Son las siete y diez. Dijo que iba a llamar a las cinco. “Te llamo a las cinco, querida.” Creo que fue ahí que dijo “querida”. Estoy casi segura de que fue ahí. Sé que me dijo “querida” dos veces, y la otra vez fue cuando dijo chau. “Chau, querida.” Estaba ocupado, no podía decir mucho en la oficina, pero me dijo “querida” dos veces. No puede haberle molestado que lo llamara. Ya sé que no tenés que andar llamándolos, ya sé que no les gusta. Cuando lo hacés, ellos saben que estás pensando en ellos, que los deseás, y eso los hace odiarte. Pero no había hablado con él en tres días, ¡tres días! Y lo único que hice fue preguntarle cómo andaba, lo mismo que hubiera hecho cualquier persona que llama. No pudo haberle molestado. No puede haber pensado que lo estaba molestando. “No, obvio que no”, dijo. Y dijo que me llamaba. No tenía por qué decirlo. Yo no se lo pedí, en serio. Estoy segura de que no. No creo que haya dicho que me iba a llamar para que después no llame. Por favor no lo dejes hacer eso, Dios. Por favor, no.

“Te llamo a las cinco, querida.” “Chau, querida.” Estaba ocupado, estaba apurado, había un montón de gente a su alrededor, pero me dijo “querida” dos veces. Eso es mío, mío. Tengo eso aunque no lo vea nunca más. Ay, pero es tan poquito. No es suficiente. Nada es suficiente si no lo vuelvo a ver. Por favor hacé que vuelva a verlo, Dios. Por favor, tengo tantas ganas de verlo.  Tantas ganas de verlo. Voy a ser buena, Dios. Voy a tratar de ser mejor, en serio, si me dejás verlo de nuevo. Si dejás que me llame ahora. Dios, hacé que me llame ahora.

Ay, no dejes que mi súplica te parezca demasiado poco, Dios. Estás ahí sentado, tan blanco y viejo, con todos esos ángeles alrededor y las estrellas deslizándose. Y vengo yo con mi súplica de una llamada telefónica. Ay, no te rías, Dios. Vos no sabés cómo se siente, ¿viste? Estás tan seguro, ahí en Tu trono, con el azul dando vueltas debajo de Vos. Nada puede tocarte, nadie puede retorcerte el corazón con sus manos. Esto es sufrir, Dios, esto es horrible, horrible sufrimiento. ¿No vas a ayudarme? Por Tu Hijo, ayudame. Vos dijiste que harías lo que sea si se pide en Tu nombre o en el Suyo. Ay, Dios, en el nombre de Tu único y amado Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, hacé que me llame ahora.

Tengo que parar. No puedo ser así. Mirá. Supongamos que un tipo dice que va a llamar a una chica, y entonces algo pasa y él no lo hace. No es tan terrible, ¿no? Está pasando en todo el mundo en este mismo instante. Ay, ¿qué me importa lo que está pasando el mundo? ¿Por qué no puede sonar ese teléfono? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿No podría sonar? Ay, por favor, ¿no podrías? Maldita, asquerosa cosa brillante. No te dolería sonar, ¿no? Ay, te dolería. Maldito, voy a arrancarte de tus inmundas raíces de la pared, voy a romper tu cara negra y arrogante en pedacitos. Maldito seas.

No, no, no. Tengo que parar. Tengo que pensar en otra cosa. Esto es lo que voy a hacer. Voy a poner el reloj en el otro cuarto. Así no lo puedo ver. Si realmente quiero mirarlo, tendré que caminar hasta el cuarto, y eso ya va a ser estar haciendo algo. Tal vez, antes de que lo mire de nuevo, él me llame. Voy a ser tan dulce si me llama. Si dice que no puede verme esta noche, voy a decir: “No importa, querido. ¡No hay problema!” Voy a ser como fui con él la primera vez. Tal vez así le guste de vuelta. Al principio era dulce todo el tiempo. Ay, es tan fácil ser dulce antes de enamorarte.

Yo creo que él todavía debe gustar de mí un poquito. No me hubiera dicho “querida” dos veces hoy si no gustara de mí un poquito todavía. Entonces no terminó todo, si todavía gusta de mí aunque sea un poquito, un poquitito. Mirá, Dios, si hacés que me llame, no tendría que hacerte todas estas preguntas. Sería dulce con él, alegre, como era antes, y él me querría otra vez. Y entones no tendría que pedirte nada más. ¿Ves, Dios? Así que por favor hacé que me llame ahora, ¿sí? Por favor, por favor, ¡por favor!

¿Estás castigándome, Dios, porque fui mala? ¿Estás enojado conmigo porque hice eso? Ay, pero, Dios, hay tanta gente mala. No podrías ser así de duro sólo conmigo. Y no fue tan malo, podría haber sido peor. No lastimamos a nadie, Dios. Las cosas son malas cuando uno hace daño. Nosotros no lastimamos a nadie, Vos lo sabés. Vos sabés que no fue tan malo, ¿no, Dios? ¿Y entonces por qué no dejás que me llame ahora?

Si no me llama, entonces voy a saber que Dios está enojado conmigo. Voy a contar quinientos de cinco en cinco, y si entonces no me llama voy a saber que Dios no me va a ayudar nunca más. Ésa va a ser la señal. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta, cincuenta y cinco… Estuvo mal. Yo sabía que estaba mal. Está bien, Dios, mandame al infierno. Pensás que me estás asustando con Tu infierno, ¿no? Eso pensás. Tu infierno es peor que el mío.

No puedo. No puedo hacer esto.  Supongamos que está un poquito atrasado con la llamada, no es para ponerse histérica. Tal vez no llame, tal vez está viniendo directo para acá sin llamar. Se va a enojar si ve que estuve llorando. No les gusta que llores. Él no llora. Le pediría a Dios que me permita hacerlo llorar. Me encantaría hacerlo llorar y patalear y que sienta su corazón grande y pesado inflamándose por dentro. Me encantaría lastimarlo con todas mis fuerzas.
En cambio él no quiere hacerme lo mismo a mí. No creo que sepa siquiera lo que me hace sentir. Ojalá supiera, sin que yo se lo dijera. No les gusta que les digas que te hicieron llorar. No les gusta que les digas que sos infeliz por su culpa. Si lo hacés, piensan que sos posesiva y demandante. Y te odian. Te odian apenas decís lo que realmente pensás. Siempre tenés que andar con jueguitos. Ay, yo pensaba que no, yo creía que esto era tan grande que iba a poder decir lo que quería. Supongo que nunca podés. Supongo que no hay nada tan grande como para eso. Ellos odian a la gente triste. Yo sería tan dulce y alegre, y entonces no podría evitar gustar de mí. Si sólo me llamara. Si sólo me llamara.

Tal vez es eso lo que está haciendo. Tal vez está viniendo para acá sin llamar. Tal vez ya está en camino. Algo pudo haberle pasado. No, nada pudo haberle pasado. No puedo imaginarme que le pase nada. Nunca me lo imagino atropellado. Nunca me lo imagino acostado, largo y quieto y muerto. Ojalá estuviera muerto. Es un deseo terrible. Un deseo encantador. Si estuviera muerto, sería mío. Si estuviera muerto, no pensaría en este momento ni en las últimas semanas. Sólo me acordaría de las cosas lindas. Todo sería hermoso. Ojalá estuviera muerto. Ojalá estuviera muerto, muerto, muerto.

Esto es tonto. Esto de andar deseando que la gente se muera sólo porque no llaman al minuto que dijeron que iban a hacerlo. Tal vez el reloj está adelantado, no sé si anda bien. Tal vez ni siquiera es tarde. Cualquier cosa pudo haberlo hecho retrasarse un poquito. Quizá tuvo que quedarse más tiempo en la oficina. Quizá se fue a su casa, para llamarme desde allá, y alguien llegó. No le gusta llamarme delante de la gente. Quizá está preocupado, sólo un poquito, un poquito, por hacerme esperar. Quizá incluso espera que yo lo llame. Y lo haría. Yo lo llamaría.

No debo. No debo, no debo. Ay, Dios, por favor no me dejes llamarlo. Por favor impedime hacer eso. Ya sé, Dios, tan bien como Vos sabés, que si estuviera preocupado por mí, me llamaría sin importar dónde está ni con cuánta gente. Por favor, Dios, haceme entender eso. No te pido que me lo hagas fácil, eso no podés hacerlo aunque sepas crear un mundo. Sólo hacémelo entender. No me hagas seguir esperando. No me dejes decirme palabras de consuelo. No me dejes tener esperanza, Dios. No me dejes.

No voy a llamarlo. Nunca más en mi vida voy a llamarlo. Puede pudrirse en el infierno que no lo voy a llamar. No tenés que darme fuerzas, Dios, yo tengo fuerza. Si él me quisiera, me buscaría. Él sabe dónde estoy. Sabe que estoy acá esperando. Está tan seguro de mí, tan seguro. Me pregunto por qué te odian apenas se sienten seguros de vos. A mí me parece que debe ser tan dulce sentirse seguro.


Sería tan fácil llamarlo. Y así lo sabría. Tal vez no sea algo tonto. Tal vez no le molestaría. Tal vez trató de llamarme. A veces la gente trata y trata de llamarte por teléfono y el número no contesta. No estoy diciendo esto para consolarme, realmente, son cosas que pasan. Alejame. Dejame tener todavía un poquitito de orgullo. Creo que voy a necesitarlo, Dios. Creo que realmente lo voy a necesitar.

Ay, ¿qué me importa el orgullo si no puedo soportar no hablar con él? El orgullo parece algo tan tonto, tan mezquino. El verdadero orgullo, el gran orgullo, es no tener orgullo. No digo esto sólo porque quiero llamarlo. No. En serio, ya sé que ésa es la verdad. Voy a ser grande. Voy a estar más allá de los pequeños orgullos.

Por favor, Dios, no me permitas llamarlo. Por favor, Dios.

No veo qué tiene que esto ver con el orgullo. Esto una cosita tan chiquita para estar trayendo el orgullo a colación, para hacer tanto alboroto. Tal vez entendí mal. Tal vez dijo que lo llame yo a las cinco. “Llamame a las cinco, querida.” Podría haber dicho eso perfectamente. Es muy posible que no haya escuchado bien. “Llamame a las cinco, querida.” Estoy casi segura de que eso fue lo que me dijo. Dios, no me dejes mentirme así. Haceme entender, por favor haceme entender.

Voy a pensar en otra cosa. Voy a sentarme callada. Tranquila. Si pudiera quedarme tranquila. Podría leer algo. Ay, todos los libros son de personas que se aman, sincera y dulcemente. ¿Para qué quieren escribir eso? ¿No ven que es mentira? ¿No saben que es una mentira, una maldita mentira? ¿Para qué tienen que andar diciendo todo eso si saben que duele? Malditos, malditos, malditos.

No. Voy a quedarme tranquila. Esto no es nada como para ponerse así. Mirá. Supongamos que es alguien que no conozco muy bien. Supongamos que él es otra chica. Entonces la llamaría y le diría: “pero, por Dios, ¿qué es lo que te pasó?” Eso es lo que haría, y ni siquiera lo pensaría. ¿Por qué no puedo ser natural sólo porque lo amo? Puedo serlo. Realmente, puedo. Voy a llamarlo, va a ser fácil y agradable. Vas a ver si no puedo, Dios. Ay, no me dejes llamarlo. No, no, no.

Dios, ¿realmente no me vas a dejar llamarlo? ¿Estás seguro, Dios? ¿No podrías ceder? ¿No podrías? Ni siquiera te pido que hagas que me llame ahora, Dios; sólo dejá que lo haga en un ratito. Voy a contar hasta quinientos de cinco en cinco. Voy a hacerlo lento y parejo. Si entonces no llama, lo llamo yo. Lo llamo. Ay, por favor, Dios, querido y dulce Dios, mi bendito Dios de las alturas, hacé que llame antes. Por favor, Dios. Por favor.

Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco…

(1928)



Dorothy Parker 
(New Jersey, EE.UU., 1893-1967)
Traducción de Gabriela Bejerman
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18 comentarios:

una chica de ojos marrones dijo...

de todos sus relatos, este siempre me ha fascinando...
me ha encantado releerlo en tu blog...
besos!!

:Isza: dijo...

Me mori de ternura...
A quien no le ha pasado?.
No importa el idioma, la cultura o el lugar del mundo; todas terminamos "hablando el mismo idioma" mirando el reloj, rogando que llame y contando hasta quinientos, una y mil veces!

Me encantó!
Beso grande!! =)

marcela dijo...

Dorothy Parker, la mujer que sabía la soledad de las parejas, sus libros los tengo de cabecera, cuando me burro de alguna posmoderna, la releo y me quedo reconciliada e inquieta.
Si la literatura no me inquieta no me hace pensar...
besos
Hay veces que mis comentarios no salen.
Un abrazo

Maia Blank dijo...

Uia, pensar que una era así. Qué vieja estoy y cómo no extraño esa sensación. Es bueno envejecer en algunos aspectos.
Impecable la foto para esta entrada. Y me da mucha ternura este escrito "adolescente".

Aka dijo...

Lindo relato, pero me sumo a la opinión de Maia que envejecer tiene algunos aspectos buenos, y dejo de contar a mitad.

Felicidades a los amantes de la poesía, por el premio a la poeta Fina García Marruz del Premio García Lorca!!

http://www.elpais.com/articulo/cultura/poetisa/cubana/Fina/Garcia/Marruz/ganadora/VIII/Premio/Garcia/Lorca/elpepucul/20111013elpepucul_3/Tes

besos

Anónimo dijo...

Si, logico! Desde hace bastante tiempo deje de mendigar afecto. Un dia me visualice patetica y me parecio una imagen triste. Ahora me pase al otro extremo. Ni siquiera atiendo las llamadas...hoy, si espero una llamada mas de un par de horas... Lo mando a la @@@??? que lo ++"""

Anónimo dijo...

Ah! Soy yo Emma!

Maia Blank dijo...

No hacía falta la aclaración =)

Anónimo dijo...

Jijijijijiji...(Diria India!!!)

axis dijo...

Bueno sí, hasta hace tiempo atrás fué de esta manera para mí, todas estas conjeturas tan afines, todos los planteamientos y autorespuestas. Falta comprender algunas cosas para comenzar a cambiar, igual yo era algo más impulsiva, me hacía todo este planteo y luego decía; má sí! lo llamo y listo, si pierdo, pierdo (aunque no quería el efecto huida, obvio). Igual todavía me falta, es un arduo trabajo, no manejo muy bien el tema del orgullo todavía y hay cosas que no entiendo. Me embola. Pero lo cierto es que también creo que dejé de mendigar cariño, lo hice por muchos años.

Hay una peliculita muy simple pero muy didáctica (?) que se llama, "simplemente no te quiere" en donde se reflejan este tipo de situaciones. Es graciosa, y al mismo tiempo te ilumina cuando estás muy perdida.

Besos!!!

extensa, no?

El Joven llamado Cuervo dijo...

Foto de mí?

Leonel Licea dijo...

No sé si es este ;), pero sé que Sì, que me gusta, que no obstante el tiempo, sigue siendo actual que ese modo de contarlo llega eficazmente y al final hace que yo cuente con ella, lento, despacito, para que reciba esa llamada.
Un abrazo, Emma.

Leo

Noelia Palma dijo...

Ay
es real
no sé qué agregar porque esto es real...
qué desesperante

Lila Biscia dijo...

ay, emma! entre el otro día con la Theron y hoy con Dorothy, me vas a matar!

Para mí Dorothy es una gurú de las letras y del pensamiento femenino. Es bestial, es salvaje, es honesta y sin miedos, sin mediaciones... una brillantez absoluta.
Cada vez que la leo, me estremece. Y este texto, qué decirte? dioooooooos no me hagas esto siempre!!! jaja

besos

Lila Biscia dijo...

*thenon

desnudamentehumana dijo...

que dolorosa es esa escisión entre la palabra y el acto, te llama querida y desaparece, das y esperas y recibis sólo recortes. ay ay qué doloroso...y taaaan bien escrito con esos tiempos eternos en los que vas y venis para volver a ir y dudas hasta de vos misma...
un beso

tina dijo...

ay Dios...como lo estoy viviendo ahora.

Ana Muela Sopeña dijo...

Emma:
Sensacional, yo nunca he esperado.

Si no me llamaba en el momento exacto pasaba en unas horas o en unos días. Así siempre me ha ido muy bien. Pero el poema es genial, realmente genial...

Abrazos
Ana

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