La mujer escribe y eso es lo que importa










8 de febrero de 2012

Elena Anníbali, Los albañiles me gustan

Leszek Kowalski



LOS ALBAÑILES ME GUSTAN

llegan en bandada, un día,
al terreno baldío, al gran hueco,
con su música de cuarteto
en las radios
llegan gritando, llegan
puteando al trompa,
codiciándole la mujer que nunca vieron,
llegan para lastimarse,
para caerse de los andamios,
para romperse la médula jugando
a los angelitos,
llegan para ponerle el hombro
al asunto

y el asunto es acarrear tierra,
arena, agua, cemento,
el asunto,
lo que los cogotudos de la zona
dirían business, es
hacerlo 8, 10, 12 horas seguidas,
con el sol bravo de la siesta,
hacerlo, con el viento sur
del invierno,
hacerlo cansados, poner
ladrillo sobre ladrillo,
sin llorar histéricos por ninguna
cuestión metafísica, porque el tiempo
que les sobra del día
-y siempre son miguitas-
hay que usarlo
para comer,
para bañarse,
para hacerle el amor a la mujer y mirar
cómo crecen los hijos

me gustan, los albañiles,
me gustan
porque todavía tienen tiempo
de gritarnos obscenidades a las mujeres,
de sonreírnos en la vía pública,
de hacernos saber que nos ven,
que nos escuchan el taconeo,
que se fijaron
en el brillo del pelo

me gustan porque cuando se van,
donde había un vacío,
de pronto hay una casa,
una casa armoniosa y a prueba
de tormentas,
es justo recordar de quién fueron las manos,
es justo

(inédito)





Elena Anníbali 
(Oncativo, Córdoba, Argentina, 1978)
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16 comentarios:

el maquinista ciego dijo...

Qué bueno Emma! Reconozco que, aunque me deleite con cuestiones metafísicas y me guste que me enreden con juegos de palabras y torturas filosóficas que no alcanzo a desentrañar, me provoca un placer inmenso que me cuenten dulcemente la vida cotidiana, la de a pie, esa que merece que agradezcamos a quien provoca el continuo girar del mundo.
La construcción. Un tema que me apasiona y me atormenta, lo primero por la belleza a la que persigue y pretende enjaular con sus barrotes de geometría, ángulos, curvas y esquinas; y lo segundo por el dolor y sufrimiento tan grande que ha provocado a lo largo de los siglos (qué manos fueron obligadas a destrozarse construyendo pirámides, catedrales, qué cuerpos se han despeñado sobre la nada bajo futuros puentes a miles de metros de altura...)
(un secreto: a puntito estuve de ser arquitecto en lugar de maquinista... ;))

"...es justo recordar de quién fueron las manos...". Me llevo este verso!!

Un abrazo, Emma (que no siempre dejo huella, pero siempre paso ;))

Halcón peregrino dijo...

Que buena forma de ver las cosas.
A propósito, siempre lo digo, los piroperos de oficio son los albañiles, cuando una mujer ande deprimida lo que tiene es que pasarse frente a una construcción.

abrazo.

Desclasado dijo...

Observo que las obscenidades que los albañiles dicen a las mujeres son universales, o por lo menos del ámbito hispano.
Pues a mí no me gustan. El oficio, como todos, será muy digno, pero esa costumbre de decir guarradas a grito pelado, de siempre me repugno. Cuando de niño iba con mi madre y le soltaban esas cosas, los quería matar, pero era muy pequeño y mi madre no me dejaba. No sé, les tengo manía...
Aquí, en España, lo más fino que sueltan es:
¡¡¡QUE TE COMO EL COÑOOOOOOOOOOO!!!
Pura poesía...
Besos.

EMMAGUNST dijo...

No siempre dicen guarradas Descla, pero por favor que sos extremista hermano!!!

Amanecer Nocturno dijo...

Jamás me había planteado la vida de un albañil de esta forma, qué gran poema.

Un saludo.

EMMAGUNST dijo...

Maquinista, usted es arquitecta de palabras. Un abrazo

EMMAGUNST dijo...

Si Halcón, es una perspectiva diferente. Siempre que los veo pienso que ellos realmente trabajan, ponen "el lomo" como quien dice. De sol a sol, no sólo se les paga mal, sino que parecen invisibles para la mayoría de nosotros. Y Elena los poetizó con justicia. Beso

EMMAGUNST dijo...

...y los ajustició con un poema...

EMMAGUNST dijo...

Saludos Amanecer Nocturno. Un gusto para mí.

Blue dijo...

El poema es original y me gusta mucho como está escrito.
Sobre los albañiles..los tiempos cambiaron, pero cuando de adolescente tenía que pasar por delante de una obra sudaba frío de pánico. Era imposible que no dijeran algo. Les daba igual que fueras niña o mujer, pero siempre tenían que decir algo.
La verdad es que ahora están callados y es un alivio, ja, ja.
No descarto tampoco que, llegada cierta edad, incluso necesite que digan algo, aunque sea guarro, ja, ja.
Besos.

ana maría parente dijo...

Como se ve que esta poetisa ha escrito luego de la crisis.
Antes era más bello sentirse halagada por esta gente ,pero oler a su vez ese aroma de asadito tentador que comían en su mediodía.

axis dijo...

A mí me encantan!!! No sólo por la cuestión de los piropos (que debo admitir antes eran al por mayor, pero eso ya no depende del albañil! jajaj). No sé, siento como una admiración por ellos, eso de construir... me alucina. Que con sus manos de la nada hagan algo tan inmenso como un lugar ya sea pequeño o no, parece mágico.

Me gusta que los halla homenajeado tan lindo!!!

Beso.

Noelia Palma dijo...

no, esto es lo mejor que leí en el día, sin contar a Ana Becciu, pero pffff
gracias

Ana Muela Sopeña dijo...

Muy buen poema, Emma.

Realmente espectacular el poder poetizar una vida tan sencilla. De pronto todo lo ves diferente.

Sobre los piropos...los hay que dice cosas agradables y los hay que sólo dicen guarradas.

Un abrazo
Ana

Mariela Laudecina dijo...

Un poema para darle un abrazo a Elena. Impecable.

Hugo Luna dijo...

un gusto visitar tu blog... siempre con bondades para el alma... o cómo se llame esa zona de sentires. gracias.

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