La mujer escribe y eso es lo que importa










30 de marzo de 2012

Ricardo Zelarayán, Quince minutos después


Fotografía: Francois Truffaut y Julie Christie  "Farenheit 451"

                                                                   A Celia, siempre


Estaba ordenando las cosas para salir...

Y mientras ordenaba mis cosas
veía al lobo,
al lobo que fui
y no sé si al lobo que seré...

La palabra "cinzas",
una palabra en una canción de Wilson Simonal,
me atrae...

Una palabra que no puede traducirse como cenizas, en castellano.
Una palabra que resplandece como los ojos de los gatos en la oscuridad.
O los faros de los coches en la ruta pavimentada,
cuando la noche se hace madrugada
entre Córdoba y Villa María.

Salí de mi casa para verte,
con todas esas cosas en la cabeza...
lobo aullando junto a la "cinza" resplandeciente...
ojos de gato en la oscuridad,
faros de coches sonámbulos que se acercan y se alejan de Córdoba.

Y llegué quince minutos después...

No quisiste hablar.
"Ya se me va a pasar", dijiste.
Y durante un tiempo largo nos miramos en silencio.
El plato vacío,
el tuyo y el mío,
eran más blancos que nunca.
Y después vino el pedido.

¡A llenar el plato!
¡Tu plato y el mío!
Y empezaste a hablar...
¡Y hablamos!


Después de comer, un paseo.
El sol no estaba...
pero en ese momento, ¿qué importancia tenía?
Yo me sentía un inmenso pancito de azúcar
rodeado de árboles muy verdes.
Los trenes que pasaban a lo lejos
eran un poco tus caricias tímidas,
tus miradas.

Un perro trataba de jugar al fútbol
con dos chicos.
Un avioncito con motor giraba y giraba.
El paseo, el descanso, era un vuelo.
Y después el cine.
Un cine de domingo nublado.
Un cine de madera blanca,
donde la película, buena y todo,
al fin y al cabo,
fue lo de menos.
Después salimos.
Nos bastaban apenas
unas pocas palabras.

Y después...

Después siempre.

Pero yo recuerdo.




Ricardo Zelarayán 
(Paraná, Entre Ríos, Argentina, 1922-2010)
en Poesía argentina para el siglo XXI
(Argentine Poetry for the XXist Century) 
de Andrew Graham - Yooll con Daniel Samoilovich, 
Ediciones Continente, 2011                         

5 comentarios:

Noelia Palma dijo...

Y después...
Después siempre.
Pero yo recuerdo.

me queda titilando eso...

(no sé si se quedó mi comentario anterior, blogger me da error)

Pájaro tranquilo dijo...

Me encantó

La sonrisa de Hiperión dijo...

Encantador blog el tuyo, un placer haberme pasado por tu espacio.

Saludos y buen fin de semana.

:Isza: dijo...

Me gusto mucho. Interprete un final abierto, en el que cada uno se imagine lo que mas le guste...

Besos!

El Joven llamado Cuervo dijo...

Hermoso, querida. Qué fantástico rescate mesopotámico...

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