La mujer escribe y eso es lo que importa










25 de julio de 2012

Julieta Lerman, París intramuros

Fotografía de Luc Viatour 



No es necesario estar en París
para estar en París me quedé
en esa silla del aeropuerto abrazándote
caminando o sentada en alguna parte, caminaba tanto
corría siempre el último metro ahora se me escapa
encima de mí el mapa doblado
y desplegado mil veces, no alcanzo
a tomar con mis manos y a guardarlo
en un bolsillo de la mochila.
Tengo en los ojos puentes ríos calles recorridos
superpuestos palabras y tu mueca triste, oigo una música
un agua que desborda no puede aquietarse
en un recorte de tiempo y de equis
kilómetros cuadrados.
Me llevé todo lo que dejé y cada cosa
desprendida de mí suelta
caminando por ahí todavía
andándome de no sé qué modo mudo
entrecortado me llevé tus manos y ciudades
dentro de ciudades
y las manos de otros
dentro de mis manos, las calles
caminaban delante mío
deslizadas a historias posibles,
lenguas
las veo vagar sonámbulas, me hablan en sueños
como una vida antigua despertando
en todo lo parisino.
Llegué y me senté en la cama
miré las paredes, la ventana
la habitación 59, los ruidos
nuevos, los idiomas,
el árabe de las bananas, tomar el tren
el laberinto Châtelet, las combinaciones,
el olor a cebolla de la línea 13,
las negras con sus turbantes sus vestidos
sus bolsas y sus hijos,
los modos franceses, las palabras obligadas
todo estaba ahí
no hizo falta acomodar nada:
éramos todos extranjeros parisinos.

Me preguntaban si era italiana
o española, se jugaban
me encantaba decir argentina
y que no tuvieran idea
de dónde venía.
Ahora, cuando digo que vengo de París,
todos saben lo que digo pero no
no saben nada
cada uno se hace su París y Buenos Aires me hizo a mí
de una manera que yo también
me pregunto de dónde vengo

creímos que un minuto podía
ser suficiente, una mano
sobre un brazo, no se nos ocurrió
que estaba terminado
Claude Esteban


Nosotros
no tuvimos tiempo para nada
estaba escrito en alguna parte
de ese poema que tanto leímos
hablaba de nosotros
pero cada vez decíamos no, no está terminado
no todavía pas encore
lo decíamos así, c’est pas fini
y dejábamos la puerta abierta
que se fue
cerrando
de a poco en realidad de golpe
me quedé sin llave
del lado de adentro
o de afuera, no sé
vagando entre líneas
y respiraciones de un poema
traspapelado

No escribí poemas
se escribían solos mientras caminaba
por el Sena, Saint-Michel, el puente de Mirabeau
donde se mató Celan era mi puente
al río
quizás yo también me moría
había que zambullirse
en el poema caminaba
una página interminable de nombres en francés
que abro cada noche abro
traduzco al español

Debajo del murmullo
que nos rodeaba nuestra charla
en español
siempre era íntima
Volver es
querer llamarte y que en Francia sean las cinco
de la mañana me tomo el 24
en Corrientes me bajo
en una esquina de Saint-Germain acá
en otro lado afuera
de las rutinas de los mundos del
día-a-día Buenos Aires

Cuando llego ordeno la ropa
apilo los libros las postales mis cositas
en el placard provisorio es
como seguir de viaje.
Pero después pasan los días las semanas
y todo está en el mismo lugar
todo
yo tampoco puedo moverme
el ruido de la ducha me moja
la herida de cuando nos bañábamos juntos

Qué poca cosa ahora el español
es moneda corriente, gastadas
las palabras son de todos las palabras
o soy yo la de las formas vacías
qué trabajo dar con lo que quiero decir
más honesto es hablar en otro idioma a veces
que en la propia lengua
habla sola
dice por mí
aprendió a hablar antes que yo





Julieta Lerman 
(Buenos Aires, Argentina, 1980)
POETA/TRADUCTORA/LIC. EN LETRAS
de París intramuros, Editorial El Surí Porfiado, 2008
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4 comentarios:

Juan Antonio dijo...

Emma... gracias.

EMMAGUNST dijo...

De nada Juan Antonio...(eso quiere decir que te ha gustado, imagino...)
Abrazo

Leo Mercado dijo...

Me encantó la honestidad de estos poemas.
Abrazos, M.

Gonzalo dijo...

Y sí, en esos poemas se describe la verdadera sensación de paz que uno siente en ciertas situaciones. Los animales, sí, seguro son seres que nos proporcionan una tranquilidad increíble. Cuando yo voy al zoológico de Lujan por ejemplo, me siento muy calma cuando me pongo a ver un animalito porque es como que me conecto con ellos a un nivel superior. Por eso me encanta ir a verlos. Es una actividad muy placentera para mí!

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