La mujer escribe y eso es lo que importa










3 de agosto de 2012

Carolyn Forché, El Coronel


Fotografía de Teresa Queirós


EL CORONEL

Lo que has oído es verdad. Estuve en su casa. Su mujer llevaba
una bandeja con café y azúcar. Su hija se limaba las uñas, su
hijo salió esa noche. Había periódicos, perritos, una pistola
sobre el cojín a su lado. La luna se mecía desnuda con su
cuerda negra encima de la casa. En la televisión daban un
programa policíaco. Era en inglés. Había botellas rotas
empotradas en la cerca que rodeaba la casa para arrancar las
rodilleras de un hombre o cortar sus manos en pedazos. En
las ventanas, rejas como las de las tiendas de licores. Cenamos
cordero a la parrilla, un buen vino; una campanilla de oro estaba
sobre la mesa para llamar a la criada. Ella nos trajo mangos
verdes, sal, un pan especial. Me preguntaron si me gustaba el
país. Hubo un breve anuncio en español. Su mejor se lo llevó
todo. Luego se habló sobre lo difícil que ahora resultaba
gobernar. El loro dijo "hola" en la terraza. El coronel le dijo
que se callara, y se levantó pesadamente de la mesa. Mi amigo
me dijo con sus ojos: no digas nada. El coronel volvió con
una bolsa de las que se usan para traer comestibles a casa.
Esparció muchas orejas humanas sobre la mesa. Eran como
orejones dulces partidos en dos. No hay otra manera de decirlo.
Cogió una en sus manos, la sacudió en nuestra presencia, y la
dejó caer en un vaso de agua. Allí revivió. Estoy hasta las
narices de tonterías, dijo. En cuanto a los derechos humanos,
dile a tu gente que se joda. Con su brazo tiró todas las orejas
al suelo y levantó en el aire el resto de su vino. Algo para tu
poesía, ¿no?, me dijo. Algunas orejas del suelo recogieron este
retazo de su voz. Algunas orejas del suelo fueron aplastadas
contra la tierra.


Mayo 1978



THE COLONEL

WHAT YOU HAVE HEARD is true. I was in his house. His wife carried 
a tray of coffee and sugar. His daughter filed her nails, his son went   
out for the night. There were daily papers, pet dogs, a pistol on the 
cushion beside him. The moon swung bare on its black cord over 
the house. On the television was a cop show. It was in English. 
Broken bottles were embedded in the walls around the house to 
scoop the kneecaps from a man's legs or cut his hands to lace. On 
the windows there were gratings like those in liquor stores. We had 
dinner, rack of lamb, good wine, a gold bell was on the table for 
calling the maid. The maid brought green mangoes, salt, a type of 
bread. I was asked how I enjoyed the country. There was a brief 
commercial in Spanish. His wife took everything away. There was 
some talk then of how difficult it had become to govern. The parrot 
said hello on the terrace. The colonel told it to shut up, and pushed 
himself from the table. My friend said to me with his eyes: say 
nothing. The colonel returned with a sack used to bring groceries 
home. He spilled many human ears on the table. They were like 
dried peach halves. There is no other way to say this. He took one 
of them in his hands, shook it in our faces, dropped it into a water 
glass. It came alive there. I am tired of fooling around he said. As 
for the rights of anyone, tell your people they can go fuck them- 
selves. He swept the ears to the floor with his arm and held the last 
of his wine in the air. Something for your poetry, no? he said. Some 
of the ears on the floor caught this scrap of his voice. Some of the 
ears on the floor were pressed to the ground. 

05 1978
(de The Country Between Us, 1981)
                                                                                     




Carolyn Forché (Detroit, Michigan, EE.UU., 1950)
en Las conjuradoras, Seis Poetas norteamericanas , Esquío-Ferrol, 1993
Traducción de Noël Valis
to read  MÁS

9 comentarios:

c c Rider dijo...

comenzar a darse cuenta de que el verso, sirve para algo más que peinar la piel es algo que aprendí traduciendo hará un mes, un poema de Forchè, la inocencia es acariciada por un filo de voz
Allí, a través de la última de las sentencias,
justo allí-
a través de la última de las sentencias,
el camino-

Vera Eikon dijo...

Es impactante el modo como pasa de narrarnos una situación aparentemente cotidiana y trivial, a exponernos un hecho atroz. Te hiela la sangre. Pero esta forma de transcurrir el poema es en sí una metáfora de cómo suceden las cosas. Quizás una mujer o un hombre estaban en su casa realizando cualquier tarea cotidiana, leyendo un libro en su sofá o cocinando, y una la mano de la atrocidad se arrojó sin previo aviso sobre ellos. Y probablemente los más bárbaros torturadores lleven una vida aparentemente tranquiloa, sus mujeres serán mujeres normales, sus hijos tan atolondrados como los del todo el mundo, y en su mesa se servirán los mismos platos. Y probablemente esto es lo que nos resulta todavía más atroz. La verdad es que es un poema impactante. Y esta imagen final "Algunas orejas del suelo recogieron este
retazo de su voz" es un golpe, me deja completamente desmadejada...Es terrible, y a la vez, tener el valor y la capacidad de escribir algo como esto..

EMMAGUNST dijo...

ccRider/Vera gracias por sus comentarios. Así da gusto!!!
Abrazos

EMMAGUNST dijo...

La foto que acompaña el poema sienten que sumó? restó? o pasa indiferente?...

emiliano dijo...

!!

Leo Mercado dijo...

Es asombrosamente impecable. Me deja anonadado.

Antonio dijo...

Es duro. La imagen ofrece la ternura que el texto no tiene, pero ahora es tarde, estoy lejos y así todo.
Sigue :-)

EMMAGUNST dijo...

Lejos? Más lejos? Dónde estás Antonio? en el Tibet? :) ABRAZO

Pastora dijo...

Me encanto tu blog, y me quedo.

Abrazos, Pastora.

http://entredosluces12.blogspot.com.es/

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...