La mujer escribe y eso es lo que importa










13 de septiembre de 2012

Amy Lowell, Penumbra

Fotografía de Anka Zhuravleva

PENUMBRA

Mientras estoy aquí sentada en la quieta noche de verano, 
de pronto, en la lejana carretera, se oye 
el rechinar y el acelerar de un tranvía eléctrico. 
Y, más lejos todavía, 
el fuerte resoplar de una máquina, 
seguido del desagarrado arrastrar de un tren de carga cambiando de vía. 
Estos son los ruidos que hacen los hombres 
en el largo ajetreo de la vida. 
Seguirán haciendo siempre estos ruidos, 
aun después que yo haya muerto y ya no pueda oírlos. 
Sentada aquí en la noche de verano, 
estoy pensando en mi muerte. 
¿Qué pasará contigo? 
Verás mi silla 
con su brillante cobertor de zaraza 
iluminada por el sol de mediodía, 
como ahora, 
verás mi mesa angosta 
donde he estado escribiendo tantas horas. 
Mis perros meterán sus hocicos en tu mano, 
preguntando -preguntando- 
y pendientes de ti con ojos perplejos. 

La vieja casa todavía está aquí, 
la vieja casa que me ha conocido desde el principio. 
Las paredes que me han visto jugar: 
con soldados, canicas, muñecas de papel, 
que me han protegido a mí y a mis libros. 

La puerta de entrada estará mirando a los viejos árboles 
donde, cuando era niña, jugaba con muertos y con incendios; 
Mirará la ancha vereda de grava 
donde yo rodaba mi aro, 
y las matas de rododendro 
donde cogía mariposas de pintas negras. 

La vieja casa te guardará a ti, 
como yo he hecho. 
Sus paredes y sus cuartos te guardarán, 
y yo susurraré mis pensamientos y fantasías 
como siempre, 
en las páginas de mis libros.

Algún día tú estarás sentada aquí
en una apacible noche de verano,
oirás el fragor de los tranvías,
pero no estarás sola,
porque todas esas cosas son parte de mí.
Y mi amor seguirá hablándote
a través de las sillas, de las mesas, de los cuadros,
como mi voz lo hace ahora,
y de pronto sentirás la inevitable caricia de mi mano.




PENUMBRA

As I sit here in the quiet Summer night,
Suddenly, from the distant road, there comes
The grind and rush of an electric car.
And, from still farther off,
An engine puffs sharply,
Followed by the drawn-out shunting scrape of a freight train.
These are the sounds that men make
In the long business of living.
They will always make such sounds,
Years after I am dead and cannot hear them.

Sitting here in the Summer night,
I think of my death.
What will it be like for you then?
You will see my chair
With its bright chintz covering
Standing in the afternoon sunshine,
As now.
You will see my narrow table
At which I have written so many hours.
My dogs will push their noses into your hand,
And ask—ask—
Clinging to you with puzzled eyes.

The old house will still be here,
The old house which has known me since the beginning.
The walls which have watched me while I played:
Soldiers, marbles, paper-dolls,
Which have protected me and my books.
The front-door will gaze down among the old trees 
Where, as a child, I hunted ghosts and Indians;
It will look out on the wide gravel sweep
Where I rolled my hoop,
And at the rhododendron bushes
Where I caught black-spotted butterflies.

The old house will guard you,
As I have done.
Its walls and rooms will hold you,
And I shall whisper my thoughts and fancies
As always,
From the pages of my books.

You will sit here, some quiet Summer night,
Listening to the puffing trains,
But you will not be lonely,
For these things are a part of me.
And my love will go on speaking to you
Through the chairs, and the tables, and the pictures,
As it does now through my voice,
And the quick, necessary touch of my hand.

(Pictures of the Floating World, September, 1919)




B O N U S  T R A C K



"Bien mirado, somos un grupo raro /
Nosotras mujeres que escribimos poesía. Y cuando una piensa
/ Las pocas que hemos sido, es aún más extraño"



"Taking us by and large, we’re a queer lot / 
We women who write poetry. And when you think
/ How few of us there’ve been, it’s queerer still"

(Bradshaw y Munich, 2002: 21)




Amy Lowell 
(Brookline, Massachusetts, EE.UU., 1874 – 1925)
de El jardín de Sevenels, Colección Torremozas, Madrid, 2007
Traducción de Marta Porpetta
para leer más en OTRA IGLESIA ES IMPOSIBLE
y un poco MÁS

10 comentarios:

Juan Antonio dijo...

No debería, pero me embarga una dulce melancolía.

EMMAGUNST dijo...

Es que es melancólico Juan Antonio.

Lo encontré hace un tiempo a este poema, lo busqué en inglés y percibí que le faltaban los últimos versos, hasta que llegué al libro de dónde lo extraje (se escribe así?) finalmente.

Saludos!

Leo Mercado dijo...

Me sumo a la melancolia colectiva.

SUREANDO dijo...

Aaaaah yo lo encontré de una belleza sublime.
Siempre paso por acá aunque no comente.
Gracias

EMMAGUNST dijo...

...Algún día tú estarás sentada aquí
en una apacible noche de verano,
oirás el fragor de los tranvías,
pero no estarás sola,
porque todas esas cosas son parte de mí...

Abrazos Sureando! Abrazos Leo!

Vera Eikon dijo...

Es un cobijo este poema. Me sugiere continuidad, pero no de la obra de los hombres, sino de su papel como testigo de la naturaleza, la contemplación que es nuestra forma de amar el mundo que nos rodea. Es melancólico, pero de una melancolía esperanzada. Buen día!!

EMMAGUNST dijo...

Buen día Vera, a ver con qué puedo sorprenderte esta mañana...ABRAZO

una chica de ojos marrones dijo...

me encanta!!
gracias por compartirla...
te dejo a cambio de esta preciosidad mi poema favorito de la lovell...

http://petitpalaisduvocabulaire.blogspot.com.es/2011/04/ausencia.html

EMMAGUNST dijo...

PRECIOSO una chica de ojos marrones!

Tamarit dijo...

Bellísimo, el primer poema. Comencé a leerlo en silencio, y a la segunda o tercera estrofa pasé, casi sin darme cuenta, a la voz alta. Lindo sentimiento, el de la poeta en ese momento.

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