La mujer escribe y eso es lo que importa










8 de noviembre de 2012

Raquel Lanseros, Un joven poeta recuerda a su padre


Ilustración de Orlando Cyril


UN JOVEN POETA RECUERDA A SU PADRE

Ahora ya sé que pasé por tu vida
como pasan los ríos debajo de los puentes,
-indiferentes, turbios, orgullosos-,
con la trivialidad desdibujada
de las pequeñas cosas que parecen eternas.
Muchas veces lo obvio
se oculta tras un halo de extrañeza,
tras la costumbre lenta, indistinguible
del aura fugitiva de las vivencias únicas.
Es difícil saber
que la belleza abrupta del vivir cotidiano,
tan desinteresada de sí misma,
nacida sin clamor ni pretensiones
es en esencia tan mágica y rotunda
que resulta imposible de imitar a propósito.
Y es aún más difícil
comprender que la fiesta de las cosas sencillas
casi siempre termina
mucho antes que la voluntad del festejado.
Inmóvil vi pasar ante mis ojos
el desfile callado de tu vida
con tus sueños cansados en otoño,
tus alegrías de puertas para adentro
y tus desvelos discretamente cálidos.
Creo acertar si digo
que nunca te di nada que no fuese
un préstamo a mí mismo.
Te pedí, sin embargo, tantas cosas.
Hoy, inmóvil de nuevo, asisto inerme
a este desfile amargo de tu ausencia
mientras mi corazón -dividido y atónito-
comienza a descubrir que la vida va en serio.
Te recuerdo. Hace frío
y el frío me devuelve
aquella forma tuya tan sutil
de ofrecerme a la vez un corazón errante,
la suerte en un casino de Las Vegas,
la lluvia indescifrable del desierto,
los versos de Machado en un suburbio.
Ahora ya sé que pasé por tu vida
indolente y confiado, -sin asombro-,
como suelen vivir todos los hombres
que no conocen todavía la pérdida.




Raquel Lanseros 
(Jerez de la Frontera, España, 1973)
de Los ojos de la niebla, Visor Libros, S.L. Madrid, 2008
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7 comentarios:

María dijo...

Sus versos son muy sentidos, ese dolor de hijo/a por un padre inexistente. Me recuerda a tantas historias de hijas cuyos padres lo son sólo por cuestión biológica, tanta irresponsabilidad.
Me encanta venir a tu rincón, al amparo del calor de la poesía escrita por mujeres.
Besos

Vera Eikon dijo...

Somos y somos tan acomodaticios, que acabamos por no distinguir el milagro de lo que nos rodea. Cada cosa que nos hes dada nos parece legítimamente nuestra. Pero entre las personas, no existe el dar, sino el compartir. Y aunque no lo parezca hay una diferencia sutil y a la vez determinante...Buena reflexión la de este poema(me gustó que lo escribiera desde un punto de vista masculino, pero no masculinizado...). Beso

EMMAGUNST dijo...

...Y es aún más difícil
comprender que la fiesta de las cosas sencillas
casi siempre termina
mucho antes que la voluntad del festejado...

EMMAGUNST dijo...

Abrazos María/Vera!!!

María Sotomayor dijo...

Hoy me voy tocando hueso...

una chica de ojos marrones dijo...

"mientras mi corazón -dividido y atónito-
comienza a descubrir que la vida va en serio."

me encanta!

gracias, como siempre, por compartir estas cosas...

Leo Mercado dijo...

A veces (siempre?) lo único que nos queda es el recuerdo.

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