La mujer escribe y eso es lo que importa










5 de diciembre de 2012

Susana Cattaneo, 2 poemas 2 (+1)



Fotografía de Robby Cavanaugh


LA MUJER QUE FUI


                                                      Mi nombre entra a una lágrima


Yo te vi en mediodías ardidos de verano
cobijada en el frescor de sombras y de ramas.
Te vi tejiendo anillos con la felicidad
mientras cerrabas pactos de infinito.
Con la boca dulce, te vi, llena de verdes.
Danzabas sueños hechos de paisajes.
Eras colibrí que libaba en el amanecer más hermoso.
Bebías palabras, escribías poemas.
Te nacieron libros —¿recuerdas los años?
Te llenabas de pupilas tatuadas de cielo.
Yo te vi sentada junto a la alegría;
correr en grandes círculos jugando al mundo.
Regalabas frases; perseguías insectos invisibles.
El día te estallaba de luz perfumada de voces.
Ella —la pequeña de pestañas blancas
y mirada como almendras—,
olisqueaba el aire, la vida, el pasto.
Las otras volaban, rodeaban tus libros, picoteaban arroz.
Te vi rodeada de amor en tardes que partían.
Te vi en invierno, cálida y feliz.
Recogías en otoño hojas escarlata y admirabas su belleza.
Te sentías plena con los brotes de septiembre
y con lluvias de octubre bordabas la dicha.
Te vi plácida entre árboles junto a la eternidad.
Sí; yo te vi. Eras mucho, mucho más
que esta pobre mujer que hoy esconde sus ojos.
Mucho más que esta tristeza.




TESTAMENTO

A mi madre, las llaves del Universo.
A mis perras, la magia de la felicidad.
A los militares, un guiso de tornillos.
A Pinochet, un féretro de cartón.
A Cátulo Castillo, un refugio infinito para canes.
A Videla, un destino sin ventanas.
A Frida Kahlo, colores de arco iris.
A Cris, la alegría y toda la música jazz.
Al gato Iván, el misterio de las noches.
A Pilar, mi emoción frente a Sevilla.
A la policía, un libro de modales y sensibilidad.
A los crueles con los animales, mis deseos de muerte.
A Jetzabel, reina judía, un indulto irrevocable.
A Grace, la sonrisa de la Gioconda.
A los toreros, flechas filosas para su corazón.
A Saramago, un aplauso interminable.
A Antonia, la filosofía Zen.
A los colonizadores, un puñado de estopa en la garganta.
A los Testamentos, el concepto de justicia.
A la ideología iraní, la bomba atómica.
A los nazis, la bomba de neutrones.
A Parra, un regalo para Janick y otro para Eiko.
A Copérnico, un guiño de triunfo.
A Alan Parker, un cuadro de Dalí.
A la Camargue, nuevas razas de caballos.
A Cioran, el consuelo de un colega.
A Olga Orozco, la reverencia más grande.
A Pizarnik, siempre el recuerdo.
A la inhumanidad, mi más profundo desprecio.
A la que fui, la libertad.


(de La orilla más lejana)




Freja Beha Erichsen fotografiada por  Paolo Roversi


BONUS TRACK


CUANDO YA NO ESTÉ...

¿Quién pondrá el pie
 sobre la marca que dejó el mío?
¿Quién mirará estos árboles 
donde mis ojos dejaron huellas?
Alguien oirá cantar un pájaro
que será otro.
Alguien respirará los mismos pinos
de un verde más cansado.
La vida será un papel en blanco
y no lo podré sellar con mi palabra.




Susana Cattaneo (Buenos Aires, Argentina, 1945)
para leer MÁS
su WEB

4 comentarios:

Manolo B log dijo...

Gracias por difundir estas bellísimas composiciones...

Por cierto, me encantan las imágenes que eliges para ilustrarlas...

LucLam dijo...

Primero y tercero... conmovedores.
Gracias
Un saludo

Ana Muela Sopeña dijo...

Maravillosos poemas los de Susana Cattaneo.

Espectaculares...

Un abrazo
Ana

manon kubler dijo...

Te escribo
Ubicuidad y palpito. Donde encontrarte
Donde que seas. latido y semejante. Quizas me arropo con tus pieles para respirar. Miriam tessore
Manon kubler. Abril 2015

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