La mujer escribe y eso es lo que importa










27 de abril de 2013

Beverly Pérez Rego, 2 poemas 2 (III)


Fotografía de Norman Parkinson


Un hombre puede ser escrito en una noche: una noche basta para que abandone la piel de cabrito y se revele: el rayo fulmina la hembra asmática, que muere en presencia divina, su carne blanda y humana.

Un hombre puede ser tachado en una sola noche, y dormir, solo, al pie de mi cama; dormir en embriaguez o temor, o volver, en penitencia, al vientre de su madre, que siempre lo espera despierta hasta altas horas, porque él es solo, frío, ahora y siempre.

Entonces, este hombre se escribe en cenizas. Cual si mis conjuros se encresparan, y lo venciera la lepra, su rostro se deshace en mis manos.

Luego, él toma sus facciones sangrientas, que son vocablos, y crea un alfabeto secreto que es dado a otra mujer.

Este hombre ya no es mi tarea.

Otra mujer deberá escribirlo.

Si puede.

(de Grimorio, 2002)




Fotografía de Wilma Hurskainen





CABRA DE ORO,
Inteligencia,
quién te ha dado el espacio que ocupas en mi vida,
tu ola hundiéndome sobre la costa seca,
presa de las delicias del fondo.
Estrategia sublime de quien se cree perdido,
última cena sobre el cuerpo
que ya no admite demora ni espera.
Tócame otra vez,
no dejes que la palabra se abra paso
y nos engañe de nuevo.
Tócame para ahuyentarla,
que vuelva a su dominio lapidario,
que regrese sólo cuando sea llamada.

Y de nuevo el calor nos recubre,

de nuevo se hace el día entre los párpados.
Los cierro: te veo como antes,
el niño, con rodillas inciertas,
corriendo sobre el campo abierto
de mi cuerpo.
Y tus manos se retiran como la noche,
y vuelven a hundirse como palas en la sal.

Lámina de oro entre los dientes

es el sonido de mi nombre-
ave que se alza con la rama en el pico.
Mi nombre, mi nombre solitario y ralo
entre las fosas de tus labios.
De ellos se retira y no volverá a entrar,
en ellos entra y jamás saldrá.

Cómo me doblas, me abres,

me alzas, cómo me posas
sobre el arco del día inclemente,
cómo abrasas, sin avisar,
muda en tu exterminio.

Al fin, después de tanto,

Irrumpes como la hoz:
mi vida es tuya, Providencia,
con la altiva renuencia
de quien no te merece.

(de Providencia, Coro: Fondo editorial del estado Falcón, 1998)






Beverly  Pérez Rego (Halifax, Canadá, 1957) 
Nacionalizada Venezolana
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