La mujer escribe y eso es lo que importa










4 de septiembre de 2013

Cecilia Vicuña, Amada amiga


Fotografía de Anka Zhuravleva



AMADA AMIGA

Las personas que me visitan
no imaginan lo que desencadenan en mí.
C. no sabe que sueño
con mirarla sin que me vea.

Mientras le echa dulce de camote
al pan parece que juega
con cálices y piedras sagradas,
el modo como levanta la mano
para llenar el cuchillo
de mantequilla es un gesto
donde los mares hacen equilibrio,
donde las mujeres que tienen frío
se solazan.

Tiene oleajes y consecuencias
como una línea en el radar.

Cuando se levanta la falda
para mostrarme el calzón plateado
veo grupos ondulantes de caderas
que repiten la redondez
y la perfección
hasta alcanzar una estridencia
grande.
Anhelo que no se mueva
para alcanzar a vivir en ella,
a respirar y dormir en esas planicies.
Está tan oscuro el muslo
tan brillante el pelo que parece habla en otro idioma.
Lo que digo es tan torpe
pero cómo voy a decir:
"Eres tan hermosa"
"Me alegro tanto
de que hayas llegado".
Cuando subo el libro del Renacimiento
donde vemos primitivos italianos
quisiera decirte:
"En esta ciudad te encuentro"
Tú eres esas colinas"
"Tú las pintaste"
Tus dedos son iguales
a la curva de las aletas
de la sirena
representada en la alegoría.

Pero no es exactamente esto.
Tú eres un país con ciudades de Lorenzetti
Tú y yo alguna vez
volveremos a esa ciudad.
No sufras porque en este cuadro
dos mujeres se acarician
yo alguna vez te acariciaré.

No te preocupes de que estés envejeciendo,
tú vas a otra clase de tiempo
y yo también.

Aliméntate del relato que me haces
de la copa de vino cruzando el umbral.

Aliméntate y enjóyate,
no dejes de soñar con el cuadro
del maestro de Fontainebleu
donde una mujer
le toma a otra un pezón:
durante épocas enteras
nadie soltará tu pezón.

Quiero sufrir
enterrarme en ti,
ahorcarte y hacer un hoyo profundo,
donde te empiece a tapar la tierra
lentamente y ver tus colores
podrirse bajo el café.
¿No te gusta tanto la combinación
de violeta y café?No quería hablarte de la muerte
pero ya que la temes tanto
¿cómo no voy a hablar?
Es escaso el tiempo
que tenemos para vernos
y conversar.

Me gustaría ser hombre
para seducirte y obligarte
a que abandones tu casa
y te olvides de todo,
pero esta idea no me gusta.

Separados y solitarios
los hombres siempre están fuera
y nada necesitan con más urgencia
que estar dentro,
probar alguna tibieza,
altas y bajas
mar.

Estoy cansada de ti
Nunca te dejas llevar,
me gusta más que no lo hagas,
cuando lo haces
parece que el corazón te va a estallar
te va a florecer
te va a doler.

Es de mí que me canso.
Deseo verte nada más
que te enamores de otros
y nunca te apercibas de mí.

Cuando te vistes con camisa de franela
y calcetines de lana
por una semana
y te afeas y avejentas
para morir un poco
quiero estar cuando resucites
y seas una gloria de ojos húmedos
y oscuros.

Quiero ser un indio
que está escondido en las montañas
y nunca viene a las laderas
porque todo le duele.
Iluminarme con mis propias luces.

Naciste del cruce
de tu madre con la muerte,
ni siquiera en la infancia
habrás sido rosada.

Los qué hacen el amor contigo
creen que nunca regresarán
que se van a hundir
que les vas a tejer
una tela húmeda en la espalda
y como es probable
que tengas conexiones
con la boca de los volcanes
por ahí tirarás a tus amantes
y si ellos se liberan es porque te compadeces.

Te tengo miedo
porque no puedes mirarme
como yo te miro
no puedes amarme
como yo te amo
no puedes ni siquiera
desear acariciarme
y vivir algún tiempo conmigo
haciéndome peinados góticos
o pidiéndome que revuelva el té con la punta de mi pezón

Tu lado humano
no está a la altura
de tu lado bestial.

Algunos te imaginan dueña
de regiones orgullosas
y llenas de daño,
pero los que te han visto
con fiebre o en épocas de menstruación
aman muy en contra de tu voluntad,
si es que tienes voluntad.

Solamente una intensidad
le da poderes a tu vida
y la muerte se ve acabada
por fuentes peludas
y calientes miradas.

Qué daría la muerte
porque no tuvieras
esos ojos redondos
ni esos senos
ni esos muslos
para dominarte
envolverte y guardarte
de una vez por todas.





Cecilia Vicuña (Santiago, Chile, 1948) 
Reside en Nueva York
de Luxumei o El traspié de la DoctrinaPoemas 1966 - 1972

Editorial Oasis, Los libros del fakir, México, 1983
para leer MÁS

2 comentarios:

Ico dijo...

Precioso, atroz, cruel, intenso, el amor en todas sus formas.. gracias de nuevo por darnos a conocer tantas poetas desconocidas..
un saludo

Miriam Tessore dijo...

Gracias Ico!
un abrazo



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...