La mujer escribe y eso es lo que importa










3 de julio de 2013

Vanessa Droz, Te amo y su espectro (3 poemas 3)







…pues ardió como te amo.
Gilberto Owen


I

Un hombre conoce a una mujer.
Tres días después le dice: “Te amo”.
La mujer, entonces, se enamora
pues te amo es el hilo del que cuelga el alma,
te amo es la mano que rige el sueño
y el sueño es azul y está lleno de tiempo.
Te amo traza en el mar el borde de la espuma
y separa el agua de la tierra.
Te amo escarba de la tierra la ribera,
le da su sitio entre dos puntos
y en ese tránsito pone huellas.
Te amo en una huella es movimiento.
El pie que la fija se traslada
y con sólo una pisada recorre el mundo.
En la pisada, te amo
es inscripción, es señal, es escritura,
palabra fijada.


La palabra fijada es te amo y arde.


El hombre lo sabe
y con te amo invoca no sólo su ardor.



Fotografía de GridoArt




II

El conjuro está cumplido.
Tres días después de te amo
los cuerpos yacen en el suelo.
La mujer derrama su carencia
en medio de bosques de vocablos,
de multitud de sílabas,
de frases en motín y oraciones reunidas en las plazas.
El hombre las agarra y sujeta entre sus manos
para poder reclamar otros mundos,
otras caras, otros recuerdos.
Quiere hacer suyos actos ofrecidos
antes de su llegada, imponer su posesión,
su dominio ancestral sobre el cuerpo de la piedra.


El desvelo está cumplido.
Tres días después de su momento,
en el espacio destinado al viento entre los cuerpos
y que recoge el soplo de la boca,
labios y lengua en audacia detenidos,
labios y lengua arrojados del silencio,
la mujer añade: “Te amo”.


Para ella queda erigido el sueño,
tierra y agua separadas,
el camino en tierra bien trazado
y el movimiento repleto de ardor
inscrito al choque de su lengua con el cielo de la boca
y un fluir feroz del viento.



Fotografía de Elias Wessel




III

Los días se repiten.
Se repite el invento,
la palabra marioneta en manos del hombre.
Ahora no es te amo, es te quiero colgando de las cuerdas.
Él no piensa el sueño:
lo reclama, lo seduce,
abigarra entre sus dedos la forma del mundo
entre ellos incendiado.
Del fuego de la mujer sale más altura.
En el fuego del hombre te amo es más hielo,
espectro de palabra, inmenso fantasma
redondo y casi perfecto.
Ya perdido su aguijón, su locura y su flecha,
mientras la mujer se alza y asume un vuelo,
la palabra dirigida,
como marioneta eficaz en su momento,
descansa en la trastienda del titiritero.



Vanessa Droz (Vega Baja, Puerto Rico, 1952)
extraído de JORNAL DE POESÍA
para leer MÁS

4 comentarios:

Arnaudeguerau dijo...

Sigo descubriendo nuevas poetas en ti blog que me fascinan
gracias emma

las fotos geniales tambien

un abrazo

Miriam Tessore dijo...

este es un camino que hacemos juntos, no hay dudas. Leo, nos leemos, nos retroalimentamos.

Buen día Arnau!

Darío dijo...

Te amo es el anzuelo implacable...

Vera Eikon dijo...

Se dice con la boca, se escribe con el cuerpo...Beso.

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