La mujer escribe y eso es lo que importa










23 de octubre de 2013

Pamela Alexander, Aire


Fotografía de B. Berenika



AIRE

Nos sostiene juntos
suavemente.
Presiona desde fuera, contra el tímpano.
Presiona. Se encrespa
en las palmas de nuestras manos
pero nada sostiene
para sí. La media camina encima
de la silla, la blusa
en el piso. Cuando la tocamos,
se mueve hacia el costado—un modesto médium
desplaza estas sólidas cosas
 Los chicos corren a través de la calle
golpeándose, dejando
la forma de una herida en cada posición
que planea por un instante
detrás de ellos.
Realiza una ronda
de cosas hiladas pero se ajustará en un espacio rectangular como
el de un cuarto.
Es la única compañía
para el viejo que ha estado todo el día en  su largo
calzoncillo.
Él vino hasta el porche al mediodía
para ponerse más.
Las personas identificadas con el objeto que las rodea.
Ellas lo llaman “Atmósfera”
Lo que las personas ven
es a si mismas: ellas aprueban o no,
ellas dejan por buena o ellas regresan.
El aire es inocente ante estos juicios, no tiene
personalidad que proteger.
Tiene
un hábito simple:
llena cualquier cosa.
Ocupa enteramente los hoteles
en temporada baja
Dibuja el vacío como lo hace
una pregunta ante  la respuesta. Solo una persona
puede adivinarlo: la vacante interior
encerrada tras las miradas.
Permanecen todas fluyendo alrededor
de las paredes y del cuchillo.
Podemos cambiarlas muy poco,
tanto como a nosotras mismas u
a otra persona.

AIR 

It holds us, gently,
together.
It presses out, against the eardrum.
It presses in. It curls
in the palms of our hands
but holds nothing
to itself. It steps over
the sock flung onto the chair, the blouse
on the floor. When we touch,
it moves aside -- a modest medium
that solid things displace.
The children running down the street
punch through it, leaving
a cut-out shape of each position
hovering behind them
for an instant.
It is made of round
spinning things, but
it will adjust to a rectangular space such as
a room.
It's the only company
the old man who stays in his long underwear all day
has.
He comes onto the porch at noon
to get more.
People identify it by objects it surrounds.
They call it "atmosphere."
What people see is
themselves: they approve or they don't,
they leave for good or they come back.
Air is innocent of such judgments, having
no personality to protect.
It has
a simple habit:
it fills anything.
It occupies entire hotels
in the off season.
It is drawn to emptiness as to
a question it answers. Only a person
can puzzle it: the vacancy interior,
locked behind the eyes.
It stays whole, flows around
the wall, the knife.
We can change it
as much as ourselves, or
another person:
very little.





Pamela Alexander (EE.UU., 1948)
Traducción de Raúl Racedo 
para leer su libro INLAND
Ganador del Iowa Poetry Price, 1997
extraídos de LEXIA
su WEB
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