La mujer escribe y eso es lo que importa










6 de noviembre de 2013

Gina Saraceni, 2 poemas 2 (+1)


Fotografía de George Pruteanu


De las batallas del amor se regresa
con el vientre abierto,

sin paredes,
dando tumbos
por el arduo combate
de la noche.

Se regresa sin armas
con el pulso latiendo
debajo de los párpados
y con los pies arrastrando
la demora del cuerpo
antes del adiós.

Cuerpo a cuerpo es la batalla.

Sólo así se hace una guerra.
Solo así se conoce
cómo tocan las manos
cuando pierden los dedos.

Solo así vale la pena morir:
mirando de frente cómo
se disuelve el rostro
cuando pierde
el control y el alfabeto
cómo se tuerce en un puñado
de ruidos que se hunden
adentro de los ojos
donde solo hay lugar
para perderse.

Lo llaman amor
este combate de brazos y lenguas,
esta cercanía sin intervalos
donde la orilla y la ola
se desangran por el tormento
de volverse a separar;
este tiempo de guerra
que echó raíces
en las venas de junio,
en el estertor de una arteria,
en el corazón herido de muerte.

De las batallas del amor
se regresa con un ejército
de fantasmas en el costado,
con las heridas hundidas
en los dedos
poseídos por esa guerra
que sigue ardiendo
en la línea de combate


Fotografía de George Pruteanu





El hijo no nacido reclama un lugar en la palabra,
una letra que ocupe el espacio de la falta.

No se puede dejar de ser madre
sin cargar el hijo que no fue
sin hacerlo vivir el instante que dura su cuerpo imaginado.

Que el poema diga el peso de su ausencia
la sangre más secreta
la que corre fuera de las venas,
la que no tiene herencia.

(de Casa de pisar duro,  Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana, 2013)




Fotografía de George Pruteanu




B O N U S   T R A C K


Le devolvió
las piedras al mar,

las piedras guardadas por años
en frascos de mermelada.

Fue el vacío
lo que quedó
en su lugar.

Igual que un abandono:
dura todavía.

(de Salobre, Coro: Ediciones Casa de la Poesía de Falcón, 2004)





Gina Alessandra Saraceni 
(Caracas, Venezuela, 1966)
POETA/TRADUCTORA/MARATONISTA
para leer más en LAS MALAS JUNTAS

10 comentarios:

Vera Eikon dijo...

Maravilla de poemas....Abrazo.

Miriam Tessore dijo...

a veces me confunde la falta de comentarios, me hacen dudar de mi gusto, pero no voy a dar el brazo a torcer!!!

Gracias Vera!

Ío dijo...


ay dios¡
y no sé si me dejan respirar

Gracias, Miriam, y por regresarte.
Besos

Ío

Darío dijo...

Así se vuelve del amor, estoy seguro.

el maquinista ciego dijo...

No lo dudes, Miriam!! Que nuestra vagancia y/o falta de inspiración -en mi caso, esta temporada son las dos, la verdad- no te hagan flaquear en tan hermosa empresa.
Supongo que el no saber qué decir sobre el poema no es excusa para detenerse más a agradecer ;))
Por mi parte, ¡gracias, linda!

Abrazo!

David Mariné dijo...

se me hacen extraños estos poemas, como si saliera del médico con una receta para lo tos cuando el problema es que sufro de tensión alta.
abrazo.

Miriam Tessore dijo...

Suele suceder, no sentir empatía con un poema, a mí también me pasa. Lo cierto es que suele suceder también, en contadas ocasiones, que uno se equivoca de médico ;)

Un abrazo David

David Mariné dijo...

no es empatía, es extrañeza, es que no sé muy bien cómo explicarlo porque el médico es el experto. pero tienes razón, tal vez sea eso y lo cierto es que siempre me confundo de médico.
abrazo fuerte Miriam

Cristhian Espinoza dijo...

La contundencia de estas palabras me hacen leerlo en voz alta cada vez que lo leo. Gracias por poner esta belleza al alcance de todos.

Miriam Tessore dijo...

Fue casi de casualidad que llegué a Gina y sus poemas. Ví su nombre como traductora (de ahora no recuerdo quién) y me dió curiosidad, la googleé y encontré su obra dispersa en algunos portales. Así fue Cristhian, también yo me alegro.

Un abrazo

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