La mujer escribe y eso es lo que importa










7 de enero de 2014

Carina Sedevich, Elegía para Bernardo



Fotografía de Alisa Andrei



ELEGÍA PARA BERNARDO

Me dijeron que habías muerto, por fin
después de un año y medio de agonía
después de la vida entera de saber
que morirías.

Yo que no fui tu mujer sabía
porque me lo habías contado
que no creías en nada que pudieras hacer
para conjurar  tu destino.

Yo que no fui tu mujer sabía
que escribías cuentos y que dabas tu sangre
y el nombre de los perros de tu quinta.

Yo que no fui tu mujer te escribí 
con tanto sentimiento que logré 
que un día te odiara mi marido.

Hoy me paré a los pies de tu ataúd y te miré.
La barba recortada en el color de la muerte.
Hubiera querido mirar tus ojos cerrados
profundamente cerrados
mirarlos profundamente.

Tus ojos árabes, enormes como bestias.
A mí que no me amaste esos ojos me miraron
alguna vez, y eso me consuela. 
A mí que no me amaste me habrás recordado
alguna vez, solo, con lujuria o con pena. 

Sentí celos y lástima de quienes te vistieron,
de quienes vieron tu cuerpo enflaquecido.
Yo que te tuve cuando estabas entero.

Las manos de tu madre hurgaban la mortaja
buscando tus manos amarillas
con movimientos lejanos, automáticos.

Yo que no fui tu mujer, entonces,
no pude acercarme
aunque no hubiera otra que te reclamara.
Estabas solo, con tu madre
y no tuve el coraje de tocarte.

Habrás sufrido, habrás deseado la vida.
De todos modos
repartiste tus cosas entre tus hermanos
y dejaste pagado tu sepulcro.

Realmente sos vos, no estás distinto.
Hubiera querido conocerte libre
porque te merecías un amor entero
y aunque así no fuera, te lo hubiese dado.

No pude pasarte la mano por el pelo.
Susurré un padre nuestro, pero ya en la calle
mientras el viento de junio se quemaba. 

A mí que no me amaste me habrás visto llorar.
¿Perdonarás ahora mi egoísmo
como se perdona el capricho de algún niño ajeno?

Yo que no fui tu mujer te hubiera amortajado,
hubiera acariciado los huesos de tu cara. 





Carina Sedevich 
(Santa Fe, Argentina, 1972) 
Vive en Villa María
de Escribió Dickinson, Editorial Alción, Córdoba, en junio de 2014
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3 comentarios:

Leo Mercado dijo...

Le temo, a la barba recortada en el color de la muerte.

Lila Biscia dijo...

éste poema es maravilloso. tremendo.
ésta parte:

A mí que no me amaste esos ojos me miraron
alguna vez, y eso me consuela.
A mí que no me amaste me habrás recordado
alguna vez, solo, con lujuria o con pena.


me parte en mil millones de pedacitos.


Miriam Tessore dijo...

Si Lila, es un poema desesperadamente hondo

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