La mujer escribe y eso es lo que importa










23 de febrero de 2014

Carmen Verde Arocha, Aljibe

Fotografía de Isa Marcelli



ALJIBE

A Estefania Arocha

Escríbeme por dentro. Le pedí a mi abuela
la última vez que bebía del río,
el agua entraba en el cuerpo, se le contraían los
[músculos,
el aliento comenzaba a evaporarse;

¿Cómo pudo vivir tantos años en un río tan caudaloso?

Es lo que cada mañana me pregunto, tratando
de que el recuerdo describa sus facciones.

Un día vi que caminaba
de la mano de un hombre por la casa.

Deja que llueva, logró decirle
y el varón le dejaba ver sus ojos
a través del agua de tilo que sostenía en las manos.

En las tardes
se recostaba sobre la almohada a revisar en su memoria
cómo había sido el último beso,

a veces yo trato de encontrárselo. Es difícil
hallar un beso
debajo de tantos recuerdos.

Hay una esfera dentro y lejos del mundo.
Es un elefante que camina a pasos gigantescos por la
[casa,
así es el amor, pienso.
Busco en el baúl de la abuela
los restos de alimentos,
las voces de la infancia
que nunca más utilizó.

Ella se acercaba con su sombrero inclinado,
hacia el mismo sitio donde había nacido.

Tenía pensado perpetuarse,
crecer
hasta que el crujido de los resortes se confundieran con
[la maleza.

Quedó muda durante años,
cansada de llevar la misma montura en los dientes:

Tener dentadura es bueno, aunque sólo sea un
pedazo de yeso.

Era su voz que se oía en el cielo.

Cerraba sus labios
cuando la oruga venía a comerse las hojas de tabaco,
los aviones cercanos arrasaban con las naranjas viejas.

Todos vamos envejeciendo

y nos alargábamos en la pared
como si quisiéramos dormir con nuestras sombras.

La abuela se aleja con los hombros vacíos,
tararea:

Acuéstense temprano, mañana llegarán tarde al colegio.

Aún me veo buscando en su baúl,
aquella sombra que era de mi madre, de su abuela y
[bisabuela,

que ocultó durante muchos años;

también es bueno mirarse en los ojos de la abuela
sobre todo en estos momentos
en que el amor llega por los cuatro puntos cardinales,

me da miedo recibirlo,

pero lo llevo dentro, susurrándole al oído
que le enseñe a nadar a comer despacio.




Carmen Verde Arocha (Caracas, Venezuela, 1967)
DIRECTORA DE LA EDITORIAL ECLIPSIDRA
de Mieles, Poesía reunida, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 
Caracas, 2005, Colección Altazor - Prólogo de Santos López
para leer más en EL CAUTIVO
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