La mujer escribe y eso es lo que importa










30 de marzo de 2014

Ana Merino, 4 poemas 4


Fotografía de Lissy Elle Laricchia




Café descafeinado
para una mujer que tiembla
y está sola
en ese lugar de la nostalgia
y el deseo silenciados.

Para una mujer que escribe
en las hojas que se le marchitan
al amor cotidiano,
para una mujer que sueña
anhelos que nunca se cumplen.

Café descafeinado
para una vieja loca
que se inventa la vida de los muertos
leyendo lápidas.

Para una mujer que dice que se aburre
y se pone a llorar a cada rato
y grita por las noches
porque imagina
arañas de metal
en las paredes.

Café descafeinado
para que, al menos,
su corazón lata despacio
y pueda disfrutar del sol
por las mañanas.



Fotografía de Alin Ciortea


Mi vida se hizo frágil
al saberse mortal.
Aquel ritmo frenético
de los instantes y de su efervescencia
comenzó a ser corrosivo
y me partió en dos.

Quedaba yo a un lado
y también quedaba yo al otro.
Una mitad de mí miraba absorta,
la otra trataba de aprender
a caminar con una sola pierna,
y se apoyaba en los muebles
y estaba triste
porque el corazón
se había quedado en la mitad inmóvil.

Mi vida se hizo frágil
y mi corazón dejó de latir,
pero cuando quisieron juntar
todo mi cuerpo,
y enterrar mis dos mitades
en una misma fosa,
esa parte de mí sin corazón ya estaba lejos,
había puesto un reloj
en el espacio fingido de la vida,
y no estaba dispuesta
a morirse sin más
cosida al desaliento
de la mitad suicida de mi cuerpo.





Fotografía de Stefany Alves


¿DE DÓNDE SOY?

¿De dónde soy?
Soy de lo que leo,
estanterías viejas
de libros y selvas,
páginas de tierra ensangrentada
por los disparos que agujerean las paredes
y le cierran los ojos a la vida.

¿Dónde está mi geografía,
mi pedazo de mundo?
No siento la patria,
ninguna historia se escribe con mayúsculas,
sólo un susurro extraño
de ventilador y horas inmóviles,
tardes prostituidas,
negocios sudorosos
y las manos atadas a la espalda.



Fotografía de Eylul Aslan



Mi otro yo se refleja 
en el escaparate 
de una ciudad vacía. 

Arrastra la realidad 
en sus pisadas viejas 
de cementerio recién regado. 

Mi otro yo se dobla 
con las esquinas, 
y desaparece suspirando 
sobre las lápidas. 

El silencio se perfila 
en los besos de unos labios invisibles, 
y mi otro yo, 
se detiene y me espera 

al final de la calle, 
detrás de otra memoria






Ana Merino (Madrid, España, 1971)
de La voz de los relojes, Visor, 2000
para leer MÁS

2 comentarios:

una chica de ojos marrones dijo...

impresionantes los cuatro!!
gracias, como siempre, por compartirlos!!
besotes!!

Miriam Tessore dijo...

Pues, como siempre, gracias por detenerte a leer. Un abrazo

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