La mujer escribe y eso es lo que importa










15 de abril de 2014

Andrea Gibson, Columpio


Andrea Gibson



COLUMPIO

“¿Eres un chico o una chica?” me pregunta,
mirando hacia arriba desde esos noventa centímetros
de cara regordeta y esplendor.

Yo le digo, “Dylan, llevas tres años en esta clase
¿y todavía no sabes si soy un chico o una chica?”

“A ha”

“Bueno pues, llegados a este punto no creo ya que importe,
¿verdad?”

“Ah… no. ¿Me empujas el columpio?

Y esto ocurre todos los días.
Es una marea de curiosidad de parvulario
precipitándose hacia las rocas de mi yo,
sea lo que sea yo.

En clase hablamos de la vía láctea,
la órbita del sol alrededor de la tierra o… lo que sea.
¡Júpiter! ¡Saturno! ¡Marte!
“Niños, ¿sabíais que algunas de las estrellas
que vemos en el cielo están tan lejos que ya
se han consumido?
¿Qué opinas sobre éso… Timmy?

“Um… mi madre dice que aunque tienes
pelos que te crecen en las piernas
y los pelos de tu cabeza son cortos y de punta
y hueles muy mal como mi padre
eres una chica”

“Tienes razón. Gracias, Timmy”

Y así funciona.
En el patio del recreo ella mira hacia arriba
desde detrás de sus gafas de sol super rosas
y pregunta, “¿Tienes novio?”

“No”

“Ohhh” dice. “¿Tienes novia?”

Yo digo, “No, pero si por algún milagro en veinte años
al fin tengo una, te prometo que la traeré para que la conozcas.
¿Qué te parece?”

“Vale… ¿me empujas el columpio?

Y ésa es la cuestión.
A ellos no les importa.
A ellos no les importa.
A nosotros, por otra parte…
Mi padre sentado al otro lado de la mesa en la cena de Navidad
apretando los dientes por encima  del plato aún lleno
su apetito echado a perder
por culpa de la intrusión de mi corte de pelo,
“¿En qué estabas pensando? ¡Solías ser una chica muy guapa!”

Universitarios borrachos y gritando
mientras se apoyan en las ventanillas de los deportivos de sus papás
“Hey,  ¡¿eres un marica o una bollera?!”
Y yo me pregunto qué pasaría
si me topase con ellos en mitad de la noche.

Luego por supuesto está la siempre no-suficientemente-intensa
luz fluorescente de los baños públicos,
“¡Señor! ¡Señor! ¡¿Se da cuenta de que este es el baño de señoras?!”

“Sí, señora, me doy cuenta.
Es solo que no me sentía muy cómoda
poniéndome este tampón en el pene
dentro del baño de caballeros”

Pero la mejor es siempre la madre en el mercado,
arrugando la nariz
y haciendo a un lado los ojos como platos de su hija
mientras le susurra “No te quedes mirando, es de mala educación”

Y yo quisiera decirle, “Escuche, señora,
la única cosa de mala educación que yo veo
es su mano paranoica y maternal
haciendo a un lado la mejor educación sobre una misma
que esa pequeña va a recibir jamás
viviendo con tu belleza sintética, derramada de kiwi, vainilla
labios de Maybelline, caderas de Stair Master.
Así que por qué no coges tus rosas y tus azules,
tus reglas chico-chica
y las empujas en ese carrito
junto con tu jodida revista Cosmopolitan,
porque mañana
yo empiezo mi día con veintiocho mentes
que saben muchísimo más que tú,
y si me presentase con un vestido de cancán rosa
esos niños no me iban a querer ni más ni menos.”

“Hey… ¿eres un chico o… bah, qué más da,
¿me empujas el columpio?”

Y algún día,
cuando crezcamos,
todo será así de simple.


SWING SET

“Are you a boy or a girl?”
he asks, staring up at me in all three feet of his pudding face grandeur, and I say “Dylan, 
you’ve been in this class for three years and you still don’t know if I’m a boy or a girl?”
“Uh-uh.”
“Well, at this point, I don’t really think it matters, do you?”
“Uhm, no. 
Can I have a push on the swing?” 
And this happens every day. 
It’s a tidal wave of kindergarten curiosity rushing straight for the rocks of me, whatever I am.

In the class, when we discuss the Milky Way galaxy, the orbit of the Sun around the Earth or whatever. 
Jupiter, Saturn, Mars, and kids, do you know that some of the stars we see when we look up in the sky are so far away, they’ve already burned out? 
What do you think of that? 
Timmy? 
“Uh my mom says that even though you got hairs that grow from your legs, and the hairs on your head grow short and poky, and that you smell really bad, like my dad, that you’re a girl.”
“Thank you, Timmy.”
And so it goes.

On the playground, she peers up at me from behind her pink power puff sunglasses and then asks, “Do you have a boyfriend?”
And I say no, and she says “Oh… do you have a girlfriend?” 
And I say “No, but if by some miracle, twenty years from now, I ever finally do, then I’ll definitely bring her by to meet you. How’s that?”
“Okay. Can I have a push on the swing?”

And that’s the thing. 
They don’t care. 
They don’t care. Us, on the other hand.
My father sitting across the table at Christmas dinner, gritting his teeth over his still-full plate, his appetite raped away by the intrusion of my haircut, 
“What were you thinking? You used to be such a pretty girl!” 
Frat boys, drunken, screaming, leaning out of the windows of their daddys’ SUVs, 
“Hey! Are you a faggot or a dyke?” 
And I wonder what would happen if I met up with them in the middle of the night.

Then of course there’s always the somehow not-quite-bright enough fluorescent light of the public restroom, “Sir! Sir, do you realize this is the ladies’ room?”
“Yes, ma’am, I do, 
it’s just that I didn’t feel comfortable sticking this tampon up my penis in the men’s room.”

But the best, the best is always the mother at the market, sticking up her nose while pushing aside her daughter’s wide eyes, whispering “Don’t stare, it’s rude.”
And I want to say, “Listen, lady, the only rude thing I see is your paranoid parental hand pushing aside the best education on self that little girl’s ever gonna get, 
living with your Maybelline lipstick after hips and pedi kiwi, vanilla-smelling beauty; 
so why don’t you take your pinks and blues, your boy-girl rules and shove them in that car with your fucking issue of Cosmo, 
because tomorrow, I start my day with twenty-eight minds who know a hell of a lot more than you. 
And if I show up in a pink frilly dress, those kids won’t love me any more, or less.”

“Hey, are you a boy or a — never mind, can I have a push on the swing?” 
And some day, y’all, when we grow up, it’s all gonna be that simple.







Andrea Gibson 
(Colorado, Estados Unidos, 1975)
de Pole Dancing to Gospel Hymns, 2008
Traducción de Nines B. Rodríguez
su WEB
en WIKIPEDIA  

3 comentarios:

Nasi♥ dijo...

Me encanta! Es muy bonito.
Te pasas por mi blog? http://blog-cosas-de-chicas.blogspot.com

FC Barcelona c dijo...

Lo que un chico encantador, buen artículo maravilloso, me gusta.
Fuente: Camisetas de futbol

Ana Muela Sopeña dijo...

Sumamente interesante este poema...

Un beso
Ana

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