La mujer escribe y eso es lo que importa










8 de abril de 2014

Florencia Bottazzi, Escribir


Fotografía de Monica Carocci



ESCRIBIR

Se acerca su final, el que todos habían predicho
Pero él no suele preocuparse por esas banalidades 
Así que sólo lo percibe en aquel momento    
En el que la brutalidad del mundo avasalla su cabeza
Y pone, finalmente, un sangriento fin a su vida.

¡Iluso de él!
Nunca me atreví a corromper su inocencia, 
Llena de esperanzas y auténticas ilusiones.
Nunca me atreví a contradecir esa vida simplona. 
Él era feliz en su credulidad, 
Y mi escepticismo y yo aprendimos a lidiar con ese estilo de vida.

Recuerdo que a pesar de nuestra disparidad convergíamos
Cuales ríos del norte y del sur confluyendo en el océano:
Uniformes, idénticos, analógicos en la pasión de escribir.

Y escribíamos… Escribíamos en nuestra inmundicia,
Transitoria o eterna, no nos importaba.
Escribíamos en las hojas testimonio de nuestra soledad nata
Signadas por el mate, las lágrimas y el té.

Escribíamos porque no quedaba remedio alguno
Ni salida a los estancados caminos que se presentaban.
Escribíamos porque es más viable guardarse a uno mismo
Que vagar por la vida exponiendo nuestras lógicas
Incomprensibles para los ajenos a nuestra desidia 

Sus manuscritos eran testimonio de la belleza del mundo
Alegóricamente representada con una rosa lujuriante
Mas los míos eran símbolo de la indolencia al exterior
De mi esperanza que agonizaba en un rincón abandonado

Nos acongojaba la caída de la aguja del reloj.
Su ciclo previsiblemente perfecto 
Es capaz de afligir al más descreído…
Si bien no hacíamos más que escribir, 
Y de vez en cuando quemarnos el alma con una mirada,
La idea de una cuenta regresiva amenazando con disgregarnos
Nos estremecía en el peor de los insomnios 

Pero igual escribíamos, lejos de apartarnos de aquel vicio.  

Ahora las miradas se dirigen apáticamente a él 
Que yace en el pavimento: lúgubre, blanco, inmaculado.
Veo sus pupilas, que me miran concluyentes 
Diciendo todo lo que es incapaz de decir en una vida.

Me siento a su lado, con el roce de su mano gélida como guía
Trazo garabatos en el papel… escribo nuestra historia.

Confío en que las palabras devolverán el alma que se le escapa.



Florencia Bottazzi (La Plata, Buenos Aires, 1996)
POEMA INÉDITO
florenciabottazzi@live.com
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