La mujer escribe y eso es lo que importa










23 de junio de 2014

Betina Edelberg, Banquete


Fotografía de B. Berenika





BANQUETE

"Aristodemo dijo que no
recordaba las palabras por
que desde el comienzo había 
quedado dormido; pero
que, en esencia, Sócrates
los obligó a admitir que...
Ellos tuvieron que admitirlo
pues habían seguido somnolientos
sus razones."
PLATÓN, Banquete, 223, c, d.

Alrededor
de lo vagamente soñado,
de gestos que siempre vuelven,
las mismas anécdotas,
recuerdos
que pueden ser silencios,
un mediodía soleado de invierno,
el oleaje de los eucaliptos:
a través de pálidas aguas,
el dibujo
de lo que va siendo olvido.

Alrededor
de lo vagamente hablado
y murmurado
me extiendo, 
voy cayendo
junto a otras cabezas cuidadosamente decapitadas,
sobre el viejo mantel
y sus románticas guirnaldas desteñidas
y sus levísimas heridas:
un mito,
algún monstruo fabuloso
en medio de las historias que describen las manchas.
Me voy vaciando junto a la ceremonia de las copas,
alguien clava un cuchillo
y me voy muriendo
lentamente,
como una servilleta abandonada,
pero sonrío con mansa dignidad.
Sólo conservo la herida
de largas palabras,
un énfasis,
el de mis ávidos jueces,
resolviendo un acertijo:
todo lo que fluye cruelmente
arrastrando la grandeza de los hombres
-arrastrándonos-,
el cuerpo desnudo de algún secreto,
miserias, porfía, vestigios de un triste naufragio.
Más allá del dolor,
esa mezquina versión
que ha de llamarse alguna vez historia

o nada.

Sólo recuerdo unas voces
-acaso la mía-
y unas risas.

Pero el lamento de las sillas,
de pronto,
cumple el milagro de la resurrección.

                                                   (Para T.E.M.)



Betina Edelberg 
(Buenos Aires, Argentina, 1921-2010)
de Imposturas, Selección EMECÉ de Obras Contemporáneas, 1960 -pág.14/15-
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