La mujer escribe y eso es lo que importa










8 de agosto de 2014

Ana Ilce Gómez, 2 poemas 2


Fotografía de Helen Warner



MÁSCARA DEL INSOMNIO

Todo lo que leí
Todo lo que viví
Todo lo que perdí y no pude recobrar
Todo lo que soñé sobre mi almohada
Todo lo que olvidé y recordé en un instante
como atravesada por un milagro
Todo lo que nombré o dije o callé
Toda el agua que tuve mientras vos
te morías de sed
Y el sol que cubrió mis días
Y la luna que cercó mis noches
Todas las palabras y las líneas
que me guardaron de la soledad
Todo el frío
Todos mis amigos. Los que me dan la mano
y los que me saludan desde un perdido
ventanal
Toda mi vida anticipada
Mis angustias sobre la rueda infinita
de la existencia
Mi amor y mi dolor
Toda la brevedad convertida en eternidad
a través de esta larga y recurrente noche
de insomnio.






Fotografía de Jan Saudek




MUJERES CON GUITARRA

Hay muchas mujeres lapidadas a lo largo
de la historia.
Su vida fue de jaurías y de toros rabiosos
de sangre alzada
de mordeduras largas.

Mujeres que le devolvieron al mundo
la embestida,
que se inmolaron o tuvieron que matar  
para seguir viviendo,
esas que en la hora más oscura
roturaron el campo con sus uñas
para que vos y yo pasemos.

Hondas mujeres
que quizás una lenta madrugada
marcharon al fuego o a la horca 
por cosas tales como desordenar 
el orden público 
por inventar una nueva manera de descifrar 
la vida 
por tener voz
o por infieles
o ateas. Ellas ya no están. Sus cabezas reposan
sobre un siglo o dos. Sus ojos
ya no existen.

Pero de ellas perdura una hebra sutil
un hilo ciego que sin saberlo
nos hace crecer y despertarnos en la noche
con unas ganas inmensas de vivir 
de derribar todos los muros
de desafiar todas las hogueras
así como de amar y de pulsar 
todas
toditas las guitarras de la tierra.



DONNE CON LA CHITARRA

Ci sono molte donne lapidate
nella storia.
La loro è stata una vita di cani e tori rabbiosi
di sangue ribelle
di morsi lunghi.

Donne che hanno restituito al mondo
l'assalto,
che si sono immolate o hanno dovuto uccidere
per continuare a vivere,
quelle che nell'ora più buia
ararono il campo con le loro unghie
perché tu ed io passassimo.

Donne profonde
che, forse,un'alba lenta
si incamminarono verso il fuoco o la forca
per cose come sovvertire
l'ordine pubblico
per inventare un nuovo modo di leggere
la vita
per avere voce
o per essere state infedeli
O atee. Loro non ci sono più, ormai. Le loro teste riposano
su un secolo o due. I loro occhi
non esistono più, ormai.

Ma di loro, resiste una fibra sottile
un filo cieco che senza saperlo
ci fa germogliare e svegliare nella notte
con una voglia immensa di vivere
di abbattere tutti i muri
di sfidare tutti i roghi
come pure di amare e di suonare
tutte
le chitarre della terra.

(Traducción al italiano de Anna Maria Domenella -Macerata, 1973)





Ana Ilce Gomez 
(Masaya, Nicaragua, 1945)
de Poemas de lo humano cotidianoEditorial ANIDE, Managua, 2004
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1 comentario:

Leo Mercado dijo...

"Toda la brevedad convertida en eternidad
a través de esta larga y recurrente noche
de insomnio".

Hermosura absoluta. Nada más que decir.

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