La mujer escribe y eso es lo que importa










25 de agosto de 2014

Robin Myers, 3 poemas 3


Fotografía de Noah Kalina


La casa siempre es una casa nueva,
y las cortinas aún no están colgadas,
y duermo de manera honesta y turbia, me despierto a menudo,
sin ninguna intuición de a qué distancia
me encuentro del océano o del choque que hubo en la autopista,
de la base militar o las huertas,
o de cualquier lugar más limpio o devastado, o inundado
de buganvilias, o que tenga
un cielo más cubierto de nubes que el de acá.
Con lentitud, todo regresa a mí: paredes y rincones,
zapatos encimados, una pintura torpe,
mi cadera y su ancla, el cráter apacible
dejado por mi cráneo al sentarme derecha.
Siempre me quedo en donde estoy.


The house is always a new house,
and the curtains remain unhung,
and I sleep honestly, murkily, waking often
and without any intuition of my distance
from the ocean or the car crash on the freeway,
from the army base or the orchards,
from anywhere cleaner or more devastated
or more drenched with bugambilia
or more clogged with clouds than here.
Slowly, it all returns to me: walls, corners,
the huddle of shoes, a clumsy painting,
the anchor of my hips, the placid crater left
by my skull when I sit upright.
I always stay where I am.




Fotografía de Sandra Dillon


Se la pasan hablando de que el mundo está roto,
¿pero acaso no está riesgosamente entero,
aunque amenace siempre con quebrarse?

los muchachos que están despatarrados y apiñados
sobre los escalones del colectivo en movimiento,
los estantes colmados, los aviones
grávidos, el pavimento solamente un modo de endurecer la piel
de la cosa, la cosa,
el aro un mero adorno
de la barrera, los grafitis tan sólo un comentario
acerca de la piedra, los meniscos de la leche
apenas un intento por imitar la olla que se calienta al fuego.

¿Dónde está el fin?
¿Qué va a ser necesario para ablandar las superficies?
¿Para quebrar los bordes?
¿Vas a ayudarme en algo?

Tomamos la cerveza del pico, derramamos
encima de la mesa espuma, que deja una película insignificante,
nos movemos rozando el mimbre de las sillas,
chocamos las rodillas mientras aguardan nuestros huesos
en la cálida vaina de sus jeans. 

Los limones,
cortados por sus vientres
y puestos en un bol,
son la única genuina violación del día.



All the talk is the talk of the broken world,
but is it not perilously whole,
the rupture barely held at bay?:

the young men contorted and curled around
the rungs of the heaving bus,
the laden shelves, the pregnant planes,
the pavement only a way to thicken the skin
of the thing, the thing,
the earring a mere adornment of the barrier,
the graffiti simply a remark about the stone,
the meniscus of the milk trying only
to imitate the pan as it gets hotter on the stove.

Where is the end?
What will it take for the surfaces to soften?
For the edges to fracture?
Will you be of any help to me?

We drink from the lip of the bottle,
spill foam in a negligible film across the table,
shift against the wicker of the chairs,
touch knees as our bones wait
in their warm denim sheaths.

The lemons,
sliced across their bellies
and arranged in a little bowl,
are the only proper violation of the day.






s/d del autor de la fotografía


De pronto, nos hallamos en la cama, después de haber estado a punto de hacer algo diferente, como ir al lavadero. Pronto me hallo al borde de un precipicio a gran altura, pensando estremecida cómo será llegar al fondo ––me hallo ya casi destrozada al momento del impacto, el golpe ya se siente como un golpe, el dolor ya es dolor y la alegría, alegría––; y, temblando en las puntas de los pies de mi respiración, me hallo llorando, mi cara cerca de la tuya; tu cara de repente se parece a la mía, sólo en su desconcierto, rogándote, casi exigiéndote: “¿Cómo hago para estar donde estás vos?”.



We find ourselves making love, suddenly, having just been on the verge of doing something else, like going to the laundromat. Soon I find myself teetering on the edge of some precipice, at a great height, already shivering from what it will be like to arrive at the bottom — finding myself almost already shattered on impact, the shock already shock, the pain already pain, the joy already joy — and, trembling on the tiptoes of my breath, I find myself weeping, my face close to your face, your face suddenly resembling mine in bafflement only, begging you, almost demanding, “How do I join you?”





Robin Myers 
(Nueva York, Estados Unidos, 1987) 
Reside en México DF
POETA/TRADUCTORA
Traducción de Ezequiel Zaidenwerg
para leer en portugués en MODO DE USAR & Co.

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