La mujer escribe y eso es lo que importa










15 de febrero de 2015

Flor Codagnone, 7 poemas 7 (de Celo)


Fotografía de Elif Sanem Karakoc



Me basta un beso precario
para extender las alas
y hacer mi arte:
convertirme en grulla
y volarte la cabeza o, desnuda,
en la nieve, disparar el arma
de tu sexo y enterrarme
con palabras y después…
hurgar la entrepierna
de mi pensamiento
y construir castillos
con voces de otros.


Hay quien dice que duelo.





Fotografía de Elif Sanem Karakoc



Temo a mi boca,
violentamente temo
a la idea de mi boca,
a la curvas bajo el vestido,
a la idea de tus manos
o a la mirada bajo el vestido,
a las cosas que puedo
si me dejo. Violentamente
temo a mi boca, al sentido,
a mis partes, a ser sola,
a la idea de la idea de la idea
cuando me desvisto.




Fotografía de Elif Sanem Karakoc



Las palabras van a morir
a la angustia
y no hay signo
que escape a ese paso.
Estamos condenados
a la música del adiós.





Fotografía de Elif Sanem Karakoc



La sangre circula sola
y la pregunta es “¿qué?”,
la respuesta no importa
ni lo que hayas escrito,
dónde están tus papeles
a qué huele mi carne.
Acabaremos heridos
de cualquier modo, el vino
no me gusta. Por la noche
hay palabras que sobran.




Fotografía de Elif Sanem Karakoc



Ni jugar a la guerra podemos
sin que la guerra nos habite,
sin que nos mudemos uno
a las palabras del otro
y empecemos el festín antropológico.

Hay tantas minas lindas y yo no,
yo, en mi maldita resistencia,
por los costados lucho,
por los costados resisto.
Sangro por el costado.

Quizás no lo sepas,
pero algo medieval
tiñe esta pelea:
(Hay voces hechiceras).

Todo lo que dijiste
–No cambiás. No podés.
No cambiás. ¿No sufrís?–
y todo lo que quiero.




Fotografía de Elif Sanem Karakoc



No vas a entender nunca mis lugares,
ni que los apropie y los quiera y los extrañe.

No sabés de mis calles ni de mis cortadas
ni de lo que sigue girando
en la calesita de la infancia.

No vas a entender esta tristeza
que es mía y que duele un cuerpo
recortado grave vacío conectado cosido.

Ni mis usos del lenguaje, ni mis deseos,
ni las pocas cosas de mí en las que creo.


Hay santas herejías de las que adolezco.




Fotografía de Elif Sanem Karakoc


Buscamos algo distinto.
Una boca que bese a miel
y que sepa a beso,
un rincón al que correr
para quedarnos quietos.

Un cuerpo roto, rasgado,
que quepa en mí
y pueda encender el celo.

Un agujero, el que nos salva siempre,
y una letra divina, antigua,
que no se pueda decir ni escuchar
que no inscriba lo que significa.

Busco un nombre fuera del padre,
más allá del nombre, después de mí
y de todos los varones.

Un cuerpo de mujer,
que es mío, nada más
que mío, mujer
tajada, escindida, imaginada,
creada, sexuada, anudada.

No es lo que quise creer,
que hay demasiadas sombras en mí,
un cuerpo tomado por lutos infinitos
de palabras. No,
en mí, algo estalla
de vida.




Flor Codagnone (Buenos Aires, Argentina, 1982)
PERIODISTA/POETA/TRADUCTORA
de Celo, Editorial Pánico el Pánico, 2014
para leer una ENTREVISTA
y MÁS

5 comentarios:

Mirella S. dijo...

Intensa y profunda, me encantó.
Besos, Miriam.

Miriam Tessore dijo...

Me costó elegirlos, me comí el libro de un tirón y lo tuve que releer para decidirme. Me alegra saber que te gustó Mirella.
Abrazo

Ana P dijo...

Os poemas são muito bonitos e as fotos perfeitas para eles

Leo Mercado dijo...

Hermosa poesía.

Miriam Tessore dijo...

Gracias por leer Ana P.
Muchas gracias Leo ;)

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