La mujer escribe y eso es lo que importa










31 de mayo de 2015

Daisy Zamora, 3 poemas 3 (II)



Ilustración de  Pawel Kuczynski 


NERUDIANA OTOÑAL

Del brazo de su marido
que comparte
no sabe con cuántas más,
pero, en fin, su marido.

Ella lo quiso, a veces
él también la quería.

Procura recordarlo
como ella lo conoció,
antes de que se volviera
el que sería después.

Ya no lo quiere, es cierto,
pero tal vez lo quiere.

¡Si al menos por un instante
pudiera ser la que era
cuando él la enamoró!

Es tan corto el amor,
y es tan largo el olvido.

Pero frena el intento.
Sabe que si se atreviera,
todo lo perdería, todo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.





Fotografía de Alex Prager



MENSAJE URGENTE A MI MADRE

Fuimos educadas para la perfección:
para que nada fallara y se cumpliera
nuestra suerte de princesa-de-cuentos
infantiles.
¡Cómo nos esforzamos, ansiosas por demostrar
que eran ciertas las esperanzas tanto tiempo
atesoradas!
Pero envejecieron los vestidos de novia
y nuestros corazones, exhaustos,
últimos sobrevivientes de la contienda.
Hemos tirado al fondo de vetustos armarios
velos amarrillentos, azahares marchitos
ya nunca más seremos sumisas ni perfectas.
Perdón, madre, por las impertinencias
de gallinas viejas y copetudas
que sólo saben cacarearte bellezas
de hijas dóciles y anodinas.
Perdón, por no habernos quedado
donde nos obligaban la tradición
y el buen gusto.
Por atrevernos a ser nosotras mismas
al precio de destrozar
todos tus sueños.





Tilda Swinton en Las crónicas de Narnia


CUENTOS DE HADAS

Blancanieves se negó a ser sirvienta de los enanos,
y no le permitieron entrar a la casita.
La Cenicienta demandó por maltrato a su madrastra.
Sin escopeta no entro al bosque, dijo Caperucita,
después que el lobo la siguió por primera vez.
(Su abuela nunca abría la puerta sin asomarse antes.)
Piel de Asno se atrevió a denunciar el incesto de su padre.
La Sirenita no murió de amor. Tampoco se ilusionó
con que un príncipe se casaría con ella.
Cuando la Bella conoció a la Bestia, lo quiso tal cual era,
sin esperar milagros de ninguna clase.
Ricitos de Oro ni se atrevió a probar la sopa;
los osos la habrían devorado de inmediato.
La Princesa del Guisante no aceptó dormir
sobre tantos colchones, y les gritó que si dudaban
de su linaje, se fueran todos al infierno.
Alicia jamás viajó al País de las Maravillas
y la Bella Durmiente se acostó, aburrida,
porque nunca le permitieron hacer lo que quería.
Estos son los cuentos, hija mía.
La vida se encargará de contártelos.

de A cada quién la vida, 1993

FAIRY TALES

Snow White refused to be a servant for the dwarfs,
and was not allowed into their little house.
Cinderella sued her stepmother for abuse.
I won’t go into the woods without a shotgun, said Little Red Riding Hood
after the wolf followed her the first time.
(And her grandmother never opened the door without first looking out.)
Donkey Skin dared to denounce her father’s incest.
The Little Mermaid did not die of love, and had no illusions
that a prince would marry her.
When Beauty met the Beast, she loved him the way he was,
without expecting any kind of miracles.
Goldilocks didn’t even dare taste the porridge—
the bears would have eaten her immediately.
The Pea Princess refused to sleep
on so many mattresses, and screamed that if they doubted
her lineage they could all go to hell.
Alice never traveled to Wonderland,
and Sleeping Beauty fell asleep bored
because she was never allowed to do what she wanted.
These are the tales, my daughter.
Life will make sure you know them.

(Traducción al inglés de George Evans)

FIABE

Biancaneve rifiutò di fare la serva ai nani,
e non le permisero di entrare in casa.
Cenerentola denunciò per maltrattamenti la sua matrigna.
Senza fucile non entro nel bosco, disse Cappuccetto,
dopo che il lupo la seguì per la prima volta.
(La nonna non ha mai aperto la porta senza prima guardare).
Pelle d’Asino osò denunciare l’incesto di suo padre.
La Sirenetta non morì d’amore. Nemmeno si illuse
che un principe l’avrebbe sposata.
Quando la Bella incontrò la Bestia, lo amò com’era,
senza aspettare qualche tipo di miracolo.
Riccioli d’Oro non provò neppure ad assaggiare la minestra;
gli orsi l’avrebbero divorata all’istante.
La Principessa sul Pisello non accettò di dormire
sopra tanti materassi, e gridò che se dubitavano
del suo lignaggio, andassero tutti all’inferno.
Alice non viaggiò mai nel Paese delle Meraviglie
e la Bella Addormentata si coricò, annoiata,
perché non le permettevano mai di fare quello che voleva.
Queste sono le fiabe, figlia mia.
La vita si incaricherà di raccontartele.

(Versión al italiano extraída de acá)




Daisy Zamora 
(Managua, Nicaragua, 1950) 
Reside en San Francisco, EE.UU., desde 1997
POETA/ENSAYISTA/TRADUCTORA/PROMOTORA CULTURAL/PSICÓLOGA
más poemas traducidos al inglés en: LA BLOGA
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