La mujer escribe y eso es lo que importa










18 de agosto de 2015

Julia Álvarez, 3 poemas 3


Fotografía de Marta Bevacqua



Yo ya no filialmente y drapeada
sobre tu regazo,
sino más feroz, mujer, una extranjera
que ningunx de lxs dos conoce demasiado bien:
Red Riding Wolf*, como me he puesto
a llamarla a partir del popular libro
sobre las mujeres salvajes internas
que corren con los lobos.
Hasta ahora la mía no ha hecho
grandes progresos,
cada vez que sale sola,
la niña que lleva adentro se cansa,
la nena se queja que quiere irse a casa,
la heroína quiere a su héroe,
y toda yo termino
en la cama con vos!
Esta vez he venido a hablar
de mi transformación,
no segura de si va a resistir

* juego de palabras entre Red Riding Hood (Caperucita Roja) 
y wolf (lobo) (N. de T.)



I no longer daughterly and draped
across your lap,
but fiercer, womanly, a stranger
neither of us knows too well:
Red Riding Wolf, as I’ve grown
to call her after the popular book
about the inner wild women
who run with the wolves.
So far mine hasn’t made
much progress,
each time she sets off on her own,
the girl inside her tires,
the child whines for home,
the heroine wants her hero,
and all of me ends up
in bed with you!
This time I’ve come to talk
of my transformation,
unusure if it will hold





Fotografía de Cindy Sherman




CASTING

Porfirio nos llevó en el auto a Mami y a mí
al pueblo de montaña de la cocinera
a buscar una nueva muchacha para la despensa.
La cocinera le había dado a Mami el dato
de que su pueblo estaba lleno de chicas,
los hombres atraídos hacia las ciudades.
Anduvimos en el auto hasta el interior,
subiendo un camino empinado, serpenteante,
de rezá-tus-últimas-plegarias.
Me incliné hacia mi madre
como si mi peso pudiera llevar
el equilibrio del auto hacia el otro lado
de la caída vertical que había abajo.
Al final de la mañana entramos
en un polvoriento pueblo de chozas.
Mami bajó su ventanilla
y le preguntó a una mujer vieja,
¿Conoce alguna chica
buscando trabajo como sirvienta?
Pronto fuimos rodeadas
por una docena de señoritas.
Bajo la cantina de techo de paja
Mami llevaba a cabo las entrevistas—
una mezcla de preguntas personales
y tests de inteligencia tipo Esfinge.
¿Tenés hijos, un novio?
¿Le pegarías a un niño si te pegara?
Si te doy 25 centavos para comprar
bananas por dos por 5 centavos,
¿cuántas vas a traer?
Mientras ella entrevistaba yo estaba sentada al costado,
mirando a las chicas;
una de ellas estaría pronto
diciéndome qué hacer,
informando sobre mis inconductas.
La mayoría parecían bastante simpáticas,
haciéndose amigas mías con sonrisas,
exclamaciones sobre mi lindo pelo,
mi ser tan bonita.
Ésas eran las que yo prefería.
Las engañaría con miradas dulces,
mejoraría mi mala reputación.
Mientras entrevistábamos oíamos
al lado del arroyo que fluía cerca
una voz alta y clara cantando
una canción de cuna plañidera...
como si la luz del sol que llenaba
las corolas de las allamandas,
el cielo turquesa veteado
de nubes como plumas de ángel,
el arroyo goteando hacia abajo
por el verde esmeralda de la montaña
hubieran encontrado una voz en su voz.
Escuchamos.  La cara dura de
futura empleadora de Mami
se ablandó con una dulzura tranquila.
La voz se acercó, más alta—
una chica delgada con una canasta
de trapos retorcidos sobre su cabeza
pasó por el costado de la cantina,
ajena a nuestra presencia.
¿Quién es ella?, preguntó mi madre.
Gladys, contestaron las chicas.
¡Gladys!, llamó mi madre
como lo haría durante meses por venir.
¡Gladys, vení a llevarte los platos!
¡Gladys, atendé la puerta!
¡Gladys! la joven giró—
Abruptamente, su canto detenido.

(Publicado en The New Yorker, 12 de junio de 1995)



AUDITION

Porfirio drove Mami and me 
to Cook's mountain village 
to find a new pantry maid. 
Cook had given Mami a tip 
that her home town was girl-heavy, 
the men lured away to the cities. 
We drove to the interior, 
climbing a steep, serpentine, 
say-your-last-prayers road. 
I leaned toward my mother 
as if my weight could throw 
the car's balance away 
from the sheer drop below. 
Late morning we entered 
a dusty village of huts. 
Mami rolled down her window 
and queried an old woman, 
Did she know of any girls 
looking for work as maids? 
Soon we were surrounded 
by a dozen senoritas. 
Under the thatched cantina 
Mami conducted interviews-- 
a mix of personal questions 
and Sphinx-like intelligence tests. 
Do you have children, a novio? 
Would you hit a child who hit you? 
If I give you a quarter to buy 
guineos at two for a nickel, 
how many will you bring back? 
As she interviewed I sat by, 
looking the girls over; 
one of them would soon 
be telling me what to do, 
reporting my misbehaviors. 
Most seemed nice enough, 
befriending me with smiles, 
exclamations on my good hair, 
my being such a darling. 
Those were the ones I favored. 
I'd fool them with sweet looks, 
improve my bad reputation. 
As we interviewed we heard 
by the creek that flowed nearby 
a high, clear voice singing 
a plaintive lullaby... 
as if the sunlight filling 
the cups of the allamandas, 
the turquoise sky dappled 
with angel-feather clouds, 
the creek trickling down 
the emerald green of the mountain 
had found a voice in her voice. 
We listened. Mami's hard-line, 
employer-to-be face 
softened with quiet sweetness. 
The voice came closer, louder-- 
a slender girl with a basket 
of wrung rags on her head 
passed by the cantina, 
oblivious of our presence. 
Who is she? my mother asked. 
Gladys, the girls replied. 
Gladys! my mother called 
as she would for months to come. 
Gladys, come clear the plates! 
Gladys, answer the door! 
Gladys! the young girl turned-- 
Abruptly, her singing stopped.

(Publicado en The New Yorker, June 12, 1995)




Fotografía de Rebecca Miller



La Casa Blanca ha desinvitado a lxs poetas
al té cultural en honor a la poesía
después de que el Servicio Secreto se enteró de un complot
para llenar los oídos de Mrs. Bush con versos antibélicos.
¿Tenían miedo de que lxs poetas pudieran persuadir
a una muchacha sensible que siempre amó leer,
a una bibliotecaria que llena las estanterías con Poe
y Dickinson? O tenía miedo, ella misma,
de ser influida por las arrulladoras palomas, y vivir en desacuerdo
con los chillones halcones de su familia?

Las sirvientas latinas están guardando las tazas
y las cucharas de plata, tristes por perderse
la música* que rara vez pueden oír
en los sagrados salones... El valet suspira
mientras enrolla las alfombras y pasa el plumero a las persianas.
¡Maldición, un poco de Langston sería bueno
en este lugar triste como un mausoleo!
¿Por qué tiene que ser tan blanca la Casa Blanca?
El chef de Baton Rouge está hambriento de versos
no censurados por Seguridad Nacional.

¡NO HAY POESÍA HASTA NUEVO AVISO!

En cambio los salones son aspirados y preparados
para reuniones a puertas cerradas que planean un ataque
contra aquellxs que siempre llevan la peor parte
del silenciamiento: lxs pobres, lxs desamparadxs,
lxs que sirven, lxs que portan poemas, no armas.
¿Entonces por qué temernos, Mrs. Bush?
usted está casada con un tipo más temible.
Le traemos noticias de gran júbilo—
no sólo paz sino poesía sobre la tierra.

(escrito al enterarse de que Laura Bush canceló un té para poetas 
después de escuchar que algunos de ellos planeaban protestar contra la guerra en Irak)

* en castellano en el original (N. de T.)



The White House has disinvited the poets
to a cultural tea in honor of poetry
after the Secret Service got wind of a plot
to fill Mrs. Bush’s ears with anti-war verse.
Were they afraid the poets might persuade
a sensitive girl who always loved to read,
a librarian who stocked the shelves with Poe
and Dickinson? Or was she herself afraid
to be swayed by the cooing doves, and live at odds
with the screaming hawks in her family?

The Latina maids are putting away the cups
and the silver spoons, sad to be missing out
on música they seldom get to hear
in the hallowed halls. . . The valet sighs
as he rolls the carpets up and dusts the blinds.
Damn but a little Langston would be good
in this dreary mausoleum of a place!
Why does the White House have to be so white?
The chef from Baton Rouge is starved for verse
uncensored by Homeland Security.

NO POETRY UNTIL FURTHER NOTICE!

Instead the rooms are vacuumed and set up
for closed-door meetings planning an attack
against the ones who always bear the brunt
of silencing: the poor, the powerless,
the ones who serve, those bearing poems, not arms.
So why be afraid of us, Mrs. Bush?
you’re married to a scarier fellow.
We bring you tidings of great joy—
not only peace but poetry on earth.




Julia Álvarez (Nueva York, EE.UU., 1950)
Reside en Vermont
POETA/ENSAYISTA/ESCRITORA
Medalla Nacional de las Artes y Humanidades, 2014
Traducción de Gabriela Adelstein
su WEB

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...