La mujer escribe y eso es lo que importa










24 de agosto de 2015

Kait Rokowski, Un buen día (+1)


Fotografía de Rebecca Miller


UN BUEN DÍA

Ayer me gasté 60 dólares en comida,
cogí el autobús de vuelta a casa,
cargando las bolsas con dos buenos brazos hasta mi estudio
y me hice la cena.
Tú y yo puede que tengamos definiciones diferentes de lo que es un buen día.
Esta semana pagué el alquiler y la factura de mi tarjeta de crédito,
trabajé 60 horas entre dos trabajos, 
solo vi el sol en los descansos para fumar,
y dormí como una roca.
Usé hilo dental por las mañanas,
cerré la puerta con llave,
y me acordé de comprar huevos. 
Mi madre está orgullosa de mí.
No es el tipo de orgullo del que regodearse en el campo de golf.
No se puede competir con temas como "mi hija ha entrado en Yale"
con "ah, sí, mi hija se ha acordado de comprar huevos"
Pero está orgullosa.
Y es que, se acuerda de lo que vino antes de esto.
Las semanas en las que se me olvidó cómo usar mis músculos,
como me quedaba tan callada como la niebla espesa durante semanas.
Pensaba que cada llamada desde un teléfono desconocido sería la noticia de
mi suicidio.
Esos fueron malos días.
Mi vida era un regalo que quería devolver. 
Mi cabeza era una casa con grifos que gotean y bombillas fundidas.
La depresión es una buena amante.
Tan atenta; tiene una manera innata de hacer que todo tenga que ver contigo.
Y es difícil olvidar que tu habitación no es el mundo,
que las sombras oscuras que lanza tu dolor no son iluminación romántica.
Es más fácil quedarse en esta relación abusiva que solucionar los problemas que ha creado.
Hoy he dormido hasta las 10,
fregado cada plato que tengo,
discutido con el banco,
hecho papeleo.
Tú y yo puede que tengamos diferentes definiciones de lo que es ser adulta.
Yo no trabajo por un sueldo, no terminé la universidad,
pero ya no hablo por otros,
y no me arrepiento de nada por lo que puedo genuinamente pedir perdón.
Y mi madre está orgullosa de mí.
Quemé una casa de depresión,
pinté sobre murales de tonalidades grises,
y fue difícil reescribir mi vida en una que quisiera vivir
Pero hoy, quiero vivir.
No he salivado al pensar en cuchillos afilados,
ni envidiado al chico que saltó desde el puente de Brooklyn.
Simplemente he limpiado el baño,
puesto la lavadora,
llamado a mi hermano.
Y le he dicho "ha sido un buen día".

(Traducción de Nines B. Rodríguez)



A GOOD DAY

Yesterday, I spent 60 dollars on groceries,
took the bus home,
carried both bags with two good arms back to my studio apartment
and cooked myself dinner.
You and I may have different definitions of a good day.
This week, I paid my rent and my credit card bill,
worked 60 hours between my two jobs,
only saw the sun on my cigarette breaks
and slept like a rock.
Flossed in the morning,
locked my door,
and remembered to buy eggs.
My mother is proud of me.
It is not the kind of pride she brags about at the golf course.
She doesn’t combat topics like, ”My daughter got into Yale” 
with, “Oh yeah, my daughter remembered to buy eggs”
But she is proud.
See, she remembers what came before this.
The weeks where I forgot how to use my muscles,
how I would stay as silent as a thick fog for weeks.
She thought each phone call from an unknown number was the notice of my suicide.
These were the bad days.
My life was a gift that I wanted to return.
My head was a house of leaking faucets and burnt-out lightbulbs.
Depression, is a good lover.
So attentive; has this innate way of making everything about you.
And it is easy to forget that your bedroom is not the world,
That the dark shadows your pain casts is not mood-lighting.
It is easier to stay in this abusive relationship than fix the problems it has created.
Today, I slept in until 10,
cleaned every dish I own,
fought with the bank,
took care of paperwork.
You and I might have different definitions of adulthood.
I don’t work for salary, I didn’t graduate from college,
but I don’t speak for others anymore,
and I don’t regret anything I can’t genuinely apologize for.
And my mother is proud of me.
I burned down a house of depression,
I painted over murals of greyscale,
and it was hard to rewrite my life into one I wanted to live
But today, I want to live.
I didn’t salivate over sharp knives,
or envy the boy who tossed himself off the Brooklyn bridge.
I just cleaned my bathroom,
did the laundry,
called my brother.
Told him, “it was a good day.”

(para ver el VIDEO)



Fotografía de Rebecca Miller




B O N U S  T R A C K


Nada acaba poéticamente.
Se termina y entonces la convertimos en poesía.
Toda esa sangre no fue una vez hermosa.
Fue solo roja.



Nothing ever ends poetically.
It ends and we turn it into poetry.
All that blood was never once beautiful.
It was just red.





Kait Rokowski (Maine, EE. UU.) 
Reside en Brooklyn
para leer MÁS
su BLOG


4 comentarios:

jordim dijo...

Genial, mucho para subrayar.

Andrian Rahelza dijo...

hola, encantado de poder visitar su blog, veo un gran potencial para trabajar en el mundo de los blogs. Su atención a los detalles de los detalles de diseño y el contenido de su escrito. No puedo decir nada, me sorprendió que
Obat Tumor Otak Tradisional

una chica de ojos marrones dijo...

impresionante!! no te puedo decir mas...

Miriam Tessore dijo...

Si Jordim, demasiado, pero necesario.
Estouy muy feliz de haberla encontrado y que Nines nos ayude a comprender en su plenitud su poesía.
Ansiosa también por otras traducciones :)
Un abrazo

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