La mujer escribe y eso es lo que importa










22 de agosto de 2015

Keren Escobar, Sueño...


Grace Linh, fotografía de Marta Bevacqua


Sueño, despierto, no me encuentro ni entiendo, segundos después reacciono, me recuerdo e intento no morir de tristeza, no puedo levantarme, antes debo de llorar 10 minutos, meditar 20, y como que hubiera envejecido de súbito 10 años, me levanto arrastrando extremidad por extremidad hasta entrar a la realidad, voy al bosque, el bosque me atrapa y dejo que lo haga, corro hacia abajo y gateo para arriba, me lleno de oxígeno hasta marearme y esfuerzo mi corazón con cardio para que tenga otra sensación y no la de los últimos días, sin embargo a los lejos, en lo más recóndito, mi alma sigue enajenada. 

Bebo pociones inventadas por mi desesperación: té de limón con hojas de amapola y flores de bugambilia, algunas rajas de canela y telas de araña que vienen gratis incluidas en las plantas. El limón me sirve para ya no sentir tu olor, la amapola para calmar mis nervios y la ansiedad, la bugambilia me ayuda con los dolores de cabeza, la canela me deja sabor en la boca, esta boca tuya que no responde ya a otros sabores, y las tela de araña dicen que van directo al corazón a remendar pequeños agujeros, pero el té dura minutos nada más, después, todos los síntomas vuelven uno por uno, por orden estricto, agitación en el pecho, palpitaciones fuertes, dolor de cabeza, alucinaciones contigo, tu voz llamándome, mi boca besándote, y tu imagen estática abusivamente colocada entre mis ojos, no se mueve, no cambia, llevas puesto la camiseta que detesto la rayada de negro con rojo, el último corte de pelo que palpe y los ojos muy brillosos y despiertos, te reís conmigo, me decís cosas que no entiendo, reacciono y sigo en lo que estoy, tendiendo la cama o peinándome, y a los pocos minutos el hechizo se repite.




Keren Escobar 
(Quetzaltenango, Guatemala, 1991)
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