La mujer escribe y eso es lo que importa










11 de noviembre de 2015

Alberto Tesán, 3 poemas 3 (+1)


Fotografía de Peter Lindbergh



EN LAS HORAS OSCURAS
                              
                             Para Juan

Nos hemos traicionado. En el suelo reposa
La sangre y ha cesado el viento tras la puerta.
No hay valor para más.
Queda el desencanto de una vida vulgar
Que nunca pretendimos y una felicidad 
Pulcra y domesticada.
El mundo nos revela sus límites precisos:
Las paredes sombrías de esta casa, los labios
Manchados de ceniza son vestigios del tiempo,
El rastro cotidiano que esparce la costumbre.
Nos sabemos extraños y el engaño nos duele,
Como duelen las noches pasadas en silencio
Mirando de soslayo el contorno de un cuerpo
Que no reconocemos y que un día fue nuestro.
Nos hemos traicionado
Y pagamos el precio de nuestra cobardía
Con la sangre cansada que nos mantiene muertos.

(de El mismo hombre, Editorial Pre-Textos, 1996)






Anjelica Huston en 1974




MUJER FATAL

Parecía estar diciendo la verdad,
aunque esto no quiere decir siempre gran cosa
cuando se trata de mujeres,
sobre todo de mujeres con los ojos azules.
DASHIELL HAMMETT

Tiene un poco de puta y niña virgen.
Muchos han encontrado consuelo entre sus piernas
y algunos la han seguido frecuentando
como ovejas histéricas de alguna secta apocalíptica.
Ha habido valientes que la han dejado a tiempo
y otros cuyas monedas no han servido a sus ojos.
Puede envolvernos en un mundo hospitalario
a fuerza de palabras y miedos compartidos
-con ella a nuestro lado la vida duele menos-.
Es un alucinógeno inyectado en la sangre,
una viagra contra la tristeza,
no respeta horarios ni costumbres
y se vuelve celosa con los años.
Hay que tratarla con esmero,
aunque sin falsos artificios de obseso formalista.
Detesta los ropajes muy manidos
y se excita, a menudo, con el riesgo
que nace de la claridad.
Baja la voz entonces para hablar de lo que importa
-esos pequeños accidentes de nuestra geografía-
sin verdades sonoras que dicten un camino
plagado de gurús iluminados.
Yo la prefiero así,
desnuda de perfumes fastuosos,
peligrosa y salvaje como una perra herida,
buscando en la maleza de las calles
un corazón helado que sangre entre sus dientes.




Fotografía de Peter Lindbergh



AVISO

Con las piernas abiertas el mundo te sonríe
y yo muero de tanta ternura derramada
has quemado el dinero y toda mi paciencia,
pero te dejo hacer, segura entre las sábanas
con algún muchachito aspirante a poeta.
Empiezan a cansarme, sin embargo, las lágrimas
que sirven de chantaje en el peor momento,
y esa pose tan tuya de niña maltratada
que exhibes en tertulias con tanto desparpajo.
No te engañes, cariño, los años no perdonan.
Y tu edad es la edad brumosa del dolor.
Está cercano el día en que te sientas sola,
escuchando, a oscuras, la voz rota de Joplin.
Entonces no me llames, ni busques mi consuelo.
He aprendido a tu lado, a ser obedecido.
Cuando marques mi número y suenen tus disculpas
estaré celebrando tu piel envejecida
con la primera nínfula que sepa lo que busco:
la sumisión total a todos mis caprichos.

(de Piedras en el agua, Pre-Textos, 2003)





Fotografía de Jean-François Lepage




B O N U S  T R A C K



LA CULPA DE TODO

Recién amanecido,
lo repites delante del espejo.
Escuchas los eructos del vecino,
su brillante monserga escatológica.
Te humedeces el rostro
con agua muy caliente
hasta que no soportas el dolor,
y ahora lo repites en voz alta:
No puede estar pasando.
Ella abre la puerta y te contempla.
No dice nada, se baja las bragas,
se sienta, y comienza a orinar.
El sonido te irrita.
Deseas que se vaya.
Cuando acaba, se rasca la cabeza,
se incorpora, y desaparece.
Entonces, piensas en sus labios,
piensas en vuestras vidas,
piensas, no puedes evitarlo,
en piedras y cuchillos.
Vuelves a repetirlo:
No puede estar pasando.
Regresas a la cama
y se hace la dormida.
Introduces tus dedos en su sexo.
Está mojada.
La penetras con fuerza,
hasta que te derramas.
Ella gime, te pide más.
Pero no puedes dárselo.
Está llorando cuando te retiras.
No importa. Todo pasa.
El dinero. La culpa es del dinero.

(inédito)




Alberto Tesán 
(Santa Perpètua de Mogoda, Barcelona, 1971)
Reside en Zaragoza
para leer más en: LAS AFINIDADES SELECTIVAS


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