La mujer escribe y eso es lo que importa










28 de noviembre de 2015

Denise Duhamel, Cuatro horas



Fotografía de Amelia Fletcher



CUATRO HORAS

Mi hermana va a buscar sus hijas a la parada del colectivo
desde que una nena de nueve años del barrio
fue engañada y subida a un auto por un hombre
que le dijo que había atropellado a un gatito ahí cerca.
Su cuento era que la pequeña bola de piel
se había metido en algún lugar cerca de las vías
y necesitaba otro par de ojos para encontrarlo.
La nena era inteligente y le habían enseñado
todo lo que los grandes creían que tenía que saber
incluso lo peor sobre los extraños, pero quería
ser veterinaria cuando sea grande.
Y el hombre parecía que había estado llorando.
"Tuvo a esa chiquita en el auto cuatro horas",
me dice mi madre, mi madre que le cortaría las bolas
si tuviera la oportunidad. Suena harta, de clase media,
cuando lo dice, y quiero decir "no",
pero también comparto lo que siente. Mi padre
piensa que el violador merece algo peor, que lo maten de un tiro
sin hacerle preguntas. Mi cuñado tiene un revolver,
y mi hermana sabe que lo usaría si alguien tratara de tocar
a sus hijas, mis sobrinas, las nietas de mis padres.
Cuatro horas es más tiempo que algunas sesiones dobles de cine,
más tiempo que algunos vuelos de cabotaje,
más tiempo que una tarde entera en la escuela primaria.
Nada es más lento que el tiempo cuando tenés nueve años,
nada es más frágil que la confianza.
El violador tiró a la nena frente a una pizzería
donde los empleados llamaron a una ambulancia.
Antes de esto, mis sobrinas caminaban distancias cortas a casa
y protestan, quieren saber por qué no pueden hacerlo más.
Al violador-escolar no lo han agarrado,
pero los rumores de segundo y quinto grado no son tan aterradores.
Mi hermana se pregunta cómo decírselo a sus hijas,
a ellas les encantan los animalitos y solo quieren ayudar.


FOUR HOURS

My sister picks up her daughters at the bus stop
ever since a nine-year-old girl from the neighborhood
was coaxed into a car by a man
telling her he'd hit a kitten down the road.
His story went that the small ball of fur
ran somewhere near the railroad tracks
and he needed an extra pair of eyes to find it.
The girl was smart and had been taught
everything grownups thought she'd have to know
about even the worst of strangers, but she wanted
to be a veterinarian when she grew up.
And the man looked as though he'd been crying.
"He had that child in the car four hours,"
my mother tells me, my mother who would cut off his balls
if she had the chance. She sounds fed up, middle-class,
when she says it, and I want to say "no,"
but I too share her sentiment. My father
thinks the rapist deserves worse, to be shot dead --
no questions asked. My brother-in-law has a gun,
and my sister knows he'd use it if anyone tried to touch
their daughters, my nieces, my parents' grandchildren.
Four hours is longer than some double features,
longer than some continental plane rides,
longer than a whole afternoon in grade school.
Nothing is slower than time when you're nine years old,
nothing is more fragile than trust.
The rapist dropped the girl off at the pizza parlor
where the men who worked there called an ambulance.
Before this, my nieces walked the short distance home
and they protest, wanting to know why they can't anymore.
The after-school rapist hasn't been caught,
but the second and fifth grade rumors aren't terrifying enough.
My sister wonders how to tell her daughters,
who love small animals and only want to help.

University of Pittsburgh Press, 2001)




Denise Duhamel 
(Woonsocket, Rhode Island, EE.UU., 1961)
de Reina por un día, Ediciones Recovecos, 2013
Traducción y prólogo Rossana Álvarez
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1 comentario:

una chica de ojos marrones dijo...

brutal!!
impresionantes los dos últimos versos!!
gracias como siempre!!
besotes y buen finde!!

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