La mujer escribe y eso es lo que importa










29 de noviembre de 2015

Denise Duhamel, Para el único hombre al que le gustan mis piernas


Fotografía de Jana Romanova




PARA EL ÚNICO HOMBRE AL QUE LE GUSTAN MIS PIERNAS

Estaba esa crema carísima de Francia
que prometía que los pocitos desaparecerían
si se aplicaba cada noche en las zonas problemáticas.
Entonces, cuando eso no funcionó, Kiko, la masajista
del spa Profile Health, hundió sus pulgares
hondo en mi carne mientras explicaba
en términos cuasi científicos que sus manos ásperas
podían quebrar los glóbulos de celulitis más duros.
Grité, luego me llené de moretones, pero no pasó
nada más. Cuando se curaron, mis piernas todavía parecían
un pastel de tapioca. Estaba el método del palo de amasar
que probé cuando estaba en séptimo grado,
amasando mis piernas con bultos como si hiciera pan.
Rodillas de Ricota, Piernas Poderosas
-escuché de todo- bajo el disfraz de chiste,
bajo el paraguas chorreando simulando afecto.
Aprendí a elegir vestidos largos
y calzas oscuras de lana, bermudas a media pierna en lugar de mini-shorts,
y, cuando me podía salir con la mía, trajes de baño con pollerita.
El nutricionista dijo que tal vez las tabletas de gelatina Royal
quebrarían la grasa. Tomé ocho vasos
de agua todos los días durante un mes. No comí nada
más que bife por una semana. Tenía que seguir todos los consejos,
por miedo a que si no lo hacía, mis piernas
iban a ser culpa mía de verdad. La lipoaspiración
costaba mucho. Los shorts de aluminio
para transpirar de la propaganda de Redbook
no funcionaron. Natación, cinta, glúteos.
Da vergüenza, especialmente siendo feminista.
Me preguntaba si Andrea Dworkin había dejado de preocuparse,
y cómo. Si Gloria Steinem hace aerobics,
afirmando que es sólo para divertirse.
Entonces leí un libro de autoayuda:
si aprendés a apreciar tus piernas, ellas te apreciarán
también. Aunque no fue amor a primera vista,
de verdad traté de agradecer a mis piernas por subirme nueve pisos
el día que el ascensor del trabajo no andaba,
por su impulso rápido que me propulsó
a través de las puertas del subte que se cerraban
para que no llegara tarde a una película;
por sostener a mis sobrinas que hacían caballito, una
en cada pierna, sus cabezas hundiéndose en mi falda.
Creo, en realidad, que fue en ese momento
de ser tía que me olvidé por un instante
de los dilemas con mis piernas y empecé, más plenamente,
como dicen, a disfrutar de la vida. Así que cuando un tiempo después
resultó que me enamoré, y como un plus,
el hombre dijo que le gustaban mis piernas, no tendría que haberme
mostrado tan sorprendida. Al principio estaba segura que había oído mal,
que le gustaban los viernes, que decía cosas muy tiernas,
o tal vez que se moría de ganas de comer un pernil.
Y no era muy fácil decir como si nada oh, gracias
después de haberlo hecho repetir. Seguí preguntándole
si estaba seguro, después esperaba un remate
como algún chiste malintencionado sobre las piernas.
Pasé mis dedos sobre sus pantorrillas, bronceadas y firmes,
con hermosos músculos ondeando hacia atrás.
No tenía sentido como el amor no tiene sentido.
Luego tuvo todo el sentido del mundo.


FOR THE ONE MAN WHO LIKES MY THIGHS

There was the expensive cream from France
that promised the dimples would vanish
if applied nightly to the problem spots.
Then, when that didn't work, Kiko, the masseuse
at Profile Health Spa, dug her thumbs
deep into my flesh as she explained
in quasi-scientific terms that her rough hands
could break up the toughest globules of cellulite.
I screamed, then bruised over, but nothing
else happened. When they healed, my legs still looked
like tapioca pudding. There was the rolling pin method
I tried as far back as seventh grade,
kneading my lumpy legs as though I was making bread.
Cottage Cheese Knees, Thunder Thighs --
I heard it all -- under the guise of teasing,
under the leaky umbrella mistaken for affection.
I learned to choose long dresses
and dark woolen tights, clam diggers instead of short-shorts,
and, when I could get away with it, skirted bathing suits.
The nutritionist said that maybe Royal Jelly tablets
would break up the fat. I drank eight glasses
of water everyday for a month. I ate nothing
but steak for a week. I had to take everyone's advice,
fearing that if I didn't, my thighs
would truly be all my own fault. Liposuction
cost too much. The foil sweat-it-out
shorts advertised in the back of Redbook
didn't work. Swimming, walking in place, leg lifts.
It's embarrassing, especially being a feminist.
I wondered if Andrea Dworkin had stopped worrying,
and how. If Gloria Steinem does aerobics,
claiming it's just for her own enjoyment.
Then I read in a self-help book:
if you learn to appreciate your thighs, they'll appreciate
you back. Though it wasn't romance at first sight,
I did try to thank my legs for carrying me up nine flights
the day when the elevator at work was out;
for their quick sprint that propelled me
through the closing doors of the subway
so that I wouldn't be late for a movie;
for supporting my nieces who straddled, one
on each thigh, their heads burrowing deep into my lap.
I think, in fact, that it was at that moment
of being an aunt I forgot for an instant
about my thigh dilemma and began, more fully,
as they say, enjoying my life. So when it happened later
that I fell in love, and as a bonus,
the man said he liked my thighs, I shouldn't have been
so thoroughly surprised. At first I was sure I'd misheard --
that he liked my eyes, that he had heard someone else sigh,
or that maybe he was having a craving for french fries.
And it wasn't very easy to nonchalantly say oh, thanks
after I'd made him repeat. I kept asking
if he was sure, then waiting for a punch
line of some mean-spirited thigh-related joke.
I ran my fingers over his calf, brown and firm,
with beautiful muscles waving down the back.
It made no sense the way love makes no sense.
Then it made all the sense in the world.

University of Pittsburgh Press, 2001)




Denise Duhamel 
(Woonsocket, Rhode Island, EE.UU., 1961)
de Reina por un díaEdiciones Recovecos, 2013
Traducción y prólogo Rossana Álvarez
para leer MÁS


2 comentarios:

cantireta dijo...

Hola!

Yo también caí rendida a esta poeta tan original, y traduje este original poema en mi blog, cantireta.blogspot.com.

Lo podréis encontrar si escribís "cantireta denise duhamel" en Google.

Gracias!

Saludos afectuosos,

Montserrat Aloy, "cantireta"

una chica de ojos marrones dijo...

este es uno de esos maravillosos "momentos espejo" que la poesía nos da...
no sabes como me he visto entrelíneas... esos complejos y ese encontrar a ese quien que nos dice justo lo que no esperábamos escuchar...
besotes!!!

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