La mujer escribe y eso es lo que importa










9 de febrero de 2016

Paula Bozalongo, 2 poemas 2


Fotografía de Mariam Sitchinava




ACTA DE INOCENCIA

                                    Para Lucía

Tan lejos de ser madre
me siento menos hija algunas veces.
Antes de descubrir un horizonte firme
y no poder hablarte
desde el cable de acero
sobre el que tiemblo ahora,
quiero firmar un acta de inocencia.
De alguien que titubea en una línea fría
entre el azul y el suelo,
para el baile futuro de tus pasos.
Granada, doce de mayo de dos mil catorce.
De una mujer que a veces duele,
otras veces repara
en las sombras etéreas de su lucha,
respira y vence al miedo,
grita cuando comprueba algunas tardes
que hizo mucho más de lo que se esperaba:
ha clavado en la tierra
el cuchillo triunfante
de todos los testigos
del error que no fue.
En el torpe equilibrio que nos lleva
de mis veinte a tus veinte:
todo duele.
El tiempo que no cura escuece más,
le lleva la contraria a las heridas,
se aleja siempre de las cicatrices,
y camina hacia dentro.
Más lejos de la piel
y más cerca de ti.
Si lamentas un beso,
vuelve a besar tan pronto como puedas.
Si te duele un silencio,
escribe mientras buscas la razón del oyente.
Si el silencio fue solo la respuesta del otro,
                                                        respira.
No hay mensaje capaz de callar para siempre
y la quietud total solo es posible en corazones mudos.



Fotografía de Mariam Sitchinava




POÉTICA CONTIGO

Estaba convencida
de que un poema surge
casi de cualquier cosa.
Y, si pensaba en ti,
no encontraba palabras.
Renunciar a esa idea
era perder la lluvia,
y la luz, las ventanas,
renunciar al invierno
como fuente de imágenes,
destrozar las ciudades y los mapas
y no poder hablar de besos sin esquinas,
de tardes con tristeza
y de paseos que nunca
suceden en Madrid.
Debería hablar del tiempo que se escapa
y convertir las trazas en lugares inhóspitos
que transitas sonámbulo
donde no existen gritos ni silencio.
Cómo son los caminos que te alejan de nada.
Para hablar del tiempo
y ser su espanto eterno,
con la grandilocuencia
de quien cree conocer alguna dimensión
invisible a mis ojos,
tendría que olvidar
que el espacio sucede en los relojes:
en las horas que pasan más deprisa
si mis manos se enredan
a esa sonrisa triste que te aleja del mundo
y en los gestos que
nacen con versos hilvanados
a su intención ausente.
Ahora he vuelto al principio.
Quise hablar de casi cualquier cosa
y ha caído la noche en el poema
como un objeto limpio
que ilustra mis temores,
que vuelve a hablar de mi,
pero contigo.




Paula Bozalongo (Granada, España, 1991)
para leer más en: CÍRCULO DE POESÍA
extraídos de: VERSO BLANCO
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...