La mujer escribe y eso es lo que importa










9 de abril de 2016

Kait Rokowski, Cómo curar a una feminista

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CÓMO CURAR A UNA FEMINISTA

¿Alguna vez encontraste una señorita joven y linda en el bar, esa clase de pintas que huelen a distancia a mujer florero o a chica escaparate, ese tipo de piel que está pidiendo a gritos ser desabrochada, sólo para acabar descubriendo que ella es una mujer empoderada? Bueno, ¡sal del shock, amigo mío! No más sigue estos simples pasos para curar a tu feminista.

Paso 1: Sedúcela. Hazlo fingiendo que te preocupas por las mujeres. Ejemplo: Sustituye la palabra “tetas” por la palabra “igualdad” y reanuda la conversación tranquilamente. “Me encanta la igualdad.  Ojalá las mujeres no tuvieran que esconder su igualdad. Me muero de ganas por esnifar cocaína directamente de la igualdad de cualquier chica borracha hasta el culo.”

Paso 2: abre sus ojos. Las chicas están diseñadas básicamente para que se les pueda lavar el coco fácil, fue así como se volvieron feministas en primera instancia, demasiada mujer de convicciones férreas en su pasado, o algo así. Dale la vuelta a ese pequeño y asqueroso hábito con mensajes subliminales. Ejemplo: Sitúa una barra de labios en tu botiquín de primeros auxilios. Muy pronto, ella se sentirá incompetente frente a la mujer con la que tú estás presumiblemente poniéndole los cuernos. Eso la convencerá y por tanto la forzará a actuar como una chica más civilizada, sumisa.

Paso 3: Trátala bien. O sea, para, no nos volvamos locos aquí, tú no necesitas tratarla bien de verdad, pero si le compras cosas a la vez que, tranquilamente, vas despreciando sus botas militares y su Ford Explorer, ella muy pronto empezará a entender eso como condicionamiento positivo, igual que un perro. Muy pronto, cuando la insultes, ella te pedirá que pagues la cuenta.

Paso 4: Ponla en una dieta de cigarrillos y laca hasta que su cintura tenga el tamaño del hueso de una manzana. Dile que nunca antes ha estado tan deslumbrante.

Paso 5: Compra una vitrina de trofeos. Necesitarás un lugar para almacenar su hueso pélvico o su himen intacto.

Paso 6: Muéstrale de qué eres capaz. Llega a casa cubierto de la sangre de otro hombre, con pedazos de sus músculos colgando de tus dientes, oblígale a limpiar los restos.

Paso 7: Constrúyele un búnker. Dile que el mundo no está preguntándose donde está, fabrícale un collar de perra a partir de pedazos de cristales rotos, guárdala bien y bajo llave como al buen vino*.

Paso 8: Dale un nuevo nombre. Primero susúrraselo en la curva de su cuello hasta que sus músculos lo hayan integrado para siempre en su memoria. Después grítaselo en el corazón de su habitación hasta que el eco se le aparezca en sus sueños. Por último, grábalo con tus uñas en su espalda mientras la follas, como si estuvieras marcando a fuego tu ball-gag** favorita. Está probado que nada es sagrado, que no hay columna vertebral tan firme que no pueda quebrarse en sumisión, que toda capa de piel puede ser desgarrada, nada importó jamás antes de esto. Ella ni siquiera existía antes de ti.




HOW TO CURE A FEMINIST

Ever find a pretty little lady at a bar, the type of look that screams of arm candy, the type of skin that longs to be unzipped, only to find out that she’s an empowered woman? Well, woow no longer, man friend! Just follow these simple steps to cure your feminist.

Step 1: win her over. Do this by pretending you care about women. Example: replace the word tits with the word equality and resume normal conversation. “I love equality. I wish that women didn’t have to hide their equality. I really wanna snort cocaine off of some drunk girl’s equality.”

Step 2: open her eyes. Girls are basically designed to be brainwashed, it’s how they became feminists in the first place, too many strong willed women in their past or something. Reverse this nasty little habit with subliminal messaging. Example: place a tube of lipstick in your medicine cabinet. She will soon feel inadequate to the woman you are presumably cheating on her with. This will convince her, nay force her, into acting like a more civilized, submissive girl.

Step 3: treat her right. Now, let’s not get crazy here, you don’t actually have to treat her right but if you buy her things while you quietly undermine her Ford Explorer and combat boots, she will start to think of this as positive reinforcement, like a dog. Soon, when you insult her, she will ask you to pick up the check.

Step 4: put her on a diet of cigarettes and hairspray until her waist is an apple core. Tell her she has never looked more ravishing.

Step 5: buy a trophy case. You will need a place to store her pelvic bone and the pre notch bed post.

Step 6: show her what you are capable of. Come home covered in another man’s blood, dragging a chunk of his muscle in your mouth, make her clean up the mess.

Step 7: build her a bomb shelter. Tell her the world is not wondering where she is, fashion a dog collar out of broken glass, lock her up like the good licker.

Step 8: give her a new name. First whisper it in the crook of her neck until her muscles have committed it to memory. Then shout it in the belly of her bedroom until the echo haunts her sleep. Finally scratch into her back while you fuck her, like branding your favorite ball gag. It is proof that nothing is sacred, that no backbone is too straight to be snapped into submission, that every layer of skin can be clawed of, nothing before this mattered. She never even existed without you.


Respuesta crítica a un artículo real de la revista Maxim 
con el susodicho título ("How to cure a feminist")








Kait Rokowski (Maine, EE. UU.) 
Reside en Brooklyn
Traducción de Carmen Callejo
para leer MÁS
su BLOG
*Juego de palabras. En inglés “like the good licker” (“como la que la chupa bien”), que suena muy similar a “like the good liquor” (como el buen licor), que es aquel que se almacena sólo por mucho tiempo.
** Ball-gag, mordaza de bola, instrumento BDSM para tapar la boca a la “víctima”.
(*) "quand on parle dúne femme, la véryté est plus terrible que la calomnie" /cuando se habla de una mujer, la verdad es más terrible que la difamación
Obra de Annette Messager (Berck, Francia, 1943)
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