La mujer escribe y eso es lo que importa










10 de mayo de 2016

Alfonsina Clariá, A cinco voces


Lis Funes/Johana Altamirano/Carina Drigani/Celeste Luciana Montes (LVI)



A CINCO VOCES

Las mujeres de mi país llevan sobre los hombros un yugo;
Su corazón pesado y lento oscila entre esos dos polos;
A cada paso, dos grandes baldes de leche chocan
Uno con otro contra sus rodillas…

Marguerite Yourcenar

                                                                                 
Primera voz:

Es como ver desatarse la tormenta,
oír el estallido de los vidrios
de toda la casa. Es así cada día,
esperar la visita del espanto. 
Algunos días, no. Y entonces, 
lo mejor es dormirse cuanto antes. 
Cerrar los ojos, no ver,
no respirar. Agradecer que el sueño 
abrigue por esta noche, 
agradecer que aún no llega 
la hora más negra. 

La confianza es un insecto 
escurridizo,
fácil de aplastar. Y yo,
otro insecto, 
arrastrándome en la sombra. 

Todos los días, busco,
después la tormenta,
bajo los árboles, 
pájaros caídos, 
restos del desastre.
El único sobreviviente 
es el pánico.


Segunda voz:

Siempre fue así; 
nadie lo va a cambiar.
Esta herida tiene siglos: 
el puño de mi padre,
la sangre de mi madre…
Y nadie ve,
y nadie grita,
y el río crece.
Después de la demolición,
viene el silencio, 
la vergüenza es el pan de cada día.
Nadie que mire a los ojos.
Y yo,
dónde voy a vivir,
ni un techo tengo.
Rabia, impotencia,
culpa: para qué le digo que no,
para qué lo hago enojar,
si yo ya sé.
Los chicos quieren el televisor,
la comida, la comodidad,
las zapatillas, el celular.
Paciencia. Una costilla rota,
el tabique quebrado;
para los que tienen con qué 
es fácil separarse.
Concedo el perdón,
acepto, como si fuera un ramo 
de palabras decrépitas
la promesa ajada: “Y dale, 
cortala, no es para tanto”.

No doy más. ¿Adónde voy a ir?

Me caí de la escalera
digo en el trabajo;
soy distraída.
Las mentiras me van a matar,
la indiferencia 
del que quiere creer 
o no le importa
o no sabe 
o no se mete
y duerme tranquilo,
entre paredes mullidas.

Mañana o pasado 
ya no me va a doler tanto.
Y seguimos así. 
Sí, mi amor, seguimos...


Tercera voz:

Otra vez dice 
que se cayó de la escalera,
que es torpe,
distraída. Y… puede ser,
qué se yo. 
Mientras no llegue tarde...
Estoy apurada.
Mejor no preguntar.
No es mi asunto. Demasiado tengo
con lo mío.


Cuarta voz

Mi vida es un pasaje del olvido,
breve estío, raudamente desolado.
Y aunque yo no tengo
ni siquiera un llanto propio
(para llorar hay que tener un cuerpo 
y yo no tengo uno, sólo este
trozo de camino malherido
que otros han andado),
a pesar de eso, he venido…

Las manos de mi amor
me han forjado una mortaja.
Voy gastándome el vivir
casi enterrada.

Es lento el tiempo que se desteje
cuando agoniza la esperanza.

Hace siglos sepulté lo que soñamos.


Nuestra voz

Tenemos ojos y vemos,
tenemos una voz
que puede ser tu voz, 
la voz de todas. 
No más río, nuestra sangre
es sagrada.
Que nadie se atreva 
a violentar tu cuerpo, 
a amortajar tu dignidad.
Tenemos un grito 
para derrumbar muros 
de indiferencia,
para denunciar el puño 
que golpea el corazón 
de nuestra sociedad.
Esto no es un sueño, 
ni una pesadilla, es la realidad:
cambiar una vida,
dos, tres… todas las vidas. 
La mía, la tuya, 
la de nuestras hijas.
Así de importante,
así de urgente: 
Cerrar la puerta al miedo.

Vamos a hacer ruido, mucho ruido,
a gritar, a patear paredes, 
hasta que todos se despierten.

Beduina

Acostumbrada
a caminar desiertos,
a esperar la noche envuelta
en la túnica de lo negado, 
ella quisiera 
apuñalar la arena,
morder uno por uno 
los días iguales,
las tardes inclementes;
seguir sin detenerse,
sin tener que inmolarse.
Salvar su pie,
sus ojos, su cuello,
su cabeza.

Esta será la última vez 
que resista, impávida, 
el azote del viento;
la última vez
que oculto mi boca,
que enveneno el hambre,
que adormezco el fuego,
piensa, 
mientras se desnuda.

Aventurera del desierto, 
si me perdiera con vos en el desierto 
te acariciaría, lento, los pies 
en algún descanso; si en la selva,
te pondría agua en la cara 
antes de saltar el arroyo.

Me perderías en la selva 
y en el desierto también. 




Alfonsina Clariá 
(Córdoba, Argentina, 1972)
Poema inédito escrito para #NiUnaMenosCórdoba
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