La mujer escribe y eso es lo que importa










18 de mayo de 2016

Paco Moral, 3 poemas 3






BESAR
   la cicatriz
        sus bordes abultados.
Acariciar
con los labios
la llaga purulenta
    sanarla con saliva.
Chupar
    el tajo
        su infección.
Beber
    la sangre
       de quien amas
sentir
en la garganta
    el sabor a metal
      de su dolor.
Curar
    el sufrimiento
      o compartirlo.
(
El tuyo
El de todos
)
.



Fotografía de Mister Sullivan



...la dejaban junto a tu colchón
con un llanto parecido al de un cachorro
ese gesto a pesar del miedo
a pesar del miedo te sacaste el sobretodo azul
para abrigarla



La mosca en el ojo del niño,
en el lagrimal reseco.
La mosca en la nariz
llena de mocos.
La mosca en los pliegues de sus labios
agrietados,
con surcos de sangre rosa
tan dulce y tan tristes
la sangre y el niño.
La mosca en las uñas de sus pies de niño
cuajados de mugre
(caminando
sin miedo
en la basura).
Las mosca que come
la mierda que caga
la rata que mira
al niño con ojos
de voy a comerte.

Ten cuidado, niño:
hay miles de moscas,
millones de ratas.
Y tú
estás
tan solo…



Obra de Annette Messager



LADIES and gentleman…

Las conocidas, las desconocidas,
las innombradas, también las que no fueron
más que pura entelequia.
La mujer de la esquina,
la solitaria y triste, la vencida.
La muchacha del sexo de aire,
da igual si era en un mail o en un eseemeese.
La negra congoleña,
de la que nunca supe si parió veinte hijos
o diecinueve huérfanos.
La rubia de las piernas imposibles,
la rusita liada con un borracho
desvencijado y sucio.
La chica que se enfrentaba al cáncer
con la esperanza del que juega en casa
el partido de vuelta. La inconsciente
de bendita inconsciencia.
La que venció a la muerte.
La del sexo de medusa y amplias faldas de flores.
La que llegó a amar a su asesino
múltiple. Multiplicada. Esa que lo llevaba
de viaje por el mundo en su maleta
de deseo y de humo
hasta que vio la muerte y supo con certeza
que era su propia muerte.
Las chicas de la panda, y las amigas.
Mercedes y sus resurrecciones.
Marta, la pobre y dulce Marta.
Y Julia, la mafiosa más bella,
la más jodidamente puñetera
también.
La morenita con la cara seca
con tantas pecas como mala leche.
La chica de la ducha, la que se masturbaba
quitando la alcachofa durante largo rato
hasta que el agua vívida
le arrugaba los dedos.
Las salvadoras oncocerteras,
aprendices de bruja,
cátedras de cariño.
Sara, el alter ego, zapatos de colores.
Mariví y sus milagros (y sus bragas turquesa).
La flacucha, piernas de gallinita
subida a sus tacones. La perversa
del gloss con purpurina.
Y la gorda de piernas de elefante
y carácter de búfalo.
La hipócrita.
La que siempre mentía.
La aduladora.
La enamorada despechada.
Las que están siempre, pongo por caso Olga.
Las que a menudo, y no digo ya el nombre.
Las que a veces, que fueron muchas, muchas,
ya sé que demasiadas.
Las que nunca y su lista interminable.
La que no supo amarme.
También las que me amaron torpemente.
A las que nunca amé, y también las que nunca
me amaron, por idiotas.
La dependienta de la tarta de tomillo,
la de Vilnius
que tanto te miraba.
La puta de aquel bar de carretera en Rusia,
la gritona.
La del tacón de aguja, el picaglandes.
La de las medias de cristal y el sexo de agua.
La de la casa verde de Burano.
La de los ojos rojos de llantina.
La del poema azul, y el libro blanco.
La vendedora de telemarketing.
La zorra de las uvas de la ira.
La triste abandonada de la copla,
la que a nadie interesa.
La amante del bolero.
La pérfida del tango.
Y la del tanga negro de humedad imposible.
La vendedora en Zara.
La poeta.
La chica de Ipanema, en la pastelería.
Y la escritora de las muchas muertes.
La de la Plaza Roja, encarnizada al lado
de la momia de Lenin.
La de los cinco sin sacarla, la famosa actriz porno
con la que nos reímos a menudo.
La estrecha que insinuó que yo tenía
muy malas intenciones, y la otra,
la insaciable que quiso matarme un mediodía
en la parte trasera de mi coche
y casi lo consigue.
Las que te configuran, sin que ni tú ni ellas
lo lleguéis a saber.
Las que te hacen.
Y las que me moldean a través de tus manos
y de tus utopías.
Todas ellas y tú.
Tú siempre.




Paco Moral 
(Madrid, España, 1961)
POETA/EDITOR DE TIGRES DE PAPEL
de El verano de los cazadores de luces, Lastura, Málaga, 2016
para leer más en SINGULARIA TÁNTUM
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