La mujer escribe y eso es lo que importa










7 de agosto de 2016

Verónica Grossi, 2 poemas 2


Fotografía de Marisa S White



¿CÓMO SE TRADUCE?

La lenta violencia
de todos los días

un dolor sordo
frente a esa furia

¿cómo se traduce

la lejanía

monotonía
entre mosaicos

sumergida
el agua
renace
en la espuma

¿cómo escribirte?

en los reflejos
me desconozco

memoria

Murmullo


(extraído de: CYBER HUMANITATIS)



Fotografía de Victoria Söderström


FRUTO

palpitante
arrullada
te ciñe
un regazo de lirios
como una almeja
a punto de atiborrarse
de besos que son perlas
de tu olor a durazno
el centelleo de tu piel
en una roca
aullido
bajo la ola
te busco y no te encuentro
giro los ojos-plumajes
esquirlas, escamas, algas
se extienden
en un sueño de redes
y ahogos
donde las semillas crecen
como girasoles
la tierra
enrojecida
exangüe
palidez de pulpo
en los subterráneos
teje Aracné
mi vestido de plumas y pétalos
caracoles
resbalan
por estambres de ámbar
ceguera
en el desierto
verdinegras
laderas
sin horizonte
acribillan
las pupilas
remolino
de recuerdos
punzones
momentánea redención
por un hilo
de azúcar
se repite
el abandono
la herida borbotea
barbulla
sorbidos
gemidos
abrázame
enlázame
al arrecife
déjame flotar
méceme como un coral
dame un beso naranja, arbolado, fosforescente
muéstrame los dientes
sacude las palmeras de los ojos
déjame caminar desde el nido
encontrar una salida
del periplo nocturno
cuando los perros roen huesos
quedan reverberaciones
de humedales
gruesos faldones
impiden el avance
sofócame
no crezcas
hasta volverte un caracol
iridiscente
encerrado en círculos
hasta alcanzar el punto
de las respiraciones
camina resbalándote
por la piedra
cae
en el hueco
sin gimotear
chúpate el dedo
mastica nueces
muérdete el cordón
mécete
escápate
la turbulencia de espumas
te hunde
en mi regazo
un volcán
en cuyo fondo
mis manos
cansadas de amasar y cavar
en un mismo ahogo
vuélvete hacia mí
que las conchas y cavidades
los ópalos incandescentes
se impregnan de marea
dejando que la blancura
se torne una planicie
de oleajes
montículos de sal
donde tú y yo quedamos
apenas a salvo
esperando un barco
un leño
de donde asirnos
en este despeñadero
con cada respiro
me encojo
hacia el sueño
con los huesos deshaciéndose
a tientas
llagada
donde la luz
gélidas
punzadas
a punto de parir
tu empujarme hacia afuera
el trajín de los choques
todo cuerpo es ajeno
mientras que el tuyo
se sostiene en mis enaguas
granate
un incendio
mientras te amamanto
en la jaula de oro.

(extraído de: LUVINA 83)




Verónica Grossi
(Guadalajara, México, 1965)
POETA/DOCENTE UNIVERSITARIA
para leer la nota Ser mujer y estar presente en las letras mexicanas,
en LITERAL MAGAZINE
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