La mujer escribe y eso es lo que importa










4 de septiembre de 2016

Eva Vaz, 5 poemas 5



Fotografía de Zev Hoover



LEYENDO A MAR 20 AÑOS DESPUÉS

Entonces no estábamos heridas de mundo,
sólo heridas superficiales
y todo el mundo por hacer,
tan grande y tan bonito.

Pero ahora estamos tan rotas
como muñecas muertas:
ya no podemos llorar,
y por eso escribimos;
es gratuito y necesario.

Tu camino y mi camino
se han cruzado en una alianza
infecciosa. Mal caldo éste.
Y me hiere verme en tus ojos,
porque el fracaso no es bonito ni joven.

Pero aquí estamos, con tantos años malhechos
y estos poemas de sangre,
como una ruina que encuentra otra ruina
en un vertedero.

Has sufrido: lo veo cuando te ríes.
Yo también.
Sólo soy una perra de tres patas
con cicatrices de tiempo.
Pero antes no, no estábamos
rotas de fracaso,
y hoy competimos por ser las más 
golpeadas:
¿Dónde aprendimos esta competencia?
¿De qué sirve ser la que más sufre?

Y las expectativas… No viajamos.
Tuvimos hijos,
trabajamos tanto que se nos olvidó 
la vida, esa con tantas promesas.
Ahora vivimos pero se nos olvidó
ser felices.

Y éramos tan buenas chicas…
Ahora no lo sé, dime, Mar, 
¿seguimos siendo buenas chicas?

¿Podremos seguir siendo amigas?




“101/365: in rain or shine” de Alex Currie




AMITRIPTILINA

Ya sé que no soy yo,
que son mis venas de pájaro,
que son los veinte años de anestesia,
pero hoy me eché a llorar
en medio de la calle.

Qué vergüenza,
esta mirada sin lugar,
como una plañidera sin sueldo
ni paz con su llanto.
No es una exhibición,
es que tengo el fuelle del lagrimal
inútil
y no sé contener esta bulimia
de tristeza.
Por eso voy rodando
como una vulgar lloradora
contratada por el mundo.

Tenía un estante de pastillas
como un surtido de galletas
que me dejaban como un trozo de carne
y me las quieren quitar
para vivir a pelo.

Ustedes deberían saber
que es verdad, que sí,
que estoy rota,
que soy una heroína para nadie,
pero ando llorando y gritando,
con un orgasmo brutal
de tristeza.

Concédanme un armisticio:
ser triste moderadamente,
drogarme lo que necesito.

Y que se haga de noche.
Que por fin llegue el sueño.
Por fin.
Soñar.
Hoy.



Fotografía de Brooke Golightly



SECUELAS

El hambre por adelgazar
es más intensa
que el hambre por existir.

No soy más que un tubo de ensayo
y el hueco entre mis piernas
es un triunfo.

Sobreviví al osario de mi cuerpo
en un infierno de manzanas negras.

El vértigo de las formas
me cambió la vida.
E insiste.

Sigo comiendo
en los mismos platos pequeños
y con la misma cuchara,
aunque ahora no esté vacía.

El tiempo me devuelve
un rostro que no conozco
y me sorprendo en los espejos.

Todavía
“me toco los huesos 
buscando la calma
de su vehemencia”.

Yo soy mi prisión.




Obra de Alyssa Monks



BRUXISMO

Vivir apretando y rechinando
los dientes,
es como cargar con 90 kgs. de peso
sobre mis mandíbulas.

Mi dientes son pequeñas astillas,
gastadas como piedras de arena.
Menudos y devastados.

Tengo que llevar una férula dental,
una brida,
un bozal,
un trozo de plástico
que te escupiría ahora mismo
como un reproche inaudito.

Trituraría tus palabras
como bolas de cristal
rompiendo mis dientes planos
como lijas de carne.

Te escupiría con los maxilares de piedra
porque no tengo dientes
pero sí veneno y calcio.

Me duelen las encías
por no sangrar de pasado:
cada diente es una miseria,
una piedra más en la maleta,
dentro de mi boca.

Bruxismo: parafunción mandibular
del comportamiento bruxópata.

El recuerdo y el asco
de tus dientes perfectos.
Mi forma de sacarle los dientes
al mundo, así,
como un potaje cálcico.

Sé que me estoy quedando sin dientes,
pero nunca, oídme, nunca,
me quedaré
sin voz.




Fotografía de Lauren Withrow



CRÍA CUERVO

“Esos hijos que ahora
devuelven la mirada, pero no la sonrisa”
Fernando Beltrán

Creo que tenemos pendiente
una conversación inédita.
De mi infancia o del resto de mi vida,
ahora que mamá es vieja
y tú te comes el mundo
con un simple gesto de melena
negándome tu rostro.

Ahora que tú eres la protagonista
absoluta de tu vida.
Y yo soy una comparsa innecesaria
y molesta,
un zumbido viejo sin atractivo.
Sólo soy una madre,
hay muchas en el mundo.
Antes también era una madre,
pero entonces era exótico.
Ahora es ser una piedra
que pesa más que yo misma
y mi fracaso es la sombra
que ves proyectada en tus espejos.

Será por eso que ya no regresas:
la casa está llena de telarañas
y una humedad que descompone
la paciencia.
Huele a viejo y a puchero rancio de madre.

No más. Ya no soy de tu gusto
ni del gusto de muchos.
Pero escucha: estoy aprendiendo a ser
de mi propio gusto.
Y eso es el alimento 
de mi resurrección cotidiana.

Cuando regreses,
vas a asustarte de lo mucho 
que he crecido en estos meses.

Ya soy más alta que tú.




Eva Vaz
(Huelva, España, 1972)
POETA/LICENCIADA EN FILOSOFÍA/GESTORA CULTURAL
de Trabajo sucio, La Isla de Siltolá, 2016 
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2 comentarios:

Leo Mercado dijo...

La poesía es siempre una eterna conversación pendiente.

Miriam Tessore dijo...

Qué maravilla, no?
Decir para sanar
el poder de la palabra

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