17 de marzo de 2018

Elizabeth Azcona Cranwell, Imposibilidad del lenguaje o los nombres del amor (+2)



s/d del autor de la fotografía




IMPOSIBILIDAD DEL LENGUAJE
O LOS NOMBRES DEL AMOR

A Mirtha y Néstor Grancelli Cha

Hay quien sucede entre las cosas dejándoles un gusto
que las cambia. Es obrar como si el aire se 
partiera, con el fervor lunático de no saber si la 
sustancia calla o resplandece. Existe la materia
donde se hunde la vida. Acontece la forma y el 
tiempo se diseca como un gran pájaro apedreado.

Hay quien sabe qué hacer con las memorias y ordena
el ejercicio de los días. El asunto es seguir,
vivir con los objetos y nunca con los nombres
polvorientos. Incrustar los recuerdos en las 
claras cuestiones de la tierra.

Pero mi única materia es la sustancia de mi vida. Me
sucede el lenguaje y le ocurren las figuras 
nostálgicas, el humo de vivir.

Y cuando digo de este nudo de ausencia porque 
alguien ya no está y digo que lo amaba por un
dormir estrecho de reconocimientos y un despertar
ajeno para el frío, cuando oigo que me era
necesario y este gran hueco que es él mismo se
hace también de una sustancia imperceptible.
(En cambio su omisión de mí se transforma en
un día cruzado por los hechos y el mundo.) Mis
maneras no alcanzan a separar el sentido de su
voz de lo que calla al paso de la noche.

Yo leía prolijamente las iluminaciones en su cara.
Con sus modales fabricaba mi casa, su morada
de voces era el sustento de mi vida.

Pero cuando lo digo no lo vuelvo a vivir, ni siquiera
lo creo. Sólo es como las aguas. Es abrir una 
lluvia que diluye los gestos, la realidad que le 
nacía a todo.

Y cuando hablo del avance del tiempo en el olvido,
no estoy diciendo nada, apenas lego a las palabras
la fuerza que les restaba cuando aún eran
sombras y no frases.

Nombrar es un cuchillo. Asestarles palabras a las formas.
Cuando ya las he dicho, la oscuridad 
secuestra su azul fosforescencia.

Si al menos fuera algo de mi vida lo que cayera dentro
de su reino. Si al menos lo que el tiempo
deshace fuera sustancia misma de ese tiempo.

Pero estamos perdidos. Ni tributos, ni el contorno
palpable de este hablar. Y es entonces cuanto
todo se pierde en divagar y estar y representarse
y vivir y enloquecerse con la noche, un vaso y
las palabras.

Sitio que vive y no responde, lugar donde dura una
frase que ajena memoria ya estaría olvidada en los
vaivenes de este mundo. Quedarse, tratar injustamente
de que el tiempo se apegue a esto que
también huye, a esto que se dice, se repite, trata
de merecer este juego supremo de luces y de amor.

Estoy, quizás estamos. Pero ¿qué es estar, qué es vivir?
¿Por qué se está, se vive, no se contesta a otros
llamados con nuestra voz insuficiente que sólo se
sabe ahondar sobre sí misma?

En un lugar desconocido, algo responde a mi llamado.
Algo que está en la niebla que me acierta un
sonido inescuchable. Está en la lluvia que 
presta su idioma devorante para nuestra necesidad
de las respuestas, para la fiebre de inventar las
palabras. Está en las otras músicas y en la 
lejanía donde las cosas duran de una nueva manera,
donde la libertad de amar se vuelve el modo de
fabricar un gesto más lejano que aquellos que 
tanto hemos guardado.

Estar, verse, devorar las imágenes.
Fuera de las contestaciones orgullosas, de la ambición
de días con la tierra a nuestros pies.

¿Qué confieso? ¿Dónde está la luz? ¿Qué supone ese
afán de seguir en la ausencia y en las voces no
dichas?

Es algo que estremece. Lo repito funcionando muy
solo en la manera de callarse cuando todo está
hablando casi insaciablemente.

Hay voz, destellos, pájaros, olvido. Sabiduría del 
olvido. Apertura de todo lo que calla. Respuesta.
Silencio.

de Imposibilidad del lenguaje o los nombres del amor, Editorial Losada, 1971





B O N U S  T R A C K 




Fotografía de Jan Kroupa




EL MURO

Por la ciudad de siempre, mientras caen las luces
y músicas extrañas descifran el crepúsculo
hay algunos que repiten mi nombre, que
despiadadamente transitan por mi imagen.

Creen saber mi vida,
la verdad de mis tardes con su silencio a cuestas.
Ellos dicen "su risa" y es el viento sin tregua de una
mañana oscura,
ellos dicen "sus ojos" y es un país desierto como un
mar infinito.

Yo no sé si lo saben
pero hay días que me invaden de pronto como una
salvación,
días largos, intensos, con la altura de algún tiempo
cumplido
un sol amaneciendo toda la luz del mundo.
Y otros en que la oscuridad quiere mis manos
y me rebelo en golpes insensatos a una puerta sin eco
mutilo mi vacío, dejo crecer la soledad como un
abrigo viejo
madurado en la voz, sin esperanza.

Yo quisiera mirarme en sus palabras
saber lo que recorren dentro de mi amor desconocido,
quisiera ver desde ellos el viento que me aturde,
qué forma tiene entonces mi vacío
conocerme en sus manos que nunca me descubren.
Pero jamás veré mi rostro entre sus días
mi imagen dibujada por sus ojos.

Fijada para siempre a un lado del espacio
en medio de mi voz y sus palabras
es la tierra desnuda
el país imposible.





s/d del autor de la fotografía



VISIONES DE RELÁMPAGO

Quise contarte el mundo a mi manera.
Quise hablarte de ti.
Y te asustó el cuchillo iluminado con que tallé el 
alcance de tu nombre.






Elizabeth Azcona Cranwell 
(Buenos Aires, Argentina, 1933-2004)
POETA/ESCRITORA/TRADUCTORA/CRÍTICA LITERARIA
extraídos de: FUNDACIÓN ARGENTINA PARA LA POESÍA
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