10 de marzo de 2018

Vania Vargas, 4 poemas 4


Fotografía de Jennifer Timmer Trail




VIERNES 3 A.M

No íbamos a amarnos 
ya lo sabíamos 

Entonces caminábamos hacia el cuarto 
a oscuras
como si estuviéramos soñando con
una amalgama de sombras 
que respiraba con dificultad
por tener encima 
todo el peso de la noche 

Y cuando abríamos los ojos
o los cerrábamos de nuevo
no lo sé con certeza
estábamos uno al lado del otro
sabiendo que el amor sirve
para llenar vacíos
igual que leer o escribir
lo único que hacíamos con insistencia
cansados de no aprender a vivir

Afuera 
el silbido de una fábrica
anunciaba el turno de la madrugada

La puerta que seguía abierta
temblaba de frío
gemía quedo
mientras escuchábamos
en nuestras cabezas
al narrador que contaba
la historia de dos seres que
cuando al fin abrían los ojos
o los cerraban
no lo sé con certeza
hablaban sin verse
como si estuvieran solos
mirando fijamente el techo
o la ventana abierta
mientras cada uno se marcaba espirales
sobre el vientre aún sensible
para seguir pronunciando
“imposibilidad” y “muerte”
sin angustia
para vestirse sin tristeza
dándose la espalda

Atrás de los árboles 
que están del otro lado de la avenida
el reflector de un edificio gritaba
que el cuarto estaba lleno de ramas
arbustos negros
que dibujaban las ondas del viento 
sobre las paredes que se creían limpias
sobre sus brazos desnudos
sobre sus caras
solo para convencerlos
de que seres de los bosques 
como ellos
no existen
de que en un cuarto lleno de árboles
el frío nunca se acaba




Ilustración de Laurie Hanky



DILEMA

Puedo levantar ese teléfono
dar detalles para que todo se acabe por completo

Pedir silencio
Empezar diciendo que ganaron
que me equivoqué
que estoy bien

Reírme

Decir que por eso llamo
para oírlos reírse también
mientras le clavo las uñas al barniz de la mesa
y giro la conversación hacia cosas que parezcan igual de triviales:
como que renuncié a pagar la televisión por cable
o que me robaron el paraguas en el autobús

Pero pensándolo mejor
podría mantenerme firme durante unos meses
y hacer de esta historia un fracaso respetable

Decir su nombre sin inmutarme
simular el desgaste
irlos embarcando poco a poco en el olvido que me invento
en medio de este naufragio que me dejó su paso
fugaz
intempestivo

Eso no sería difícil
yo misma he llegado a creer
firmemente
en mis mentiras
para salvarme




Fotografía de Jacek Szabla





THE BALLAD OF BONNIE PARKER

N
esta que ves no es ni la sombra de mi lado salvaje 
yo bien pude haber sido Bonnie Parker 
con estas ganas que me dan de asomarme a las ventanas
de marcharme todo el tiempo 
de ver el pasado destruirse 
como las ciudades nocturnas 
cuando tiembla el retrovisor

Yo también soñé con una vida peligrosa 
con acumular historias 
de las veces que he escapado de la muerte 
con mostrar las cicatrices que dejó 
el impacto de los días

La veo y me veo 
con mi metro y medio de estatura 
escribiendo malos poemas 
extrañando a mi madre 
cuando salgo de caminos peligrosos 
apuntándole al futuro en la cabeza 
sin dejar de sonreír

Yo pude haber sido Bonnie Parker 
de no ser por que me aferro 
a la espalda de quienes 
nunca 
me acompañarán por los caminos

Afuera sigue la vida 
y no la alcanzo

Y estas que ves aquí 
no son cicatrices aún

Dame tiempo 
y te hablaré de sobrevivir 
sin que se me quiebren las palabras

La Rueda Colección (5), Guatemala, 2012
Selección y prólogo de Javier Payeras








Ilustración de Laurie Hanky



ES FÁCIL CAPTAR MI ATENCIÓN

Contame una buena historia
y si hacés que vea
lo que estoy escuchando
lográs entrar

Lo han conseguido taxistas
empleadas domésticas
pasajeros anónimos en el bus
plomeros / vagabundos
vecinos de mesa en cafeterías
y los amigos más cercanos

Fue así como lo conocí
la mejor historia que me contó
se la inventó en la sobremesa del café
y nos involucraba a los dos

Debí haberme marchado días después
en el momento en que supe
que sería fácil distraerme
pero cuando soy personaje
no me gusta perderme el final

Hay historias mejores
creeme
pero pocas tan breves y peligrosas
como esa

Esta que te cuento
es una cicatriz

La Rueda Colección (5), Guatemala, 2012
Selección y prólogo de Javier Payeras





Vania Vargas
(Quetzaltenango, Guatemala, 1978) 
POETA/NARRADORA/EDITORA/PERIODISTA CULTURAL

para leer más en: VALLEJo & Co
su blog: EL PARACAÍDAS


2 comentarios:

carlos perrotti dijo...

"...Y si hacés que vea
lo que estoy escuchando..."

La nítida clave o propósito. Y la poesía de Vania Vargas lo logra. Chapeau!

liliana lainfiesta dijo...

Poesía que penetra. ¡Felicitaciones!

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