16 de abril de 2018

Mariela Laudecina, El bosque de las mujeres amadas


En compañía de lobos, ilustración de Chris Hagan




EL BOSQUE DE LAS MUJERES AMADAS

En la entrada
dos palomas
no hay aire entre los cuerpos
Cualquier ave solitaria
no aguantaría un segundo


Mujeres, única fauna
Hombres, aquellos que no ven
su pene
hasta ese punto del amor
han llegado
Ellas pierden la forma
veloces de nacimiento
Ceden
al tornado de la estación más dura
la primavera

Con el poder intacto
la risa
ahoga
lo que no dicen
En la fiesta
en el dolor
cedí ante un hombre dormido
ante el hogar ineludible
Así es él
nada comprende
e invita a una casa 
y la puerta sos vos
el enemigo 
la luz sos vos
Promete un náufrago y llega
pero se va
La neblina de los sentidos
cabalga sobre nuestro lomo

Se evapora la embriaguez
y se abandona el bosque
Respiramos largo
con la sensación injusta
de haber trabajado
y no haber sabido para quien
Lo confunden con el jardín de las Delicias
nada más alejado
Nos adentramos en la espesura
sin preguntar
qué hay del otro lado
eso sí
capaces de la erupción
dolorosa de lo que nace

Aquí solo hay
deseo de repetir
de ahí
los hijos
Aquí 
nadie piensa
reventar
se revienta
de hijos
la falla común
Madres
hay en todos lados
El bosque duda
igual
no deja de procurarlos
El semen
podría ser
caudal de fetos minúsculos
polvo dorado
brillo celeste
pero no
El molde decide
color de la pureza
o debilidad
hasta se nombran iguales
leche de mamá
leche de papá

Vuelvan a ponerse los ojos
La vida está fuera 
El doble salió del cuerpo
y hablamos varias lenguas
meamos el suelo
Nuestra canción es poderosa y eterna
Sabemos lo que hay que saber
Vuelvan a ponerse los oídos
no importan otros asuntos
aunque dé risa
diabla risa
un hallazgo tan inverosímil

Hay que huir
Incendiar el bosque


El vino
calmaría la sed
el cuerpo sería más dios
el hombre menos hombre
el sufrimiento salvación
vino
dios e idea


Hermanas mías
el intercambio es siniestro
aquí no se come
El cuerpo
calza en un puño
tesoro para el buscador
célula del padre
No hay dirección
¡Somos amadas!
Afuera
la libertad irrisoria
nos vuelve sensatas

La escuela
del bosque alucinatorio
experimenta la palabra que conduce
a los amores
a los asesinatos
Odiamos de igual forma
Se nos ha dado el poder y no la gloria
El demonio de lo múltiple 
Vida que sale de las entrañas de la muerte
Fragor cósmico
y tenemos prohibido el salto
por eso 
bailamos en la cornisa
¡Ey! Bravía
dónde quedó tu poderío
Somos cántaro
la fuente, delirio
Las visiones no se rompen
se actualizan
hijas por siempre
nos ponemos en duda
El otro
reverbera como si
fuera lo único
lo precioso
y somos culpables 
de tener más agua en el cuerpo

Afuera
buscamos placer con elegancia
golpeamos dos piedras
el fuego nos resulta fácil

Nos acaba dentro
el bosque
y la felicidad es el vértigo
de la unión
con otro magnificado
bosque al fin
Su amor obsequia raíces
provoca la inundación
que nos dejará en suspenso
agotadas de completud ilusoria
Él espera
sin ojos
y el deseo en la punta de la lengua
bastará para enfermarnos

Las telarañas 
una señal de la sombra
que cubre a la palabra 
que nos da consistencia
exhibe la claridad de lo que no es
Videntes a pesar de todo

El grito de guerra 
es grito de orgasmo
El bosque predice la deformidad
el sueño de la amazona
paraíso de lucha sostenido por la fe
en algo más poderoso que nuestra fatalidad
Arrastramos el yo
mascota infiel que le salta a varios dueños
y en la floración 
ellos nos arrastran hasta que pase el invierno
Plumas
falso oro en las extremidades
ofrenda inútil
de lo contrario
no habría explicación para un error
que se concibe divino

El corazón es de la noche
y oscuro, eso que pensás

El mundo está en mí 
No al revés
Lo único que crece
es mi pelo
Vive la forastera
y ha puesto el cuchillo
en el centro de las decisiones
Las palabras me dan forma
no al revés
Siempre me sangró la boca de ellas
di a beber
y así tomé de otros, las suyas
La noche comienza conmigo
No al revés
He quedado vacía
olvidé lo que me pertenece

Ya no es karma
Es maldición
y el corazón tiene dientes

-La tierra es para los fuertes-
dicen los portadores de cabeza
donde el sufrimiento
es avalancha delicada
Nos secuestran hacia la luz
Que nadie diga que el ciego no es feliz
Lo que hago es parirme de nuevo
Nadie me limpia 
la sangre
nadie me cree


He salido del bosque, le expliqué

Y tuve que matarlo.





Mariela Laudecina 
(Guaymallén, Mendoza, Argentina, 1974)
Reside en Córdoba
de El bosque de las mujeres amadas, Editorial Buena Vista, 2018
Colección Agalma / Dirección Alejandro Schmidt
para leer una entrevista en: LOS ANDES
su blog: EL DESEO DE SER VOLCÁN
para leer MÁS

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