8 de junio de 2018

Georgina Herrera, 7 poemas 7


Obra de Claudia Tremblay

GRANDE ES EL TIEMPO

Grande es el tiempo a transitar
como un camino
si de las penas partes, yendo
hacia la dicha.
Y llegas y te instalas, pero
no permaneces, vuelves, irremediable,
al primer sitio, cual si fuera
el de tu origen, donde
algo perdiste y buscas incansable
pero
no sabes qué.

de Grande es el tiempo, La Habana, UNEAC, 1989




Obra de Claudia Tremblay





REENCARNACIÓN

Cómo será si vuelves
y yo también,
sin que sepamos
que fuimos ya; sin un indicio.
Ser otra vez, sin más destino
que encontrarnos así,
como si nunca.

Quiero llegar a ti y que tú vengas
en despacioso viaje, como
tú sólo sabes.
No tener más destino
que el de siempre.
Asombrarnos los dos.

No importa que paguemos
deudas que no sabemos cuáles fueron,
pero que vuelvas
y venga y, para estar juntos,
queriéndonos, mientras
se hace palabras sobre mi piel
aquel asombro tuyo al descubrirme;
yo, asombrada también.
Que me concedas lo que ya me diste,
que nuevamente
me prometas lo que sí cumpliste.




Obra de Donna Pfister



ESA MANERA DE MORIR

Amor le llaman
los que a su sombra grande se tendieron.
Yo le diría:
piedra marina, donde
mi corazón de peces fue golpeado,
tierra
tremendamente dura
que le negó humedad a mis raíces.
Creo que despidió mi estrella
y la hizo errante.

en Yo te conozco, amor, Editorial José Martí, La Habana, 1999
Selección, prólogo y notas bibliográficas de Alberto Rocasolano



ESSA MANEIRA DE MORRER

Amor é como chamam
os que à sua grande sombra se estenderam.
Eu lhe diria:
pedra marinha, onde
meu coração de peixes foi golpeado,
terra
tremendamente dura
que negou umidade às minhas raízes.
Creio que despediu minha estrela
e a tornou errante.

Traducción al portugués de Antonio Miranda




Obra de Claudia Tremblay



ELOGIO GRANDE PARA MÍ MISMA

Yo soy la fugitiva
soy la que abrió las puertas
de la casa-vivienda y “cogió el monte”.
No hay trampas en las que caiga
Tiro piedras, rompo cabezas.
Oigo quejidos y maldiciones.
Río furiosamente
Y en las noches
bebo el agua de los curujeyes,
porque en ellos
puso la luna, para mí sola,
toda la gloria de su luz.





Obra de Claudia Tremblay




PRIMERA VEZ ANTE UN ESPEJO

(Viendo una cabeza terracota de mil años, excavada en Ifé)

¿Dice alguien que no es
mi rostro este que veo?
¿Que no soy yo, ante el espejo
más limpio reconociéndome?
O.... ¿es que vuelvo a nacer?
Esta que miro
soy yo, mil años antes o más,
reclamo ese derecho.
Mi mano va
desde ese rostro al mío
que es uno solo y de las dos,
asciende, palpa
el mentón purísimo,
la espaciosa boca. Sí,
con mucho espacio, así que un solo beso
de ella basta
para pedir la bendición al viento,
la tierra, el fuego y la llovizna.
Ahora toca mi mano la nariz.
De un lado a otro va sobre ese rostro
de las dos. Esa nariz... mi dios; en la pradera
para mí sola, esa que llaman Universo,
en la que ando a mi albedrío,
atrapa olores.
Olor a fuego, a tempestad,
a tierra y agua juntos,
olor de amor, de vida inacabable
entra por ella; es
el total alimento de mi sangre.
Mi mano, al fin, a lo más alto
de ambos rostros llega:
los pómulos, la frente, baja
un poco nada más hasta los ojos
que yo miro y me ven.
Ojos tremendos
en los que apaga y aviva sus fuegos la tristeza.
Soy yo. Espejo o renacida.

de Gatos y liebres o libro de las conciliaciones, Ediciones Unión, La Habana
(1978, 1989, 1996, 2006, 2007)











ORIKI PARA LAS NEGRAS VIEJAS DE ANTES (*)
(fragmento)

Éramos, sin saberlo, dueñas
de toda la verdad oculta
en lo más profundo de la tierra.
Pero nosotras, las que ahora
debíamos ser ellas, fuimos
contestonas, 
no supimos oír, tomamos
cursos de Filosofía,
no creímos

(*) oriki  es  “un canto  de  alabanza  con  acompañamiento  de  tambores,  que  los  yorubas entonan a sus dioses y reyes” (Arcos 2008: 147). La elección de esta forma poética ya supone un tomar partido, una declaración de intenciones.

de Gatos y liebres o libro de las conciliaciones, Ediciones Unión, La Habana
(1978, 1989, 1996, 2006, 2007)



Obra de Claudia Tremblay




Estas palabras, aparentemente
suaves y tranquilas,
palabras transparentes, sí, pero
tenaces.
Llegan, entran, se quedan para
siempre.
Son mi manera.
Así es que grito,
y sé que me hago oír

de Gatos y liebres o libro de las conciliaciones, Ediciones Unión, La Habana
(1978, 1989, 1996, 2006, 2007)






Georgina Herrera 
(Jovellanos, Matanzas, Cuba, 1936)
para leer una nota en: CUBA LITERARIA
para leer más en: LA TRIBU
MÁS

3 comentarios:

lunaroja dijo...

Qué preciosos estos poemas! Gracias Emma Gunst!

Juan Jesús dijo...

Geniales

Juan Jesús dijo...

Geniales

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