5 de septiembre de 2018

Ana Castillo, Las mujeres no se rebelan


Fotografía de Dorothy Shoes



LAS MUJERES NO SE REBELAN

(para N.B.S)

Las mujeres no se rebelan, ni en las maquilas de Malasia, México o Corea,
ni en los talleres clandestinos de Nueva York o El Paso.
No se desmadran
en las cocinas, en las lavanderías o guarderías.
Ni por centenares ni por miles, ni cambiando
sábanas en hoteles, ni en lavanderías
mientras se escaldan con agua caliente,
ni en restaurantes, mientras limpian y limpian
y limpian hasta que las manos les quedan al rojo vivo.

Las mujeres no se sublevan, ni sobrias y reconcentradas,
ni colocadas ni exhaustas, las mujeres de ningún color, 
de ninguna raza, ni pobres ni ricas,
ni medio pobres o ricas. Y sobre todo las madres, sean de la clase que sean,
jamás se tomarán las calles por asalto.

En la universidad quienes mucho reflexionaron
se toman de las manos en los momentos cruciales, portan pancartas,
se las llevan a rastras mientras protestan.
Repartimos manifiestos, organizamos pulcras vigilias,
al día siguiente regresamos al trabajo.

A nosotras las mujeres nos esterilizan, tienen más niños
de los que pueden alimentar,
no hablan el idioma oficial,
se antojan de las cosas que ven en la televisión,
añoran tener un televisor -
Mujeres abusadas de niñas,
violadas,
golpeadas,
acosadas, lo cual quiere decir
hasta la última mujer, tarde o temprano;
mujeres que se defendieron por su cuenta
o mujeres que no lograron defenderse o no supieron cómo.
Nosotras no, nosotras nos negamos en redondo a rebelarnos y a empuñar las armas.

Nosotras no arrasamos ciudades a nuestro paso,
No nos apoderamos de los medios, ni emitimos declaraciones conjuntas
perentorias. Ni un llamado del tercer milenio--
desde este día en adelante, no más; no más conmigo, no más con mi hija,
ni con la hija de mi hija.

Las mujeres no forman un batallón, marchando hombro con hombro, 
atravesando continentes, unidas
por una misma lengua, una misma clase de alimento o su carencia,
un mismo Dios, un mismo abandono,
un mismo corazón roto,
criando los hijos por nuestra cuenta, 
con tantas miserias infinitas en común
que tendrían que terminar
no para una mujer, o para cada mujer,
sino para el bien de todas nosotras, juntas.

Calladitas, no obstante, cada una y todas agarran su ofensa, 
el desprecio, el despido burocrático, la enfermedad
que nunca debió ocurrir, el insulto,
el empujón, el golpe en la cabeza,
el cuchillo en la garganta.
Ella no luchará, ni gritará siquiera—
Enseñada como ha sido
a ser derribada, como por sorpresa.
Ella morirá como una hormiga debajo de un tacón que pasaba por ahí.
Hoy fue ella. La próxima vez quién sigue.

--1998, Chicago

Traducción de Anabel Torres




WOMEN DON'T RIOT

(For N.B.S)

Women don't riot, not in maquilas in Malaysia, Mexico, or Korea,
not in sweatshops in New York or El Paso.
They don't revolt
in kitchens, laundries, or nurseries.
Not by the hundreds or thousands, changing
sheets in hotels or in laundries
when scalded by hot water,
not in restaurants where they clean and clean
and clean their hands raw.

Women don't riot, not sober and earnest,
or high and strung out, not of any color,
any race, not the rich, poor,
or those in between. And mothers of all kinds
especially don't run rampant through the streets.

In college those who've thought it out
join hands in crucial times, carry signs,
are dragged away in protest.
We pass out petitions, organize a civilized vigil,
return to work the next day.

We women are sterilized, have more children
than they can feed,
don't speak the official language,
want things they see on TV,
would like to own a TV--
women who were molested as children
raped,
beaten,
harassed, which means
every last one sooner or later;
women who've defended themselves
and women who can't or don't know how
we don't--won't ever rise up in arms.

We don't storm through cities,
take over the press, make a unified statement,
once and for all: A third-millennium call--
from this day on no more, not me, not my daughter,
not her daughter either.

Women don't form a battalion, march arm in arm
across continents bound
by the same tongue, same food or lack thereof,
same God, same abandonment,
same broken heart,
raising children on our own, have
so much endless misery in common
that must stop
not for one woman or every woman,
but for the sake of us all.

Quietly, instead, one and each takes the offense,
rejection, bureaucratic dismissal, disease
that should not have been, insult,
shove, blow to the head,
a knife at her throat.
She won't fight, she won't even scream--
taught as she's been
to be brought down as if by surprise.
She'll die like an ant beneath a passing heel.
Today it was her. Next time who.

--1998, Chicago





Ana Castillo
(Chicago, Illinois, EE.UU., 1953)
ESCRITORA/POETA/EDITORA/ACTIVISTA/PINTORA
de Yo pido lo imposible / I Ask the Impossible: Poems
Anchor Books, 2001 
para leer una entrevista en: AL DÍA FILADELFIA
para leer MÁS
su WEB


3 comentarios:

lunaroja dijo...

IMPRESIONANTE! Un poema en mayúsculas!

RECOMENZAR dijo...

Me hace bien el Haberte hallado Un abrazo de letras intensas desde Miami

Miriam Tessore dijo...

Gracias Alejandra, por tu constante lectura.


*

Recomenzar, a mi me alegra que te encuentres a gusto acá, espero que así siga siendo.

*

Abrazo a ambas

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