9 de septiembre de 2018

Daniela Camozzi, 2 poemas 2


Ilustración de Heo Jiseon



EL LADRILLO CALIENTE

Tan quietas como las estatuas
del uno dos tres
cigarrillo cuarenta y tres
nos quedamos con mi hermana
muertas de frío.
En la cama grande
que nos ceden las primas
las sábanas están heladas
hasta que llega mamá
con el ladrillo caliente
y los piecitos congelados
se van entibiando.
Hay que arrimársele con cuidado:
la superficie porosa
del ladrillo quema.
Apenas hay que acercar la piel
al envoltorio de lana
al fueguito
que la piedra irradia.
Nunca preguntábamos
de dónde eran
esos bloques radiantes
y si solo a la noche 
se encendían.
Bastaba con que mamá
los trajera y después
quedarnos de a poquito
dormidas con esa tibieza
mientras ella se volvía
al cuchicheo lejano
de los abuelos.

(pág. 24-25)



Ilustración de Heo Jiseon




LA HAMACA

Me tiro al sol
boca arriba
el pasto es
muy suave
no hay
espinas
ni cardos.
Cierro
los ojos igual
que en la plaza.
Me empiezo
a hamacar despacio
me empujo
hacia atrás
con una fuerza
que no tiene movimiento.
No despego
el cuerpo
del pasto
ni un poco.
Me doy
otro envión
ahora
para adelante
más fuerte
uso todo
el cuerpo.
Tengo dos
redondeles
de sol
en los ojos.
Me hamaco
cada vez
más fuerte
sin marearme
cada vez
más rápido
sin miedo
ni vértigo.
La tierra
es mi hamaca.
Tengo cosquillas
pero no son
de risa.
Parecen
de felicidad.

(pág. 57-58)





Daniela Camozzi
(Haedo, Bs.As., Argentina, 1969)
POETA/TRADUCTORA/TALLERISTA
de Mones Cazón, Ediciones del Dock, 2015
su blog de traducción junto a Isadora Paolucci

1 comentario:

lunaroja dijo...

Ay, qué emoción leerlos, un viaje a mi infancia...
Un beso Miriam!

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