24 de octubre de 2018

Jorgelina Soulet, 4 poemas 4


Fotografía de Alexandria's Lens 


La ferretería era
el paraíso de mis amigas
la envidia tal vez.
Llegaban y querían
abrir las puertitas
revisar los cajones
escudriñar los estantes.
Pero la atracción cumbre era
subir a la escalera con rueditas
elemento cardinal del universo ferretero.
Cuatro armazones de madera robusta
prolijamente lustrados
macizos 
imponentes.
Una guía de hierro
las mantenía suspendidas en la altura.
Era un ritual
correr por el pasillo
apoyar un pie
y con el otro dar uno, dos
cuatro enviones.
Trepar los peldaños
mientras se deslizaba
era un desafío
y cerrar los ojos
la prueba máxima.
Un ir y venir
una hamaca celestial
un trapecio.
Soltar las manos
sentir el aire oxidado
la cal y el cemento
la pintura penetrando las narinas
pero seguir rodando.
Cuándo fue
que dejé de jugar
y bajé las escaleras
para asentarme en la tierra.
Cuándo empecé a resbalar
peldaños abajo
y abandoné la costumbre
de sonreír en la cúspide.
Cómo fue que preferí
el alambre de púas
a las escaleras flotantes.




Fotografía de Alex Currie




Leí en diarios y revistas
que practicar deportes
genera endorfinas
moléculas de felicidad.
Entonces ansié
salir a correr bajo la lluvia
o subirme a la bici
y rodar
hasta que se haga la sonrisa
pedalear
para ver el mundo
con los ojos chinos de reír.
Quise además
hacer boxeo
saltar con garrocha
lanzar la bala
la jabalina
con arcos y flechas
dar en el blanco.
Anhelé zambullirme
en una pileta olímpica
romper el agua
hacer burbujas
de alegría submarina.
Correr maratones
que me devuelvan
el viento en la cara
la gota que cae por la sien
y el trotecito al corazón.





Fotografía de Laura Serrano


Me pedía que nadara
quería ver
ligeros mis pies
la respiración simétrica
a un lado
y al otro.
Quizás
porque ella
tanto le temía
nunca pudo
bordear el agua
sin antes elegir un salvavidas.
Le gustaba contemplar
cómo me lanzaba
los brazos extendidos
rectas las piernas
se deleitaba viéndome
hacer dibujos en el agua
brazada tras brazada.
Es como una guirnalda
-decía-
esa estela de burbujas
que te envuelve.
Me llamaba sirena
y yo
que siempre quise
vivir en lo profundo
desarrollé branquias
aletas dorsales
y vejiga natatoria.
Ahora lo sé
nada puede hundirme
siempre logro
salir a flote
sortear las olas más altas
los maremotos
los tifones.
Mi mamá siempre decía
que yo
podría haber nacido pez.






Fotografía de Gregory Crewdson 



Te vas a quedar sola
con tus plantas
tus gatos
y tus libros
me dijo
el último día que la vi
pero hace dos meses
acá
los días transcurren mansos
y un gato duerme al sol
mientras yo
con las manos en la tierra
pienso el poema
que voy a escribir
para contarle
que en esta casa
estamos muy bien
muy felices
los gatos
las plantas
los libros
y yo.






Jorgelina Soulet
(Buenos Aires, Argentina, 1972)
POETA/EDITORA/CORRECTORA DE ESTILO/
LICENCIADA EN LETRAS
de El amor y otras cosas espantosas, Alción Editora, 2018
para leer más en: UN POCO DE FIEBRE
y en: MIS POETAS CONTEMPORÁNEOS2



2 comentarios:

lunaroja dijo...

Qué buenos los poemas,especialmente el último,me parece el más logrado.
Qué bueno estar de vuelta por aquí después de un mes fuera.
Un beso!

Miriam Tessore dijo...

Ya te extrañaba Alejandra...espero que estés bien

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